Hugo Chávez: idea-fuerza y lector de Dussel

Una filosofía política descolonizada

Hugo Chávez nos metió en la lectura de Enrique Dussel, filósofo argentino, que realiza una revisión histórica filosófica del ejercicio del poder en las culturas occidentales, orientales y latinoamericanas para mostrarnos cómo el poder se ha construido reductivamente en dominación, coerción y obediencia cercenando el poder originario del pueblo. Dussel nos introduce en la visión del poder del pueblo y del mandar obedeciendo al pueblo, como la forma de ejercer el poder más tradicional de la humanidad y que constituye una práctica cotidiana en nuestras sociedades originarias.

El poder constituyente del pueblo ha sido la bandera del Comandante Hugo Chávez desde sus inicios, donde no ha transigido, allí han sucumbido los aliados desprevenidos, el funcionariado que se aferra a la institucionalidad reductiva y colonial del mandar mandando, el Comandante y nosotros, nos hemos convencido que allí está la principal palanca dialéctica de las sociedades, el poder constituyente originario, lo demás son mandatos del pueblo que se convierten en instituciones que deben ser renovadas, cambiadas, transformadas permanentemente.

Dussel propone la construcción de una hegemonía alternativa sin mirar para occidente, desde nuestras raíces originarias.

Enrique Dussel, profesor de la Universidad Autónoma de México, premio al pensamiento crítico en la República Bolivariana de Venezuela, propone una arquitectónica para la liberación. Con ello no se propone un sistema teórico cerrado -dice Dussel-, por el contrario, se trata de un marco teórico de los temas más urgentes, más pertinentes, exigidos por la experiencia global, planetaria, al comienzo del siglo veintiuno.

Es una arquitectura abierta a nuevos temas, nueva posibilidad de construcción de conceptos o categorías interpretativas, de acuerdo a la novedad que la historia vaya deparando. Por el momento, pensamos esta arquitectónica localizados en la periferia mundial, desde un giro descolonizador, que exige una nueva descripción de todos los momento de la filosofía política (Dussel. 2011).

De la voluminosa obra de Dussel, sobre filosofía política nos produce gran interés las categorías básicas de la potentia (el poder de la comunidad) expresada como potestas (como la determinación institucional de la primera), disyunción (necesaria, inevitable y ambigua por excelencia de toda política). En su arquetectónica las categorías de potencia (el poder de la comunidad en sí) y la potestas (poder delegado ejercido por las acciones o en las instituciones) expresan la disyunción que se desplegará en toda la política. Potencia (poder constituyente) potestas (el poder constituido).

El poder político comienza su despliegue en este nivel.

Chávez y la Potencia

Estos dos conceptos van a dominar esta propuesta de Dussel, la potentia (potencia) definida como el ser oculto, el poder de la comunidad misma, es la pluralidad de todas las voluntades (momento material) o de la mayoría hegemónica. Aunada por el consenso o momento formal discursivo, que cuenta con medios instrumentales para ejercer su poder-poner mediaciones (momento de las mediaciones-factibilidad), son por ahora las tres determinaciones esenciales del poder como potentia y potestas, el fenómeno, el poder delegado, por representación, ejercido por razones políticas a través de instituciones.

En las revoluciones centroamericanas y movimientos sociales siempre se ha oído una consigna: el pueblo unido jamás será vencido. La unidad es el momento discursivo, el pueblo mismo indica la comunidad de vida; la lucha nos habla de los instrumentos, de la estrategia y el grito expresa la voluntad. La fuerza es poder, desde abajo es potentia, es positivo, es la vida que quiere vivir y se da los medios para sobre-vivir. El poder político como potentia no es dominación, no es determinación negativa, sino que es positivo, es afirmación: es afirmación de la vida de la comunidad para vivir.

Para lograr los cambios estructurales debemos cambiar la organización político-territorial

El Comandante Hugo Chávez Frías, líder fundamental de la revolución bolivariana, abrevó en todas estas fuentes del pensamiento y la filosofía política, de allí se nutre y el mismo curso de nuestro proceso político genera una praxis imbuida de una dialéctica acelerada. La columna vertebral de su propuesta de transformación política al llegar al gobierno fue la realización de la Asamblea Constituyente que permitiera la elaboración de una nueva constitución que sustituyera la de 1961, que era en esencia el texto que sostenía la llamada "democracia" representativa y el Estado burgués represivo, coercitivo.

El objetivo se logró con la aprobación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 que nos permitió avanzar como potentia o poder constituyente, de acuerdo con Dussel, sin embargo a nivel de potestas, en el entramado institucional del poder constituido, seguimos atrapados en la racionalidad del Estado burgués burocrático, corrompido, de allí la necesidad de reformar la Constitución que fue impulsada por el Comandante Hugo Chávez Frías en el año 2007. Esta propuesta no fue aprobada en referendo popular por razones que no vamos discutir en este texto, sin embargo se ha constituido en un plan a cumplir hasta concretar la voluntad del pueblo.

En ese contexto el Comandante Hugo Chávez reivindicó el poder constituyente del pueblo: inscribamos esta propuesta en la línea de la perspectiva histórica sobre la que nos hemos venido moviendo en estos últimos años, en esta última década sobre todo en cuanto a lo que se activó del poder constituyente. El poder constituyente tuvo una ebullición, una explosión, sin precedentes en muchísimo tiempo, durante aquellas jornadas del 27 y 28 de febrero de 1989, cuando un pueblo dijo basta, y su poder originario se manifestó; no hubo otra manera de que se manifestara, sino a través de aquella rebelión en las calles de Caracas y de las principales ciudades de Venezuela.

Rebelión no sólo en contra del gobierno de aquel entonces, sino también rebelión contra el Imperio, contra las políticas de shock del Fondo Monetario Internacional, contra la corrupción, contra el hambre, contra la élite que explotaba el país de una manera inmisericorde. Allí se activó desde mi humilde punto de vista el poder constituyente originario que estaba dormido y continuó con las rebeliones militares del 4 de febrero de 1992 y 27 de noviembre del mismo año, éstas son continuación de aquel poder despierto.

El Comandante Chávez, consecuente con la visión de adecuar el poder constituyente y el poder constituido, propuso en esa oportunidad (2007) reformar el artículo 16 de la Constitución de la República Bolivariana de 1999, para permitir el nacimiento del Estado Comunal, el Estado Social. Recordaba a Gramsci y quiero recordárselos de nuevo, en relación a la crisis orgánica. La crisis orgánica, como dice Gramsci, cuando algo está muriendo y no termina de morir y al mismo tiempo algo está naciendo y tampoco ha terminado de nacer. Esta propuesta apunta en la dirección esa, de que siga muriendo y termine de morir la vieja hegemonía oligárquica, conservadora, cuartorrepublicana, el viejo sistema capitalista, expoliador, explotador y que nazca un nuevo sistema humanista, socialista.

Que termine de nacer el nuevo Estado y termine de morir el viejo Estado. Que termine de morir la vieja sociedad y termine de nacer la nueva. Nosotros estamos obligados a continuar debilitando al viejo bloque histórico. Resulta que hemos avanzado unos grandes tramos en la superestructura, que llama Gramsci, hemos avanzado en la sociedad política, en lo que es la ideología; pero más allá, más abajo, más en profundidad, con sus raíces profundas enterradas en el territorio, en la conciencia de las instituciones, en cuanto a lo que llama Gramsci y también Marx ese conjunto de las fuerzas materiales de producción y de los grupos humanos que en ella perviven, conviven esas relaciones de trabajo, muy poco hemos hecho, por no decir nada, se trata de la estructura. Si no cambiamos la vieja estructura, la vieja estructura se volverá sobre nosotros y nos demolerá, si no cambiamos la estructura se detiene el proceso revolucionario.

Esto es necesario entenderlo y llevarlo a la praxis con una fuerza, con una voluntad y sobre todo con muchas luces colectivas e individuales. Para lograr los cambios estructurales debemos cambiar la organización político-territorial, que tiene un peso sumamente grande a la hora de hacer cambios revolucionarios. Una revolución no puede serlo realmente si no enfoca el problema geográfico y de la distribución del poder político, económico, social, militar, sobre su espacio; éste es un tema vital.

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