Me fui a tomar unas cervecitas a La Patana

Me sentí asqueado de la computadora, luego de ocho horas tecleando y revisando información. Escuché a las cinco de la tarde el ruido de un altavoz y me asomé al balcón: estaban armando un lujoso y enorme toldo amarillo, y arreglaban sillas y llamaban a los residentes para que escucharan la presentación de la memoria y cuenta del alcalde de la MUD, Carlos García.

Le dije a mi esposa: "Salgamos de las mamparas, vamos por ahí y nos echamos unas cervecitas". Y nos acomodamos; mejor dicho ella, porque yo me arreglo en cinco minutos.

A las seis de la tarde el acto del alcalde estaba seriamente muerto. Sólo siete personas escuchaban la sesuda y lánguida memoria de don Carlitos, y repentinamente se oyó que caceroleaban y aquello fue realmente sorprendente. Estaban caceroleando al alcalde de la MUD, y me dije: "Cómo sería esto si los opositores tomaran el poder, y estos se les vuelve un espantoso zaperoco. Vivirían corriendo por todas partes. Se darían cuenta inmediatamente de que gobernar es terrible, que entonces los cuentos e inventos de las redes, que son su fuerte, resultarán la mayor de sus condenas". Luego la presentadora de don Carlitos optó por dar las gracias a los que se habían negado a asistir a "tan importante acto".

Como a las siete y media de la noche partimos hacia La Patana, por allá en las alturas, en el centro de convenciones Mucumbarila. Comenzaba a llover. Subimos por Los Próceres y luego cogimos hacia la avenida Urdaneta a buscar a las hermanas de María Eugenia: Paola y Albita. Se vino también Rebequita, la hija de Paola. Nos sentíamos tan felices celebrando de antemano todo lo que haríamos.

Cuando nos acercábamos a Mucumbarila nos encontramos con tremendo atasco, era como si media Mérida estuviera celebrando algo. Comenzamos a pensar si se estaría celebrando un acto del PSUV, si sería un matrimonio por todo lo alto, si sería que los evangélicos tenían una convención con sus pastores. Cuando traspasamos la puerta principal el caos se hizo tan tremendo que pensamos salir de allí y buscar otro lado dónde pasar un rato. Pero realmente nada podía ser como La Patana, con su música, con su ambiente de poetas y de gente sencilla y amena. Gente además revolucionaria. Pero era realmente impresionante la multitud de chamos que estaban llegando. Lindas muchachas bien trajeadas con sus novios. Corría la alegría de la juventud que sale a divertirse a todos los espacios por los que pasábamos.

La MUD con sus alharacas y el país sigue

Entonces nos enteramos que se iba a presentar un grupo de nombre SanLuis, mejor dicho, un dúo venezolano conformado por los hermanos Luis Fernando "Luigi" Castillo y Santiago Castillo. No cabía un alma, como se dice, ¿y quién allí en ese mar de gente que se estaba divirtiendo podía pensar que vive en una dictadura, y pensar en el revocatorio (que ya no se dará) de los idiotas de la MUD, en ese llamado que ahora está haciendo Capriles para derrocar a Maduro el 26 de este mes?

Se ve y se siente que hay alegría y hay plata, y hay país. Y hay gobierno aunque lo nieguen los enfermos escuálidos.

Al llegar a La Patana nos ubicamos cerca del escenario donde tocan los músicos, y cerca de la barra. Y cómo gozamos entre cervecita y cervecita de la buena música de este extraordinario grupo. Mi cuñada Paola, que es opositora, estaba tan alegre, y recordaba sus tiempos en que amaba tanto la música de Silvio Rodríguez que comenzó a tararearlas todas y a pedir que la complacieran con piezas tan memorables como "Playa Girón", "Ojalá", "El unicornio azul", y se sentía tanta alegría que me decía: "Esto es lo que deberíamos hacer todos los chavistas, invitar a lugares como éstos a opositores para que vean cuán alegres y felices somos con nuestras propias y sencillas cosas, y además cuánto les queremos".

Y me encontré con tanta gente amiga: con el profesor Gilberto Perdomo (que visita religiosamente todos los viernes La Patana), Luis Belisario, Ever Delgado, Luis Guillermo García, etc.

El ex diputado Freddy Medina se me acercó:

-Oye Sant Roz, la Sundee te puede multar por andar acaparando tanta belleza.

Ya diciembre se huele y se siente. Yo creo que voy a venir todas las semanas a La Patana. Y así nos tuvimos hasta la media noche. Todos tan felices diciendo que sería un momento para la eternidad, inolvidable.

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