El conuco chavista

Desde la aprobación de la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario el conuco es considerado como patrimonio productivo de la nación, señala el artículo 19 de la referida Ley: “Se reconoce el conuco como fuente de la biodiversidad agraria. El ejecutivo nacional promoverá en aquellas áreas desarrolladas por conuqueros la investigación y la difusión de las técnicas ancestrales del cultivo, el control ecológico de plagas, las técnicas de preservación de suelos y la conservación de los germoplasmas en general”.

Este sistema productivo es uno de los más antiguos de la América Originaria basado en la roza y la quema para la adecuación de los suelos en pequeños espacios, la combinación de cultivos para el aprovechamiento intensivo de la tierra y de la energía radiante del trópico, el uso de la tecnología para el aprovechamiento de suelos con la construcción de terrazas, campos elevados, construcción de diques hidráulicos en las zonas llaneras, andenes en las faldas de las montañas y técnicas de cultivos aluvionales en las orillas de los cursos de aguas que se adecuaban de acuerdo a las características ecológicas de los sitios de habitación de las comunidades, la utilización de la mano de obra familiar, el intercambio de trabajo a través de la mano vuelta y el trabajo colectivo en cayapas y convites. Después del agotamiento de los nutrientes provistos por la roza y la quema se realizaba la itinerancia o rotación de la tierra, los cultivos se sembraban en un área aledaña y el antiguo conuco se convertía en una despensa de los restos de cosecha, ejemplo: yucas, batatas, piñas, aguacates. Por eso quedó aquel refrán de cuando uno se consigue con una novia antigua se dice “en conuco viejo siempre queda una batata”.

La combinación de cultivos le permitía a los conuqueros tener comida todo el año, se cosechaba el maíz, después frijol, caraota, auyama, después la yuca y el cacao, a lo que se agregaban las frutas silvestres de recolección como la guama, guásima, merecure, guayaba, seje, pijiguao, chiga, changuango. Este sistema fue la base de la sustentación de nuestras comunidades originarias con distintas modalidades y nombres: la milpa en México, el conuco en Centro y Sur América y la Chacra en el Perú. Su tecnología funcionó y sobrevivió a la invasión colonial que aportó nuevos cultivos como el plátano, el topocho, el ñame, cultivos de origen africano, el café de Etiopía, y la incorporación de crías de animales domésticos como el cochino y aves. El conuco ha coexistido con los sistemas productivos de los invasores con su tecnología y sus cultivos haciendo binomio plantación-conuco, hacienda-conuco, hato-conuco pero con características de enfeudamiento. Los dueños de la tierra concedían a sus indígenas y campesinos los cultivos de los conucos que servían de sustento a los desposeídos y encomendados, y como base de sustentación de la economía familiar colonial. También se aprovechaban las tierras comunitarias, poblados de indios, ejidos, solares realengos, solares de las casas para tener conucos. Todo esto cambió con la apropiación capitalista fija de la tierra, que impide el desarrollo y el empleo del proceso productivo del conuco, debido al impedimento de la itinerancia o rotación del conuco que permite el descanso de la tierra, ahora truncado por el capitalismo agrario. Nuestros abuelos tuvieron la oportunidad de establecer sus conucos en tierras comunales o municipales, pero en ese momento los capitalistas se apropiaron de baldíos, ejidos, tierras comunales en una desmedida terrofágia, por eso quienes han criminalizado al conuco dicen que es un sistema arcaico y antiecológico.

Nuestro comandante Chávez, quien al igual que nosotros se crió entre conuqueros, impulsó el mandato constitucional de este sistema productivo originario y convocó a establecer un convenio agrario con los cubanos para desarrollar la producción agraria rural y urbana. Durante dos años estuvimos trabajando con los cubanos en huertos y conucos organopónicos donde se resumen las experiencias tecnológicas de varias generaciones.

Nuestros abuelos tuvieron la oportunidad de establecer sus conucos en tierras comunales o municipales, pero en ese momento los capitalistas se apropiaron de baldíos, ejidos, tierras comunales en una desmedida terrofágia

Se construyeron las llamadas vitrinas productivas en las principales ciudades y campos, las universidades emprendieron el proyecto de Todas las Manos a la Siembra, los cuarteles comenzaron a tener áreas de cultivo. Pero comenzó la criminalización de la oposición: que “conuco es sinónimo de pobreza”, que nuestro Comandante era “un campesino que quería convertir a Venezuela en un conuco o un gallinero vertical”, y eso tuvo sus efectos en los organismos oficiales, que despreciaron la reivindicación de nuestras tecnologías porque muchos de ellos son defensores y agentes de las grandes compañías distribuidoras de tecnologías y de agrotóxicos.

Ahora estamos en otro momento, donde Venamchan, Fedecámaras y Consecomercio, como dijo nuestro comandante Maduro, “perforaron nuestro sistema de distribución alimentario” y están dispuestos a llevarnos a un desabastecimiento que se ha ido profundizando cada día sin remedio. Esto nos obliga a mirar de nuevo hacia el conuco chavista, que ahora tiene apellido, este conuco ha sido potenciado por la misión agraria Cuba-Venezuela con el uso de los bio-abonos, control ecológico, biodigestores, energía solar, semillas autóctonas, lombricultivos, composteros, cultivos en canteros urbanos y rurales, manejo de plántulas, diversificación de cultivos. Allí se construyó una simbiosis que le dio origen al conuco chavista, que se parece más a una granja integral, pero se basa en el conuco ancestral en su racionalidad tecnológica, económica y social.

Pero los inconvenientes para reimpulsar esta iniciativa de la agricultura ecológica sustentable que permanece en la tradición conuquera de nuestro Comandante Chávez, ahora retomada por nuestro presidente Maduro tiene los mismos enemigos:

Primero: la estructura latifundista, que a pesar de la distribución con la Ley de Tierras permanece casi intacta en manos de los terrofágicos de siempre. Pongo un ejemplo propio, vivo en Barinas: si salgo hacia Caracas, hay centros poblados cada cien kilómetros Guanare, Acarigua, San Carlos y Valencia, lo demás son latifundios rurales y urbanos de lado y lado, si salgo hacia Apure, ni hablar, Sabaneta, Santa Rosa, Libertad, Nutrias, Bruzual; escasamente poblados, lo demás son latifundios donde muchas veces no hay ni una burra; hacia Mérida, lo mismo, latifundios andinos de café, muchas veces abandonados. Debemos conuquizar los latifundios y con los campesinos aprender a trabajar en espacios pequeños de manera intensiva y sustentable.

Segundo: las trabas en las instituciones del Estado distribuidoras de alimentos que prefieren distribuir alimentos producidos con agrotóxicos. Debemos garantizar el transporte y la distribución de los excedentes productivos comercializables.

Es necesario profundizar en las instituciones educativas, escuelas y universidades la tradición conuquera, ecológica, sustentable para garantizar la soberanía alimentaria.

¡Chávez vive en el conuco!

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