¿Pa' qué luz si es de noche?

Las medidas que ha tomado Nicolás con respecto a la emergencia del sistema eléctrico nacional por el fenómeno El Niño han generado una corrida mediática de parte de los "dirigentes" de la oposición. Hoy, gracias a esas medidas, el gobierno ha puesto a sudar a los escuálidos obligándolos a repetir clichés reaccionarios sobre la ética del trabajo y forzándolos a dar declaraciones realmente antipopulares, falaces y pacatas. Eso es bueno.

Una cosa es hacer una labor y otra cosa es tener trabajo, lo primero es inherente a la supervivencia de nuestra especie, lo otro es una malformación socioeconómica de las labores para convertirlas/convertirnos en mercancía. Para dejarlo claro, nuestra especie no podría sobrevivir sin labores que nos procuren comida, vestido, refugio y diversión, pero lo que hoy conocemos como trabajo es una abominación que deviene directamente de la sociedad esclavista y feudal que reinó por el mar Mediterráneo hasta hace muy pocos cientos de años. La palabra trabajar viene del latín tripaliare, que está relacionada íntimamente con la tortura, no por casualidad precisamente.

En fin, si ustedes, como todos, odian trabajar y quieren batirse una de intelectualidad al respecto para no parecerse a ese chaborro "negrito del batey" o al reposero mojonero del Gran Combo de Puerto Rico que dice "qué bueno es vivir así, comiendo  y sin trabajar", léanse "La abolición del trabajo" de Bob Black, "La refutación del trabajo" de Paul Lafarge y "Tripaliare" de Eduardo Rothe. El alcance de este escrito no es tan pretencioso, al final, argumentar intelectualmente sobre el rechazo a trabajar es equivalente a hacerlo sobre lo beneficioso que es respirar o lo rico que es acabar.

Para empezar, nuestros trabajos son extremadamente improductivos, parecerá un disco rayado el discurso de la improductividad rentista, pero en este contexto tiene un valor decirlo una vez más.

Nicolás, contra todo pronóstico, optó por no asociarse al discurso burgués de "el trabajo dignifica", que quizás pudo haber funcionado para hacer propaganda conservadora al más puro estilo soviético y sus leyendas de Alekséi Stanjánov (un loco que sacó catorce veces más carbón del que le correspondía en un turno en la mina), discurso que sería un tiro al piso a la hora de darle una imagen de "buen gerente" que le echa látigo parejo a sus subalternos. Esto teniendo en cuenta que en el imaginario colectivo aún sobrevive la ética que cultivó la burguesía parasitaria en nosotros los pobres, que nos convencieron hace muchos años de que trabajemos para que seamos gente decente, mientras ellos, los ricos, se pueden dedicar libremente a robarnos con su libre empresa, libre cambio, libre comercio y su libre tasa de interés.

Por otro lado, a pesar de estar en una situación de quiebre del sistema capitalista, donde todo está cambiando para no volver a ser como antes, donde una gran parte de la población se ha consustanciado éticamente con los ricos al entrar en consciencia que en capitalismo los que tienen bastante plata la obtuvieron fue robando, donde el trabajo está completamente devaluado en forma y fondo. En nuestro país, donde sucede todo esto, a los escuacas se les ocurre guindarse de la flaca rama de la ética del trabajo para tratar de hacer ver que la medida más popular de Nicolás de este año se debe a que "es un flojo que no le gusta trabajar".

Sea explícitamente o en su intimidad, hasta los adecos que trabajan en los ministerios e instituciones andan brincando en una pata porque no trabajarán los viernes y el resto de la semana saldrán a medio día. Habrá el que diga de la boca para afuera que está mal, que Venezuela necesita trabajo para salir de esta crisis del narcorrrrégimen, pero estoy seguro que esa misma persona desde que vio la cadena de Nicolás el miércoles ya tenía planes para su viernes libre.

La energía que gastamos en las oficinas es más valiosa que el producto de nuestro trabajo

Nuestro presidente obrero está claro que la mayoría de los empleados de la administración pública no somos obreros sino bodegueros, comerciantes, cambistas, revendedores, raspacupos, burócratas, recepcionistas; que nuestra actividad es prescindible para el país. Esta medida de bajar las horas laborables e incluso dar los viernes deja claro que la energía que gastamos en las oficinas es más valiosa que el producto de nuestro trabajo, saber eso es importantísimo, ningún puesto de trabajo y ningún organigrama del capitalismo sirve para solucionar los problemas ocasionados por el capitalismo.

Y la administración privada tampoco es que sea un modelo alternativo de producción y progreso, en nuestro país todos los privados tienen la marca parasitaria en su origen, todos dependen de las actividades económicas del Estado para obtener divisas, sería injusto echarle el carro sólo a los trabajadores públicos de un fenómeno internacional que fue promovido por las familias más poderosas en nuestro país hace muchos años.

Esa energía que se transforma y se distribuye por la matriz eléctrica nacional es gigantesca, somos el país con mayor consumo por persona de toda la región, pero eso de promediar es una de las trampas de la estadística clásica. Si dos ricos se comieron ocho panes y ocho pobres se comieron dos, el promedio nos dice que cada persona se comió un pan. Cuando vemos que el consumo de un centro comercial gigante (que sólo en Caracas hay más de veinte) es equivalente a 30 mil casas pobres, nos damos cuenta de que con despegar los centros comerciales de la matriz eléctrica ya podríamos tener un rango de acción más amplio. Nicolás los mandó a generar su propia electricidad por ocho horas y lloraron con moco, otro trancazo certero.

Ahora, por lo menos momentáneamente, tenemos la posibilidad de disfrutar viendo a los "políticos" escuálidos gagueando al criticar las medidas de Nicolás, el único argumento que usan es una letanía irreflexiva y conservadora que reza "necesitamos más trabajo para sacar el país adelante". Todo a la vista de sus seguidores que trabajan en la administración pública, brotados de tics nerviosos porque en su interior están demasiado contentos con el nuevo horario, pero no pueden gritarlo a todo gañote como el cuerpo se los exige porque el discurso pacato de sus líderes no se lo permite.

Hay cosas evidentes. La mayoría de los trabajadores del país, del sector público o privado, no podremos ayudar jamás con el desarrollo de los planes productivos del gobierno desde nuestros puestos de trabajo actuales ni que doblemos el turno, ni que nos partamos en dos, ni volviendo a nacer. Es falaz llamar flojo a Nicolás por actuar en función de eso, más bien es el acto de sinceridad y responsabilidad más grande desde que Chávez dijo "por ahora" (bueno, a lo mejor estoy exagerando, pero estoy contento porque este viernes no trabajé dentro del capitalismo, me dediqué a conversar sobre estos temas con los amigos y me dio tiempo de escribir estas palabras).

A modo de cierre

Lo que se nos viene encima con el colapso del Guri tiene un carácter histórico, es una tragedia, una ignominia, ¡es un desastre! Un desastre para el capitalismo. Esa hidroeléctrica que fue creada para saquear aluminio, bauxita, hierro y acero de nuestro país (pero nunca para dar electricidad a los venezolanos, como decía la demagogia adeca), que en otro tiempo fue un hito de la modernización lleva varios años dándonos sustos, las alarmas están encendidas. Las ciudades se van a quedar sin su respirador artificial, sin su bolsa para la mierda, sin la sonda pal miao y sin la vía de suero que precariamente la mantienen hoy con vida. En ese momento tendremos la necesidad, y afortunadamente también la posibilidad, de inventar una nueva forma de vivir: despertemos del letargo, es tiempo de revolución.

Para ese momento en que toque idear la otra cultura es bueno tener presente que ningún sistema productivo pensado por los más variados intelectuales de izquierda y de derecha ha subvertido al trabajo, quizás porque ninguno de esos intelectuales trabaja realmente, son la gente sin labor. Parece conveniente que el sistema productivo que ideemos los pobres entre todos no incluya la posibilidad que existan intelectuales y académicos de oficio, para que nunca más exista el trabajo.

Notas relacionadas