Pesadilla en la calle del capital

En las pantallas mediáticas viven desde hace rato unos seres míticos llamados zombis. Es interesante revisar hacia dónde nos llevan con estos muertos vivientes que pudieran ser expresión de lo que somos o necesitan que seamos para el avance del proyecto que ocupa a las élites: dominarnos por la ignorancia y por la fuerza, Pinky...

El relato zombi tiene piquete

Estos personajes aparecen y se acuñan en la audiencia gracias al trabajo de la industria cinematográfica. En un principio surgieron como vehículos "para criticar las enfermedades del mundo real -como la ineptitud del gobierno, la bioingeniería, la esclavitud, la ambición y la explotación- mientras satisfacía nuestras fantasías apocalípticas", dice una nota. Hoy el zombi nos es cosa común en un imaginario de mundo donde nos preparamos para todo menos para la muerte.

Lo usual en una película o serie de zombis es ver a unos seres desvencijados y descerebrados que se mueven sin mucha coordinación (a menos que estén bailando con Michael Jackson, otra voz) y que buscan contagiar a los vivos de una vaina fea, comer su carne o simplemente asesinarlos. Por su parte los vivos entran en batalla re-matando a los fulanos esos volándoles la cabeza.

Se dice que cuando la Compañía Americana de Azúcar Haitiano (Hasco) requería más mano de obra para extraer la producción de caña de azúcar de Haití, ya libre pero en pleno proceso de saqueo, los bokores (sacerdotes o brujos vudú) efectuaron magia negra para crear trabajadores sumisos y cobrar sus salarios. No deja de ser curioso que estos relatos surjan del país más pobre de América, continuamente azotado por dictaduras, colonialismo e intereses geopolíticos. Cometieron el atrevimiento de abolir la esclavitud y apoyar a Bolívar, lo pagaron con deudas económicas mas el desprestigio de su riqueza cultural.

Desde entonces la leyenda no dice que Haití fue el primer país americano que le pateó el culo a un imperio sino que los esclavos haitianos hicieron un pacto con el Diablo para conseguir su independencia. Si algo le encanta a las élites es sopetear la historia a su favor, le pasa a Haití como a Zamora o a Chávez.

Globozombificación al día

Estos tiempos de quiebre global nos hacen presenciar la eclosión de una condición zombi en nuestra cultura atravesada por el capitalismo y el crujir de la modernidad, el cadáver va deambulando, arrastrando todo cuanto encuentra y su epidemia resulta en una parranda de seguidores, hooligans, compradores, likes, espectadores, adeptos, feligreses, fans... Todo al calor del adoctrinamiento individualista producto de modelajes globalizadores en donde no hay afuera ni adentro, mientras el poder (no la justicia ni la libertad) hace que se pueda todo.

Aunque pareciera una leyenda urbana, la zombificación no es cualquier cosa, se trata de un proceso en el que un bokor hace ingerir al afectado un polvo extracto de tetrodotoxina mezclado en la bebida y éste pierde sus signos vitales hasta la catalepsia absoluta. Luego es enterrado aunque está "vivo", a las 48 horas se pasa el efecto de las drogas ingeridas por el fiambre y se recupera, el bokor le desentierra y alimenta con alucinógenos que aseguran que, aunque su cuerpo sigue vivo, su mente nunca vuelva a una consciencia absoluta. En adelante se limitará a seguir las órdenes que le da su bokor: servir como esclavo en alguna plantación de caña de azúcar.

La confrontación con los vivos es la nota de la trama del cine zombi. Estos seres temen al fuego, no sienten dolor, son fuertes pero torpes y sólo los mata la decapitación. Aunque no pueden dejar de comer y matar, su arma más poderosa es el contagio de algún tipo de virus maligno. Si hacemos paralelismos, hemos sido zombificados por el bokor de la cultura humanista que se vale de la academia y la fachimedia para aislar nuestros sentidos del contexto histórico concreto, somos el fiambre que no vive donde vive, nuestra consciencia siempre está en una aspiración que fue consumista en un primer estadío, pero que hoy es contagiosa o viral, dependiendo de la red social.

Dice Jorge Fernández Gonzalo que "el capitalismo funciona como la pandemia zombi, es el pensamiento de la horda: cubrir todo, arrasar todo". Hoy hasta el ocio ha sido mercantilizado de una manera en la que hasta descansar es consumir (+LLAME YA!!!). Ni hablar de las disidencias, cualquier rebeldía, héroe o tendencia que intente desafiar la aplanadora globalizadora es cooptada por ésta y zombificada de una. Le pasó al movimiento negro gringo, al hip-hop, el rock (al reguetón no porque nació zombificando) y hasta la salsa. La globozombificación política figura como una manada zombi donde no hay líderes concretos, todos son desechados y sustituidos por otros igual de desechables.

Asistimos a una política zombi, teledirigida y ambiediestra

La gesta privatizada del zombi

En un culto a sí mismo, el globozombificado viraliza una carrera por la privatización de cualquier lucha, no se trata solamente del selfie y un supuesto éxito basado en la "excelencia" sino del individuo como portador contagioso de una tensión esquizoide en la que lucha simultáneamente por el cambio y por la costumbre. Luego de calculadas y planificadas revoluciones de colores en las que termina dándose un invariable reacomodo global a favor del 1%, termina perjudicando su aspiración al caer en manos de las ajustes neoliberales. Desde movidas saqueadoras como en Libia hasta fascistas como en Ucrania, al final fachimedia uniforma de tal manera la opinión pública que impone el relato que domina las decisiones políticas del colectivo, te pueden convencer de que una intervención imperial te beneficia o de que los gobiernos tienen capacidad de maniobra para tomar decisiones en asuntos económicos ante el dominio global.

Vemos zombis pasar por las pantallas y vendernos un estilo de vida zombi fundado en un capitalismo zombi (indetenible y voraz), contagiarnos estrafalarias autonovelas que nos aíslan y casi que nos culpan por ser empobrecidos. Somos testigos, cómplices y víctimas de una invasión. El capital no sólo tiene nuestros territorios-minas y un sistema fabril a su servicio, no sólo posee escuela, Estado y religión, sino la publicidad como fuente creadora de necesidad de más ocupación de territorio, saqueo de la vida y la fuerza de trabajo por parte de ese capital. Terminamos necesitando lo que nos esclaviza.

El tabaratismo del zombi criollo

El "ta barato, dame dos" es esencial para entender la globozombificación modelada por la Gran Venezuela de Carlos Andrés Pérez. Se trata de un consumismo extremo, eternamente adolescente, que no mira el costo de lo ofertado sino el deseo de obtenerlo, que sabe (y una que otra vez se avergüenza de) que vivimos del petróleo pero puede vivir con ello.

Alguna vez le preguntaron al dueño de una tienda famosa de electrodomésticos caraqueña en qué se basaban para aumentar los precios y la respuesta fue: "En lo que la gente se atreve a pagar". Nostálgico de haberse rumbeado el cupo Cadivi, añorando la teta de la mina y a través de un internet barato, el zombi criollo se toma selfies con las mismas sonrisas en distintas puestas en escena, la apetencia voraz por comprar y vender éxito traspasa las pantallas del esmarfon. Sólo hay que darle un toquecito para que se queje, pero 20 coñazos para que luche por algo, así sea su miserable pedacito de vida.

Asistimos a una política zombi, teledirigida y ambiediestra. De un lado vemos tipos con un mandibuleo mantuano dando discursos basados en un golpismo disney en el que no dicen absolutamente nada que no sean lugares comunes, amenazas y datos inasibles. De otro lado se escupen consignas como ácido que corroe la capacidad reflexiva de un pueblo al que tratan como a un rebaño estupidizado. Más acá emo-zombis que pretenden que todo esté de pinga en el país donde están las mayores reservas de petróleo, ese que motoriza a un mundo que se va de culo por la acumulación y la desigualdad.

En esta molienda, cambio y confort son excluyentes, los dueños están dispuestos a someternos o decapitarnos, zombificados somos fáciles de eliminar cuando los recursos no alcancen.

¿Habrá un adelante hacia dónde huir?

Quienes han diseñado esta crisis también diseñaron esta mutación malandra en la que tu amigo es el enemigo más cercano, la desconfianza apremia y dar lástima o envidia son monedas de cambio. Nos modelan para ser así: imprecisos, repetitivos, cómodos y nostálgicos por lo no posible.

Se es zombi al aspirar que haya otro Chávez, como si un ser humano fuera repetible o sustituible, menos uno como él...

Se es zombi al pensar que el debate es entre la paz y la guerra, cuando ambas le tributran al 1% más rico, deambulamos buscando amparo en medio de una coñaza en la que nuestras mentes son el botín. Siempre pidiendo que otro haga lo que no hacemos, que el Gobierno haga lo que nosotros no estamos dispuestos a hacer. Pasa con el bachaqueo: es malo si me perjudica y justo si me beneficia. Voracidad zombi.

Se es zombi al pensar que un sistema que todo lo logra mediante la guerra va a mejorar nuestra democracia, que aun cuando todo tiene precio va a acabarse la corrupción y vainas de esas. Se es zombi al creer que sólo en Venezuela se agrieta el capitalismo y la solución es huir porque en otro lado todo funciona. Lo usual en la guerra es que te den coñazos, que te duelan, que te quejes y que también lances los tuyos. Se vale quejarse y hasta buscar culpables pero... ¿A cada ratico? ¿Por qué no distribuir el tiempo y asumirse como algo más que víctima? ¿Seguimos pidiendo que nos asfalten la calle del capital para que se vea bonita? ¿Es pesadilla o realidad su tragedia?

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