María Corina Machado

Su pedigrí Wikipedia lo resume así: “es la mayor de las cuatro hijas del empresario del acero Enrique Machado Zuloaga, vinculado a la empresa Sidetur, y de la psicóloga Corina Parisca Pérez, a su vez tataranieta del escritor venezolano Eduardo Blanco y familiar de Armando Zuloaga Blanco (tío abuelo), quien murió en una rebelión en 1929 contra el dictador Juan V. Gómez. Contrajo matrimonio en 1990 con Ricardo Sosa Branger, hasta 2001, es madre de tres hijos”.

Wikipedia obvia su participación en el Carmonazo del 2002 para hacernos caer por inocentes. Pero la información revela el anclaje familiar y político de esta actriz de la derecha venezolana y hemisférica, su activa y vociferante defensa de los intereses imperiales y sus derivados. Inolvidable será su foto con Bush, capturada en la oficina oval del gran genocida en los meses en que el señor oloroso a azufre amenazó con tomar acciones militares contra Venezuela. No dudo que se hayan tomado un traguito para festejar la ocasión.

Para entonces lució sus rodillas al aire libre (en tierra ni de vaina), en un acto que sus publicistas no lo comprendieron como lo que fue para muchos de sus correligionarios o adversarios: un rayo, fugaz, de cierto vuelo, de cierta sombra erótica, no histriónico, como el que exhibió el día en que Pedro Carreño dijo lo que dijo de su candidato HCR en la AN: su rostro bañado en lágrimas.

Antes, MCM fundó una asociación civil que se erigió como órgano electoral paralelo (Súmate) y dio sus pasos para lo que hoy es: la operadora con mayor visibilidad de los factores de dominación imperial en el continente: el exilio cubano-americano, los think thank del sionismo en la región, de la CIA disfrazada de cooperación internacional y, además, en la diputada plañidera representante del materialismo histérico de la derecha venezolana, ese que piensa en salidas de fuerza y se limpia la boca cuando besa a gente del pueblo.

Hoy ruega en El Salvador por la destrucción de Venezuela.

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