Irse demasiado de la mina asediada

Para detectar la trampa en algunas matrices mediáticas es importante, siempre y en todo lugar, entender la condición extractiva impuesta sobre nuestro territorio y cómo condiciona decisiones cotidianas y trascendentes como emigrar.

Términos como "refugio humanitario" y "situación país" se utilizan para manipular con el tema de la emigración venezolana sin debatir sus orígenes e implicaciones políticas y culturales.

La colonia, lo colonial, el colonizado, el colonialista

A veces leemos la historia de una manera que pareciera que son etapas que empiezan y terminan dando paso a otras marcadas claramente con una regla y un cronómetro, pero está claro que entre esas etapas hay fenómenos que permanecen. Eso ocurre con nuestra condición de colonia. En el papel dejamos de serlo hace más de 200 años, pero permanecen muchos rasgos en eso que no dejamos de nombrar por acá. Sí, el imaginario colectivo.

Aunque se hable de neocolonialismo hay quienes prefieren llamarle colonialismo a secas y hasta de colonialismo interno, porque también los gobiernos democráticos y soberanos tienden a colonizar y colonizarse en estos tiempos bicentenarios. Algunos abiertamente de derecha no mascan para hacerlo, otros progresistas o de izquierda lo hacen queriendo o sin querer, porque también esa noción de Estado-nación deriva de Europa y no tiene por qué salir indemne, así te arreche. Colonialismo hay, entonces, en las instituciones que dan estructura al imaginario (escuela, religión, mediática, arte), por lo tanto, colonizados estamos.

El modelaje colonial nos convirtió en culpables de ser como somos, es así como cualquier carajita del barrio ligera de ropa es motivo de humor mientras Paris Hilton (con tanto dinero como falta de atención) es tendencia, el chamo del barrio que usa un estilo emulador de algún divo hollywoodense es un chiste a la vez que sujetos con plata o fama, pero disfrazados igual, están en el tope de la moda. Imitar es el mantra del colonizado, pero hasta para eso hay que tener dinero y poder, la plata hace el espacio entre tendencia y ridiculez.

Ampliando la mirada hasta el territorio es común escuchar sobre "Venezuela y sus riquezas" aun cuando esa riqueza existirá mientras árbol, montaña, río, bosque (si vive Caperucita), selva (si vive Tarzán) o playa sean mercancía.

La América Latina fue bautizada y pensada por el norte global (como son llamadas las potencias europeas y sus réplicas Estados Unidos, Canadá y Australia) como territorio mina, de acá sale ese desarrollo que tanto anhela la clase media, lo que nos venden como bienestar es una forma de vivir importada e impuesta, hay libros y más libros que lo explican. ¿A cambio de qué? De civilizarnos, la historia contada desde ese norte relata que nos han aportado cultura y civilización, de ellos llegó el progreso y el desarrollo, el conocimiento y la tecnología. Es cierto que tampoco todo eso era de ellos y que se lo arrebataron a civilizaciones asiáticas y africanas usando a Grecia como intermediaria, pero así lo cuenta la academia propia y extraña, así nos modelan.

¿Se es mina por siempre?

Un consejo: cada vez que escuches el término "orden internacional" te están hablando de la división internacional del trabajo, que es el modo como se diseñó la extracción desde cualquier país que hoy no está en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, así tenga aspiraciones de tal o cual. Desde acá salen minerales, combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), alimentos, manufactura fabricada por gente esclavizada o mal pagada y, en su tiempo, hasta mierda (guano). Es obvio que, para desarrollarse ellos, esas riquezas tenían que venderse baratas, si no ¿cuál sería el chiste?

Para que esa extracción fuera efectiva y eficiente hizo falta mano de obra (energía endosomática) que no avergonzara a gente tan culta por llegar a casa de los pueblos indígenas y reventarlos esclavizados en su propia casa, es así como aparece la negritud en estas tierras, el saqueo no sólo es material y cultural sino energético, expresado en fuerza de trabajo.

Venezuela siempre fue una mina, en el diseño mercantil internacional encabezado en esa esquinita del planeta que llaman Europa nuestro rol ha sido vender café, cacao y luego petróleo, el que nos hizo aterrizar de pecho en la modernidad. Afirma Serafino que con él y sus ciudades se instala en nuestra lógica y esquema de relaciones lo que toda mina requiere: el burdel, la taguara y la bodega.

Nuestra clase media: la diva del tabaratismo

En la planificación del norte es prioridad "el acceso a suministros apropiados" (nuestras riquezas) mientras que en nuestra noción de progreso no se ha figurado que dejemos de ser proveedores de esos suministros, como cultura hemos diseñado distintos programas de gobierno, luchas populares, planes de ordenamiento, proyectos comunales y hasta personales que casi nunca contemplan dejar de lado la condición extractiva. Para lograr el óptimo de energía que haga funcionar la mina se nos ha impuesto hasta comer lo que comemos, se nos educa y disciplina, cuando no le somos funcionales a la cadena de extracción se nos inculca que somos perezosos, pintorescos, "sólo en Venezuela", "es que el venezolano", "Estado fallido"...

Se es una mina "normal" mientras la materia prima no se acaba ni pierde el valor ante la mano invisible, peluda y sin callos de eso que llaman mercado, cuando se empieza a hablar de soberanía el gobierno a cargo de la mina se vuelve amenaza. Después de años de chavismo y de que el pico del petróleo se reconociera y aceptara en círculos internacionales, Venezuela tiende a convertirse en una mina asediada y devaluada, los dueños inundaron de petróleo frackeado el mercado para estrellar los precios y procedieron a esa intensificación de la contradicción capitalista que llamamos guerra económica. Para asegurar esos suministros las potencias no dejarán de disputarlos en el campo que sea, sea este diplomático, cultural, económico, militar o social. Hoy, como en los últimos 18 años, prevalece el asedio mediante la asfixia y el chantaje.

La desposesión zombi que expulsa a los preparados

En el país donde se lucha por la ganancia rápida y abultada se distribuyó más la renta petrolera desde que se implementó un estado de derecho y justicia en la Constitución Bolivariana, sectores medios y empobrecidos de la población incrementaron sus niveles de consumo con respecto a los anteriores 200 años. Como en todo capitalismo, tal incremento se traduce en mayor acumulación para los dueños y, como la guerra es por capturar lo que genera esa renta, es decir: petróleo.

Al chavismo se le ha querido sacar del poder de diversas maneras, al punto de intensificar la lógica acumuladora mediante una demolición controlada del sistema económico venezolano desde 2013, con su respectivo déficit moral y ético. Así sufrimos el impacto deletéreo de batallones de zombis raspacupos y parásitos de divisas de todas las clases sociales bajo el mando de la mafia del dólar paralelo sumado a revendedores, rumoreadores, bachaqueros, tecnoburócratas, aguantadores, especuladores y lambucios disfrazados de sector productivo. Ya no se puede consumir y derrochar como en otros años, tampoco acceder a medicamentos ni otros bienes esenciales, el salario se devalúa aun con el esfuerzo que hace el Gobierno Bolivariano por defenderlo.

Si asumimos que hoy la mina está en sus bajas, los precios del petróleo que convirtieron a nuestra clase media en la diva del tabaratismo no existen. Por otro lado, se intenta la toma del territorio por parte de bandas criminales paramilitarizadas, cuyo modus operandi se parece cada vez más a lo que se relata desde Colombia, son evidentes sus nexos con partidos de derecha y sectores económicos.

Muchos compatriotas, sobre todo de sectores medios, han optado por sumarse a los más de 25 millones de latinoamericanos que han salido de sus países, mayoritariamente hacia países del norte, pero también hacia otros del sur global. El debate al respecto ha sido fecundo, se culpa al gobierno, se hurga en causas estructurales y coyunturales, más porque la emigración no pareciera ser un fenómeno común en nuestra patria, pero ¿no era esperable?

¿A quién le puede gustar vivir en una mina asediada cuya materia prima está devaluada? ¿No nos forma el sistema educativo para denostar de este caos que somos? ¿Cuándo fue nuestro plan ocupar y amar este territorio más allá de videítos de caballos corriendo por la sabana, balancines sacando crudo y tepuyes filmados desde un helicóptero?

De otros países huyen los campesinos expulsados por el hambre y el destierro que causan los Tratados de Libre Comercio mientras las cifras dicen que mucho de nuestro gentilicio se va con un título bajo el brazo, preparados como fuerza de trabajo especializada mayoritariamente en nuestras universidades públicas, criados con servicios públicos y alimentos subsidiados con la renta petrolera. Se van a países como Chile en donde el plan imperial ha salido al pelo porque se impuso un sistema neoliberal a sangre y fuego, otros a tierras como España que es parte del sur global aun siendo europeo.

La fachimedia habla de emigrantes que huyen del socialismo cuando salen de Cuba o Venezuela pero cuando salen de Centroamérica, Colombia o Perú, donde campean los ajustes neoliberales, se dice que van buscando un futuro (no huyendo del hambreo hecho sistema). No es casualidad que en países en donde la eficacia neoliberal aumenta la brecha entre el nivel de vida de los más ricos y más pobres las cifras de emigración aumenten, esa brecha nos amenaza desde que la oligarquía venezolana decidió imponer condiciones darwinistas en nuestro sistema económico. Lo que un Macri o Temer han impuesto desde el asalto engañoso al control de sus respectivos Estados, lo han forzado en Venezuela los dueños y sus agentes violando la ley: aumentos descontrolados de precios, saqueo de divisas, violencia estructurada más la disminución del acceso a bienes, servicios y oportunidades profesionales.

La fuga de mano de obra perjudica a cualquier país emisor de emigrantes

En busca del sueño colonial

En el imaginario del emigrante está vivir en una sociedad normal, dicha normalidad es también moldeada por la propaganda globalizadora. Dice Sánchez-Toledo que su consecuencia es "la homogeneización de aspiraciones y de valores, creando expectativas de estilos de vida de las sociedades desarrolladas. Las diferencias objetivas en los niveles de vida, por un lado, y en las aspiraciones subjetivas de los migrantes en los lugares de origen, por el otro, son tan intensas que los flujos migratorios no se reducen".

En esa normalidad coexisten la inestabilidad política y social de nuestras tierras, el silencio mediático y las asimetrías bien resguardadas por la represión gubernamental, militar o paramilitar. Mercenarios, pandillas, guetización, maras, medios, paracos o escuadrones de la muerte se encargan de que la injusticia sea normalizada y bien asumida.

La fuga de mano de obra perjudica a cualquier país emisor de emigrantes, en Venezuela, cuya inversión social es notoria, no se siente tanto la fuga de cerebros porque tal es la masificación universitaria que muchos profesionales quedan aspirando a ocupar el puesto de trabajo del que se va, aun con el sinsabor de cobrar un salario que no le alcanza para las aspiraciones que amasaba mientras estudiaba, algunas reales como la vivienda y otras impuestas a punta de propaganda e ideología como los coroticos que conforman el bienestar.

Aunque la migración latina se ubica en los trabajos poco calificados (+Janiot), es parte de la política de países como Estados Unidos atraer personas formadas mediante becas, mejores salarios y condiciones de trabajo. Países como Jamaica y Trinidad y Tobago tienen al 60% de las personas con educación universitaria viviendo allá y la migración asiática y africana se concentra en sectores de alta calificación académica (para ellos no hay muros), no es un asunto netamente venezolano, aun cuando nos de(sin)formen al respecto.

Trascender burdel, taguara y bodega

Estamos en una encrucijada ética presenciando el desmontaje de una civilización chucuta, al parecer se materializa la desintegración del rentismo y, en su tránsito, caen tantos mitos que parecen una lluvia de meteoritos, algunos fragmentos encendidos aplastarán a quienes se quedan absortos viendo el desastre, otros a quienes huyen. Es inminente el colapso de esta civilización industrial humanista, con ella caen sus códigos e imaginarios de democracia, libertad, crecimiento infinito, transparencia, representatividad... cualquier huida es inútil porque la normalidad como aspiración, en este verguero, es un mito.

Esta mina topa con el agotamiento de recursos materiales y culturales, así como con sus propios desechos, no es de gratis que asedien la mina ni que muchos piensen en desmantelarla para capturarla porque su desesperación los lleva a violar su propio sustento. Nos toca repensar esta condición y construir lo distinto siendo lo distinto, el debate sigue en proceso y obviarlo es extraviarse más. Ya no hay comodidad posible, no hay espacio salvable, de nada sirve esperar ni espectar, no sirve anhelar el éxito personal ni drogarse con autoayuda, sólo nos queda transformar y hacer política real y constante.

Trascender el burdel, la taguara y la bodega requiere algo más que un pasaje y un pasaporte, exige audacia y creatividad.

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