Esos malandros de Voluntad Popular, por Diana D'Agostino

"Yo no voy a ir hoy para la marcha papá, ya tengo la cara tostada". Así comenzaba Diana D'Agostino la conversación con su padre Franco D'Agostino, suegro de Henry Ramos Allup y gran empresario de la construcción en Venezuela.

No habla una mujer cualquiera, llamarla así sería una ofensa para su abolengo, sino la heredera de quizás una de las fortunas más abultadas de la clase ricachona en Venezuela. Que la conversación empezara con ese tono tampoco es gratuito: lo peor de esta lucha contra "la dictadura", para ella, es que su rostro está perdiendo el crisol sifrino y de bronceado mayamero que tanto ¿esfuerzo? significa para ella mantener.

"Mira, no sólo que hemos caído ya en una anarquía, sino que además hemos caído ya en el vandalismo", refiere Diana acusando directamente a grupos violentos de Voluntad Popular y Primero Justicia con su papá, alertando que si ellos pudieran incendiar al país lo harían ya.

El tono glamoroso de Diana se expresa con cierto asco sobre las intenciones de anarquizar el país por parte de estos grupos radicales. Quienes han convertido las concentraciones a marchar en un pandemónium de violencia, destrozos y saqueos, cuando deberían ser eventos para tomarse selfies, hacer bailoterapia y regresarse en santa paz a comer en un restaurante, sin arriesgar el peinado, la inversión en la peluquería y la pinta, sobre todo la pinta.

Diana acusa con su papi a Voluntad Popular y Primero Justicia, y específicamente según sus palabras a Lilian Tintori, Henrique Capriles y Freddy Guevara, de ser una banda de malandros que han ranchificado su idea de una marcha socialité, de incendiar las calles que llevan a las oficinas de su empresa familiar y la calma de las urbanizaciones sifrinas por las cuales transita.

Generación de oro a lo D'Agostino

De involucrarla en una versión criolla del Maidán ucraniano o de una "primavera árabe", que no es tan heroica, ni expresa la hermosura de libertad, ni es lo que "debe hacerse en Venezuela", cuando lo primero que sufre es el maquillaje y el bronceado de Diana, con el temor de ser impactada por una piedra, una bala o por un mortero del lado de "la resistencia".

El asco que en más de una ocasión ha expresado contra el chavismo, por ser según ella feo e incivilizado, ahora se revierte. En manos de sus hermanos de clase (y de peluquería, como Tintori) está ese vandalismo destructivo, fó e irrespetuoso de las buenas costumbres que siempre ha querido endosarle a la gente humilde de los barrios de Venezuela.

Los estudiantes que sacarán a Venezuela de la crisis desde las universidades privadas, pirómanos de primera línea en las protestas violentas, es esa generación pensante, educada y democrática que afea su paisaje cultural caraqueño. La vida te da sorpresas, cuidado con una guaya o con el aceite que dejan en la Fajardo esas jóvenes promesas.

Freddy Guevara, Henrique Capriles y Lilian Tintori, como operadores políticos y comandantes de estos grupos violentos, han convertido los jardines de concreto que rodean su palacio (Altamira, Los Palos Grandes, etc.) en un antro de violencia, atacando incluso muchos de los edificios con los que su papi contratista hizo millones. El audio también refleja ese dolor.

Invadieron su horizonte de malandros y delincuentes que para ella sólo existían a partir de la estación Caño Amarillo en adelante. Los focos donde ocurren esos "vandalismos" que asustan a la señora D'Agostino están en las inmediaciones o en el seno de las zonas en que residen y vacacionan perennemente, aunque por supuesto todo se ve mejor desde la TV y Twitterlandia con la comodidad de un Don Pérignon bien frío en un vaso de vino.

Pues no. La mugre estaba ahí mismo, son blancos y catires, hablan mandibuleao, son de apellidos similares y optan o ya tienen títulos en universidades privadas y extranjeras de gran prestigio. Su generación de oro.

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