Maduro en la ONU: una lección al mundo de un hijo de Chávez

Cuando diferentes portales, periódicos y algunos viejos compañeros dejan escapar, y en algunos casos es una actitud permanente, el “ejercicio crítico” a cuanta política o funcionarios hacen o dejan de hacer, parafraseando a Jorge Zalamea, crece mi angustia.

Cuando oímos los reclamos de la "crisis", los chavistas quejándose de las colas, de lo que falta en la calle, en los anaqueles, en los repuestos, en los medicamentos y le hacen el juego a nuestros enemigos que sólo hablan de la crisis que acogota a Venezuela, en vez de señalar la guerra, de denunciar cada aspecto o detalle que forma parte de esta guerra contra nuestro Gobierno, crece mi angustia. 

Cuando oigo a algunos amigos hablar de las llamadas escuelas de cuadros para enseñar historia crítica de Venezuela, marxismo, dialéctica, economía política o materialismo histórico, en vez de explicar que estamos en una guerra cada vez de mayor intensidad y cómo enfrentarla en la calle cada día, cómo luchar contra los malos y perniciosos hábitos generados por la escasez deliberada de algunos rubros, cómo descubrir a los autores intelectuales y materiales de esa escasez selectiva, de preparar a la militancia chavista para esta guerra cotidiana, crece mi angustia.

Cuando oigo a algunos intelectuales, perfeccionistas, hiperrevolucionarios de larga data, con más preseas en la guerrera que el generalísimo Francisco Franco, hablar de cuándo por fin encontraremos el camino hacia el socialismo, que hay que profundizarlo ya, que basta de manoseo con la burguesía, que basta de transición, y siento que simplifican, minimizan, subestiman o ignoran los cuantiosísimos logros de esta la Revolución Chavista, ejemplo de los pueblos del planeta, crece mi angustia.

Cuando estos camaradas, extraordinarios camaradas, que sin duda darían su vida por la Revolución se enfrascan en debates que sólo logran mojar la pólvora de otros revolucionarios, quizás con menos experiencia o formación, en vez de estar en "la tercera brigada mixta, primera línea de fuego" dando la pelea, derrotando al enemigo fascista, corrigiendo nuestros errores, uniendo, nunca dispersando, crece mi angustia.

Expresó con fuerza y sin dudas la fortaleza de nuestra potencia energética, de nuestra solidaridad con los pueblos del mundo, mostró el coraje con el que el chavismo ha encarado al imperio

Esta angustia no la quitan el alprazolam ni el cocuy pecayero. Esta angustia se alivia cuando veo el último discurso de mi camarada e inolvidable líder de esta Revolución, aquel imborrable 8 de diciembre, proclamando a Nicolás Maduro, quien ha asumido la conducción de este proceso, complejo, dificilísimo, en circunstancias inimaginables, contracorriente siempre, con un optimismo y una voluntad envidiable, motivando y entusiasmando a nuestro pueblo.

La intervención central en la ONU, de sólo 30 minutos, fue suficiente para demostrar la calidad de líder que conduce este proceso chavista venezolano, demostró claridad política en la definición de nuestras alianzas y de la existencia de un mundo multipolar. Expresó con fuerza y sin dudas la fortaleza de nuestra potencia energética, de nuestra solidaridad con los pueblos del mundo, mostró el coraje con el que el chavismo ha encarado al imperio. Ratificó nuestra dignidad y nuestra soberanía, la posición en la Patria Grande. Y ratificó nuestra decisión de marchar inexorablemente hacia el socialismo del siglo XXI.

Que un ciudadano como yo realice estas afirmaciones puede no ser relevante. El caso es que el más lúcido revolucionario de nuestro continente y de nuestra época, el Comandante Fidel Castro, inmediatamente lo felicitó.

Pero si aún existen lectores que dudan del hijo gringo de Guepetto, pueden buscar al activista y bloguero David Swanson, que ha citado las 45 mentiras de PinochObama en su discurso.

Yo, desde mi espacio, también proclamo junto a todos: todos somos Maduro, con él todos somos hijos de Chávez.

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