Preguntas al Leviatán rentista

Marx se interesó en forma dimensional por los fundamentos del Estado: las preguntas qué, cómo, cuándo y dónde de su poder político. En el Manifiesto Comunista (1848) declara "el qué es": gobierno del Estado no es más que una junta que administra los negocios, y poder político es la violencia organizada de una clase para la opresión de otra. Se puede revertir la situación.

En el 18 brumario de Luis Bonaparte (1852) se muestra al monstruo por dentro, "el cómo es": "Este Poder ejecutivo, con su inmensa organización burocrática y militar, con su compleja y artificiosa maquinaria de Estado, un ejército de funcionarios que suma medio millón de hombres, junto a un ejército de otro medio millón de hombres, este espantoso organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la sociedad francesa y le tapona todos los poros, surgió de la monarquía absoluta…". Se trata del viejo Leviatán de Hobbes, y del que Marx señala cómo todas las revoluciones perfeccionan, en vez de destruir.

En La guerra civil en Francia (1871), la Comuna llevará a Marx al "cómo" de un Estado socialista: no se debe tomar el Estado como a una fortaleza; debe destruirse y construir uno nuevo: "Era una forma política perfectamente flexible, a diferencia de las formas de gobierno que habían sido todas fundamentalmente represivas. He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo".

¿Centralizar o descentralizar?, esa no es la cuestión

En Crítica al programa de Gotha (1875), su cuarto libro sobre el asunto, responde "el cuándo" con una secuencia: entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista, media el período de la transformación revolucionaria de la primera en segunda. La transición socialista para "la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, el contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro llenos los manantiales de la riqueza colectiva". Antes está el Estado socialista, y mucho antes, ahora, todavía, el Estado burgués. "¿Dónde?" es una pregunta abierta: en Venezuela.

Volviendo al Manifiesto: "El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas". Caracterizarían al Estado socialista, según… dos verbos: "centralizar" y "producir".

Al presidente Maduro le tocará en dos años (2018) conmemorar el bicentenario de Carlos Marx, y el mejor homenaje será la respuesta venezolana a las cuatro preguntas clásicas: contestarlas teórica y prácticamente. En lo político, las leyes del Poder Popular darían la forma flexible y no represiva del futuro Estado Comunal. En lo económico tenemos que la burguesía no se deja arrancar el capital, y la centralización de la producción no es productiva; lo que implica en términos de ajedrez salirnos del libro (nuevas jugadas) porque el rentismo frena lo comunal.

La burguesía, como siempre, buscará su "18 brumario". ¿Centralizar o descentralizar?, esa no es la cuestión. Una descentralización de parte de los instrumentos de producción, fuera de las manos del Leviatán rentista, es lo que abriría el paso a la transición socialista, apoyada en la centralización y control estatal de las industrias estratégicas de petróleo, agua, electricidad y comunicaciones. La combinación de centralización y descentralización política y económica, más pública o menos privada, nacional y (lamentablemente) trasnacional, en una fórmula o receta criolla para aumentar rápidamente la producción y transferir gradualmente el capital al pueblo.

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