Sin saber sabiendo

El mundo de la redes sociales y el mundo real, dependiendo de donde te pares, transitan momentos como el de aquella caricatura del barco hundiéndose mientras los náufragos, con el agua al cuello, le toman fotos al evento.

Transitamos tiempos de redefinición de códigos y rebatiña global en la que se está redefiniendo todo: bases electorales, distancias entre legitimidad y legalidad, nuevas jugadas antipolíticas, avanzada tecnocrática, el 1% más rico ejerciendo el poder a la cañona, anteponiendo sus monopolios a las regulaciones y leyes con las que nos vendieron la democracia liberal. Nadie cree en nadie, así parece.

Sabe pero se hace

Hace algunos días, ya el año pasado, el presidente Maduro expresó el deseo de que un producto comercial en forma de dúo volviera a las tarimas del Festival Suena Caracas. El mensaje fue afectuoso, desde estos ojos y oídos no se percibió un ápice de sarcasmo. Al día siguiente, resumiendo, redes sociales de por medio, el mensaje de regreso fue un acto reflejo de #MaduroRenuncia.

Sobran los análisis que determinan que, fuera de la redistribución de la renta propulsada por la Revolución Bolivariana, un producto comercial como ese no tendría la oportunidad de ser consumido de manera tan voraz por el público juvenil venezolano. No existiría una clase media que, en medio de un complejo año 2016, hubiera podido pagar (o endeudarse) por el precio de las entradas que a los vendedores del dúo les daría las acostumbradas ganancias a lo venezolano. A lo que vinimos: dicho producto no lo sabe, o si lo sabe no le importa, y si le importa no lo dice.

Es así cómo uno se sorprende cuando ve a muchas personas actuando en un sentido aun cuando se supone que sabe que lo conveniente está en dirección opuesta, "el que ensilla su burro SABE a dónde va", decía mi abuela... ¡No sé!

Detrás de ese saber (o no saber) están los imaginarios moldeados mediante un trabajo sistemático de los medios de comunicación y el sistema educativo, el imaginario que contiene prefiguraciones en muchos de nosotros donde, aun cuando nadie cree en nadie, primero, los dueños están de nuestro lado, luego, como ellos, somos los buenos, decentes, merecedores, consumidores, civilizados, civilizadores... en fin, los protagonistas. Con nosotros todo lo bueno, contra nosotros todo lo malo… y de ahí al fascismo un brinquito.

De la sospecha y el protagonismo histórico

Uno supone que todo abusador en el Metro sabe que, si su comportamiento es reproducido por la totalidad de los pasajeros, lo que se viene es el caos del cual él, que no tiene más que una vida, sería víctima, pero al parecer a dicho abusador no le importa, él cree que hay algo o alguien que lo salvará de ese caos: vaya usted a saber qué será. Pero dicen que, en el caso de los gringos, se trata de un imaginario de predestinación, ellos asumen que fueron escogidos para dirigir el mundo, una raza elegida, una vaina...

En la cola del banco usted escuchará a una señora pensionada rogar por que vuelva un gobierno que esté alineado con el FMI para que haya de todo en los anaqueles, sin saber que a diario desde esa institución se están delineando políticas que le excluirían de su derecho a la pensión y que sus últimos tres directores son corruptos (y posiblemente algún gerente del mismo banco donde hace la cola). Es claro que mucha gente sospecha o se entera de que las cosas serían muy distintas, pero para que se le quite tal sospecha o certeza están los mecanismos de bloqueo, sabotaje y propaganda que se han implementado en distintas épocas y espacios geográficos, en los 70's en Chile, más de 50 años en Cuba, hoy en Venezuela...

Tanto el comerciante como el consumidor venezolano sabemos que hay una página que sirve como excusa de una guerra inmisericorde de los dueños contra la población, que esa guerra no es sólo económica sino que cimbra las bases éticas y morales que medio controlan las relaciones sociales. Comerciantes y consumidores estamos imbuidos en una matriz de saber en la que el devenir de los tiempos es diseñado por otros, y esos otros nos han convencido con hechos de que nuestro protagonismo en el devenir histórico está supeditado a que peleemos en sus guerras, compremos sus corotos, remedemos sus ideas, cantemos sus corrillos, aspiremos a su condición de dueños... aun cuando se nos pasa la vida en ese pujo y nada que ver. Lo que hace que de vez en cuando nos salgamos de esa matriz son las contradicciones extremas y evidentes, como las que presenciamos a diario en estos tiempos de revolución. Sin embargo, es tanto el confort que se nos oferta que persiste un miedo a salir, no del confort porque ese nunca es suficiente, sino de la oferta. Por eso, al menos en mi barrio, las colas de las agencias de lotería son tan grandes como las de los productos regulados.

Papá miedo y madre guerra

En la guerra es importante que el miedo sea tal que cause la incomodidad necesaria como para generar más miedo. Si el terror no funcionara, no existiría.

Dentro de cada ignorancia hay una pregunta. ¿Cuál es la tuya?

Decía José Luis Sampedro que:

"Gobernar a base de miedo es muy eficaz. Si usted amenaza a la gente diciéndoles que les va a degollar, y luego no les degüella, entonces les puedes azotar y explotar. Y la gente dice 'bueno, no es tan grave'. El miedo hace que no se reaccione. El miedo hace que no se siga adelante. El miedo es, desgraciadamente, más fuerte que el altruismo, que la verdad, más fuerte que el amor. Y el miedo nos lo están dando todos los días en los periódicos y en la televisión".

Vamos a hablar de esto: los medios, hoy más que la academia, informan a la gente. Aun cuando la discusión referente a la privatización del conocimiento es vigorosa y su vigencia es cada vez mayor, es cierto que la globalización ha servido para (y se ha servido de) estandarizar gustos y hábitos, también lugares de enunciación. De allí que el acceso al derecho a conocer pareciera ser libre, pero millones de personas desconocen lo que comen y cómo sembrarlo, de dónde viene lo que visten, qué les enferma.

Remedando y remedando, matraqueando con caletre en las alcabalas de sus tesis y exámenes parciales, el sistema educativo sufre los embates de una papa caliente cultural donde la universidad culpa de la ignorancia de los jóvenes al bachillerato, éste a la primaria, ésta a la TV y ésta a... la TV. La más básica información histórica que posea la "ciudadanía global" pasó por el filtro de Hollywood, por lo que cualquier cuento será relatado con determinado interés de la gente esa que fue elegida para dirigirnos, a la cual le describen como "una especie de oficina central de adoctrinamiento cultural global".

Acá en los países mina somos colonizados económica y culturalmente, pero consumimos corotos y conocimientos de baja calidad, es por eso que el abusador del Metro jura que es "duro de matar", sólo que, al cambiar Los Ángeles por Agua Salud, el desastre que él genere lo pagará con retrasos en el sistema Metro que redundarán en una penalización por llegar tarde a su realidad de esclavo asalariado. Alguno podría decir que en tiempos de revolución la primera víctima es la costumbre. Rebelándose a una norma de convivencia este ignorante pone en juego el empeño de mantener las formas que nos cohesionan, pero que también nos controlan.

La generación meme no está vacía sino atiborrada

Para la construcción de otra cultura sería muy útil una generación ignorante, desapegada del pasado, de las promesas de progreso y de ese empeño humanista de dominar todo cuanto exista y se atraviese, para poder apostar a construir realidades distintas y concretas que nos permitan abandonar el proyecto de los dueños al que siempre han estado incorporados la academia, la industria, el mercado, políticos, directores de orquestas, cantantes, dúos, policías, maestros, curas, tríos, monjas, mercachifles y todo aquel que quiera sentirse aludido. Hay un detalle: en ese empeño compulsivo por consumir, el ignorante no abandona nada, no es un vaso vacío al que se puede llenar de nada nuevo porque ya es viejo en lo que todos somos viejos: en consumir.

Hoy en día el Internet, canal mediante puedo hacerte llegar este texto, permite viralizar y amplificar la desinformación, lo cual es negocio para quienes manejan productos como el dúo de marras, ya uno de ellos es ideólogo opositor a punta de frases, discursos prefabricados, poses, fotos, filtros, poses y más poses. El meme es como un pasapalito que se pasa con fotos de atardeceres líquidos y bien tibios, la no verificación lo convierte en un bolo alimenticio que no alimenta y, cual harina o azúcar procesada, el consumidor queda atiborrado de una cantidad de datos, frases y jaculatorias cuyo remedo, como el conocimiento formal que Occidente se ha esforzado en constituir como "ciencia", crea niveles enfermizos de adicción a los likes, clics y retuits.

Estamos de parto

En medio de este coñoemadreo global, cuyo modelo de conocimiento también está en crisis, no podemos pensar que ensillando el burro ya sabemos para dónde vamos.

El saber no puede ser ocioso ni hedonista, tal parece que se trata de no clonar patrones y fórmulas productivas y académicas. Toca preguntarnos para qué seguir generando conocimiento para una guerra impuesta en donde la misma tecnología que promete liberarnos de la ignorancia nos termina haciendo dependientes de caudales de recetas, corotos, patentes, relatos teledirigidos, héroes prefabricados disfrazados de outsiders, divas, gadgets, divos, gremios para poder tener (o perder) la identidad con el territorio y la historia que nos es posible construir. En ese continuo (h)ojear se nos va muriendo el asombro y la capacidad de aplicar un saber con el que podamos parir nuevas relaciones.

Otras maneras de sabernos y otros ignorares están por construirse. Dentro de cada ignorancia hay una pregunta. ¿Cuál es la tuya?

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