Pronto, la batalla por Venezuela (carta abierta al presidente Nicolás Maduro)

Ya están cortando tu traje de difunta, Venezuela. Ya están listos para darte la bienvenida de regreso al mundo de las naciones lobotomizadas, destruidas, sumisas totalmente a los intereses políticos y económicos de Occidente –Indonesia, Filipinas, Paraguay, Uganda, Kenia, Catar, Baréin y casi toda Europa del Este. Hay tantos lugares como esos que es imposible mencionarlos todos.

Te quieren de nuevo en su abrazo mortal; te quieren de nuevo corrupta y sin esperanza, como lo fuiste antes de la Revolución Bolivariana. Quieren que seas el mayor exportador de petróleo pero conservando esas barriadas miserables, suspendidas como incesantes pesadillas sobre tus ciudades.

Quieren a tus élites y altos mandos militares hablando inglés, jugando golf, ostentando lujosos automóviles y cometiendo traiciones una tras otra, así como lo hicieron durante décadas, antes de que tu valiente predecesor, el presidente Hugo Chávez, comenzara a defender y a salvar –literalmente– a los pobres en Venezuela y en toda América Latina.

Los que planean destruirte, Venezuela, esos que dirigen la llamada “oposición”, en sus mentes ya están fraccionándote, dividiendo tu hermoso cuerpo –peleándose por quién debería tomar tal o cuál parte y dónde. Están discutiendo cuáles de tus partes deberían quedarse en casa y cuáles deberían ser llevadas al extranjero –una pierna, un brazo, y tus profundos ojos melancólicos, el color de los hondos pozos bajo las poderosas cascadas de Canaima.

Quieren vender tu pelo negro azabache, tan negro como anochece en las montañas, o como ese infinito cielo nocturno sobre Ciudad Bolívar. Quieren también tu piel, así como tu corazón.

Quieren tus sueños, que son los sueños de casi toda la humanidad –los sueños de todas las personas alrededor del mundo que han sido oprimidas y humilladas por siglos, hasta hoy. Quieren quitarte los sueños y pisarlos, ensuciarlos, escupirlos y destrozarlos.

Pero esto no se ha acabado; está lejos de terminar. Eres amada y admirada, y por lo tanto te defenderemos con todo. Nosotros, los que te amamos, no seremos mezquinos, ¡no negociaremos el precio!

Para muchos hombres y mujeres, para millones alrededor del mundo, tú solías ser una joven, una valiente, rebelde, maravillosa joven mujer... de repente te hiciste madre y luego te hiciste patria –para todos los que carecían de una hasta ese momento. Para mí también te convertiste en patria... ¡para mí también!

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No soy un ciudadano venezolano. Ojalá lo fuera, pero no. Sin embargo he luchado por Venezuela, a mi manera, mediante mis reportajes y discursos, a través de películas y en mis libros. He luchado siempre, desde que Hugo Chávez fue Presidente, mi Presidente.

Estoy orgulloso de haber luchado. Y ahora que Venezuela se encuentra una vez más bajo un vicioso ataque quiero estar de pie, firmemente a su lado, del lado de su Revolución, del lado del Proceso y de sus grandes presidentes –ambos, Chávez y Maduro.

Quiero decir esto y lo diré alto, carajo:

No me importa qué pasaporte cuelga de mi bolsillo, Caracas es ahora mi capital y es lo que vamos a defender si tenemos que hacerlo, porque en Caracas vamos a luchar por La Habana, por Harare y por Johanesburgo, por El Cairo y por Calcuta, por los diminutos atolones del Océano Pacífico, por Hanoi, Pekín e incluso Moscú, Asmara, La Paz, Valparaíso, Quito, Managua y por tantos otros lugares independientes, amantes de la libertad en este mundo maravilloso.

Las acciones violentas emprendidas por los llamados "manifestantes" en Caracas tienen que ser detenidas inmediatamente, por la fuerza si es necesario. La "oposición" ha sido pagada desde el exterior, así como ha sido pagada –en el pasado y hoy en día– en China, Europa del Este, Siria, Ucrania y Tailandia, así como ha sido pagada en cualquier otro lugar del mundo donde Occidente no haya podido lograr despojar a esos países “rebeldes” de todas sus riquezas, manteniéndolos humillados y de rodillas.

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Mientras usted está pensando en su próximo paso, señor presidente Nicolás Maduro, mientras Venezuela está otra vez sangrando, mientras ninguno de nosotros sabe lo que traerá el día siguiente, me encuentro dejando Indonesia, volando hacia Tailandia. (Por ahora es Tailandia, pero quizás pronto cambie mi curso). Tailandia no es Venezuela, pero su gobierno también introdujo educación y servicio médico gratuitos, entre otros servicios sociales básicos.

La gente respondió apoyando el progreso. Lo han apoyado por años mediante el voto. Pero las élites intervinieron e intervino el ejército. Hubo un golpe de Estado, y ahora hay voces gritando que “no se puede confiar en el pueblo”. De otro modo ellos votarían siempre por esta administración, léase: por el progreso.

Occidente está firmemente detrás de las élites y contra el progreso. Washington, Londres e incluso Tokio confían totalmente en los líderes feudales tailandeses. Esto se debe a que ellos han vendido sus almas por completo, a que perdieron toda su vergüenza durante la guerra de Vietnam. Participaron de lleno en la masacre de vietnamitas, laosianos y camboyanos, e incluso asesinaron ávidamente a su propio pueblo: revolucionarios, comunistas y estudiantes.

A Occidente le gusta cuando semejantes déspotas llevan las riendas del poder. Le gustan las personas como Duvalier, Trujillo, Videla y Pinochet –y sus equivalentes en todos los continentes y en cada país.

En Tailandia están apoyando a la "oposición", así como apoyaron a la "oposición" en Chile antes de 1973 o en China antes de la Plaza de Tiananmen. ¡Así están ahorita apoyando a la "oposición" en Venezuela! ¡Todo lo que pueda dañar o destruir a un país rebelde, comunista o no alineado, lo hacen!

No les importa cuántos millones mueran en ese proceso: con tal de que una rebelión o una lucha por la independencia pueda ser aplastada, el imperialismo y el neocolonialismo occidental sacrificarán cualquier cantidad de vidas humanas, especialmente las vidas de la “no-gente” (tomando prestado el término del léxico orweliano).

Por eso, en Indonesia en 1965, Occidente colaboró con los cuadros militares y religiosos locales suministrándoles las listas de aquellos “que tenían que ser asesinados”. Lo que vino a continuación fue uno de los más sangrientos golpes en la historia de la humanidad: entre uno y tres millones de comunistas, intelectuales, sindicalistas, profesores y gente perteneciente a la minoría china, fueron masacrados. Destruyeron la cultura. Rompieron la columna vertebral del país y su fuerza. Ha quedado destruida hasta ahora. Es terrible, ¡un escenario espantoso!

Ahora Indonesia es un lugar financiera y moralmente servil, repugnante y corrupto. Su gente sólo está allí para abastecer a compañías multinacionales y a las élites "locales" de materia prima y fuerza de trabajo barata, sin educación y de baja calidad.

En esto es exactamente en lo que Occidente quiere que se convierta Venezuela –en la Indonesia latinoamericana, o incluso más aterrador, en la versión latinoamericana de la historia de horror africana: la República Democrática del Congo.

Las riquezas que se encuentran bajo y sobre el suelo de Venezuela son innumerables, la tierra es muy fértil y las selvas tropicales interminables. Las compañías extranjeras y gobiernos del Norte simplemente no pueden parar de temblar de bajos deseos, incapaces de contener su codicia desenfrenada.

Claro, Occidente no dice "te venimos a robar y te vamos a violar". Ellos cantan alguna canción típica sobre democracia y libertad. Pero todo aquel que en Venezuela quiera saber lo que pasará a su país si la "oposición" toma el control debería ir a Indonesia y verlo con sus propios ojos.

O debería al menos recordar lo que ocurrió en Chile en 1973, pues en Chile los Estados Unidos replicaron su horrible fórmula indonesa. Todo está conectado e interconectado, camaradas, sin embargo los medios de comunicación occidentales no quieren que sepamos nada de esto.

¡Venezuela tiene que resistir! Está bajo asedio y usted fue democráticamente electo, señor Presidente. Usted tiene un mandato y la obligación de defender a su pueblo.

Yo he trabajado en casi ciento cincuenta países y he visto los horrores de esos lugares que cayeron –directa o indirectamente– en manos de los usurpadores occidentales. He trabajado en lugares muy diversos pero destruidos como Paraguay, Honduras, Egipto, Baréin, Kenia, Uganda, Filipinas, Indonesia, la República Democrática del Congo y las Islas Marshall.

¡A menudo los países son castigados por tener grandes líderes! En Congo, Patricio Lumumba decidió dedicar su vida a alimentar a los niños del continente, a emplear la enorme riqueza natural de su país para el bien de sus ciudadanos. Despreció al colonialismo y reiteró abiertamente sus acusaciones contra los antiguos amos coloniales (los belgas asesinaron a diez millones de congoleses durante el reinado de Leopoldo II) y contra la camarilla neocolonial. Y fue asesinado después de que los belgas, norteamericanos, británicos y otros unieran fuerzas y decidieran que "semejante comportamiento" no podía ser tolerado.

Ahora la República Democrática del Congo, país con algunas de las mayores riquezas naturales del planeta, tiene el índice de desarrollo humano más bajo. Los brutales aliados de Occidente en África –Ruanda y Uganda–  han saqueado el Congo desde 1995 en nombre de compañías y gobiernos de Occidente. Hasta ahora cerca de ocho millones de personas han muerto. Hice una película sobre esto. De más está decir que nadie en Europa ni en Estados Unidos quiere verla.

Todo se debe al coltan, los diamantes, el uranio y el oro. Pero también, innegablemente, a que el Congo alguna vez se levantó orgullosamente contra el imperialismo y la opresión extranjera. ¡El Imperio casi nunca perdona!

El Imperio nunca perdonó a Yugoslavia –otro fundador del Movimiento de Países No Alineados–, la desfragmentó y la bañó en sangre. Nunca perdonó a Rusia, apoyó al horrible, déspota y alcohólico Boris Yeltsin en sus decididos esfuerzos por arruinar lo que quedaba de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y asesinó a miles de rusos durante el asedio a la “Casa Blanca” rusa.

Nunca perdonó a China, ni a Corea del Norte, ni a Zimbabue.

La lista sigue y es interminable.

Por favor, ¡no permita que esto pase en Venezuela!

Allende, Sukarno y otros cayeron, y sus países cayeron, porque creyeron que a pesar de todo, a pesar de que Occidente había asesinando a cientos de millones de personas alrededor del mundo durante muchos siglos, no sería realmente tan brutal en esos tiempos que corrían, y al menos no golpearía ciudades como Santiago y Yakarta.

Entonces cuando millones de mujeres indonesias fueron violadas en banda, cuando sus senos fueron "amputados", cuando tantas víctimas tuvieron que cavar sus propias tumbas antes de ser asesinadas; cuando mujeres chilenas fueron violadas por perros, bajo la supervisión de "investigadores que hablaban inglés", así como de antiguos alemanes nazis de Colonia Dignidad; cuando hubo gente “desaparecida”, torturada, arrojada desde helicópteros... ya era demasiado tarde, señor Presidente... demasiado tarde para luchar.

***

Vi suficiente de esto. Como corresponsal de guerra, como hombre que ha buscado la verdad en todos los continentes, escribiendo sobre las ciudades y naciones más devastadas, conseguí absorber tanto dolor y sufrimiento que espero, al menos, que eso me dé algún derecho de escribir esta carta, este llamado, y urgirlo: no permita que esto suceda en Venezuela.

Los que se oponen a usted no se detendrán –ellos irán hasta el final si se les permite. Han estado comprometidos en una campaña de desinformación, suspicazmente similar a aquella anterior al “9/11” en Chile, en 1973. Las  "protestas" y la "inseguridad" son también similares a aquellas provocadas en Chile e Indonesia antes de su golpe de Estado.

Y como en todas partes, en Venezuela también hay un grupo de "economistas" y "empresarios" listos para revertir el curso del país de inmediato, para que la contrarrevolución prospere.

¡Es un gran negocio oponerse a usted! Decenas de millones de dólares están vertidos en las arcas de aquellos que quieren derrocar el Gobierno de Venezuela... de Cuba... de China... de Irán... Bolivia, Ecuador, y muchos otros países...

Pero Venezuela está ahora muy arriba, quizás de primera en la lista de la mafia occidental. En mi reciente ensayo "Cómo Occidente fabrica 'movimientos de oposición'", di una lista de países donde todo esto está sucediendo justo ahora –un intento de usar bandas locales para derrocar gobiernos totalmente legítimos solo porque defienden los intereses de su pueblo.

Señor Presidente, su país –Venezuela– es mucho más que un lugar hermoso habitado por gente valiente. Es también un símbolo de esperanza, y como Eduardo Galeano me dijo una vez en Montevideo: "Quitar la esperanza es peor que quitarle la vida a una persona".

No les permita sofocar esta esperanza: la esperanza del pueblo de Venezuela, y la esperanza de millones alrededor del mundo.

Si tiene que luchar, ¡por favor, luche! Y nosotros nos uniremos a ustedes, muchos de nosotros lo haremos. Porque su predecesor y amigo, Hugo Chávez, empezó lo que miles de millones en todo el mundo desean y sueñan.

Venezuela, su Venezuela y mi Venezuela, dio libros gratis a los pobres, asistencia médica gratuita, educación y vivienda a toda la gente necesitada. No como una suerte de caridad, sino como algo que ellos merecen, a lo que tienen derecho. Donde antes sólo reinaba la miseria desnuda, Venezuela construyó metrocables, librerías, puestos de asistencia infantil para madres necesitadas.

Venezuela educó e inspiró a algunos de los mejores músicos del mundo. Se paró firmemente contra el imperialismo; redefinió, junto a Cuba, lo que significa "corazón" y "coraje". Ahora nuestra Venezuela no puede fallar. No puede fallar. Es demasiado grande, demasiado importante. Quizás, la supervivencia de la raza humana dependa de la supervivencia de Venezuela y de los países relacionados con ella.

Luego de la muerte de Hugo Chávez –o como muchos creen, de su asesinato a sangre fría– visité TeleSur en Caracas. En el centro de la ciudad había una foto de Chávez, sudoroso, claramente sufriendo los efectos de la quimioterapia, pero apretando su puño: "¡Aquí nadie se rinde!".

Y a poca distancia había otro afiche que solo mostraba una firma de sangre sobre un fondo blanco: "Maduro, desde mi corazón", decía. Chávez respaldando a Maduro póstumamente.

Presidente Maduro, ¡vamos a defender nuestra Venezuela! Por favor, no permitamos que esta revolución falle. ¡Hagámoslo por la razón y por la fuerza! Hagámoslo por cada diminuta ciudad destruida por drones, por los niños muriendo envenenados por uranio empobrecido, por los cinco cubanos, por todos aquellos que murieron por los horrores del imperialismo moderno, en Congo, Angola, Vietnam, Laos, Indonesia, Irak, Libia, Chile, y en docenas de otros países arruinados.

Déjenos defender Venezuela por el bien de la humanidad. ¡No pasarán! ¡Esta vez aseguremos que las fuerzas fascistas no puedan avanzar!

 


Nota de Misión Verdad: André Vltchek es un trotamundos, escritor, cineasta y periodista de investigación de orígen ruso y de nacionalidad norteamericana. Así como colabora con distintos medios internacionales como RT, Asia Times e Information Clearing House, también lo ha hecho con reportajes e investigaciones para TeleSur. La nota aquí publicada fue tomada de la página web norteamericana Counterpunch.org. La traducción para MV la realizó Eva Molina.

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