Es la hora de dar

Abordar toda situación presente con al menos una pizca de método obliga a dar un vistazo al pasado. Me voy a permitir, por lo tanto, referir una experiencia personal vivida con un “paisano” mientras cursábamos estudios de postgrado en el exterior. Ocurría que disfrutando de becas tanto él como su esposa, además de complementos de becas para sus dos hijas menores, todas provenientes del suelo venezolano, su constante e insaciable tema de conversación con propios y extraños era el desastre de Venezuela, sujeto de conversación que no reposaba ni siquiera los weekends en los que solían él y su familia tomar vuelos charter para conocer Europa. En contraste, recuerdo que eran los años del “efecto tequila” en el cual México atravesaba una terrible crisis financiera, sin embargo bajo tal circunstancia fue imposible escuchar una sola palabra negativa de los colegas mexicanos sobre su país, a pesar de mis intencionadas provocaciones. Destaco que estoy hablando de la década de los 90 y ello niega toda posibilidad de asociar tan negativa actitud al gobernar del Comandante Chávez, culpa por demás muy común en estos tiempos.

Con este relato pretendo sólo poner en relieve la actitud expoliadora, egoísta y sin valores que en el pasado nos fue inoculada y que resumía el “apego a la Patria” al tener dinero y un pasaporte que nos permitiera fantasear la dolce vita. Este hecho aunque particularmente notorio en la alienada y semianalfabeta clase media de aquellos años, anestesió también nuestras clases populares por la vía del asistencialismo con migajas del Estado, salvo honrosas excepciones. Tal escenario atizado intencionalmente durante mas de cinco generaciones y sustentado con el rentismo petrolero adormeció nuestras iniciativas creativas y productivas para así hacernos excelentes clientes de todo lo necesario e innecesario hecho en el exterior.

Unos por la vía de las importaciones a dólar preferencial, otros por la vía del empleo improductivo y otro tanto por la vía del clientelismo político nos convertimos pues en pichones ansiosamente hambrientos del sustento paterno, léase del Estado venezolano. En aquellos tiempos la irrupción de la Revolución Bolivariana liderada por el Comandante Chávez se encontró con un país no sólo sometido a una gran crisis económica, sino escaso de identidad y valores, improductivo, con baja autoestima y con una población mayoritaria excluida y explotada.

Hoy no sólo somos libres de analfabetismo sino que hemos rescatado nuestra dignidad individual y colectiva conquistando importantes logros en lo social, lo económico, lo cultural y lo político para el buen vivir de todo nuestro pueblo

Sólo para ilustrar lo que representa un cambio de actitud me permito imaginar dos países dicotómicos, uno con 30 millones de personas succionando del Estado y otro con 30 millones de personas construyendo el Estado, llamémoslo comunal, si les parece; los resultados serían diametralmente opuestos. A 15 años de Revolución Bolivariana y chavista hoy no sólo somos libres de analfabetismo sino que hemos rescatado nuestra dignidad individual y colectiva conquistando importantes logros en lo social, lo económico, lo cultural y lo político para el buen vivir de todo nuestro pueblo. Ello nos da una enorme fuerza para elevar la tierra de los hijos de Bolívar, de la que fluye leche y miel, a la potencia regional que marca nuestro Plan de la Patria.Transcurridos 15 años de intenso, hermoso e inédito proceso revolucionario debemos reconocer que aún nuestro comportamiento individual y colectivo se bate, parafraseando a Gramsci, los viejos hábitos se resisten a morir y los nuevos valores tardan en aparecer. El escenario actual de un barril de petróleo a menos de la mitad de su justo precio, no obstante, en lugar de ser motivo de angustia colectiva se nos presenta como una oportunidad histórica, única para dar un salto cuántico en la construcción de la Patria Socialista bajo el liderazgo de nuestro presidente Nicolás Maduro.

Un excelente catalizador para que ello ocurra es que cada quien aporte con lo que hoy en sus manos tiene; unos su fuerza creativa y productiva, otros su experiencia organizativa, otros su sabiduría o aguda pluma y otros simplemente su fresca y franca sonrisa; eso sí, todos con una clara e inquebrantable direccionalidad política y ética revolucionaria. En apariencia menos tangible pero sin duda estructural resulta un pasaje de La Biblia, al que algunos llaman el versículo del boxeador, y que reza: “Más gozo hay en dar que en recibir” (Hechos 20:34). Esta expresión, así como todas las contenidas en tan poderoso libro, revela cómo dejar de ser un individuo receptor y dependiente, para convertirse en un sujeto dador, proveedor y responsable lo que potencia exponencialmente la conciencia social y la autoestima del individuo, del colectivo; eclosionando con ello las capacidades creativas, innovadoras, productivas y morales de todo un pueblo.

No esperemos, pues, la aprobación de una ley, de un presupuesto o una acción de gobierno para “suichear” nuestra diaria actitud y con ello alcanzar en lo colectivo y más temprano que tarde la Patria hermosa, libre, soberana, justa y solidaria que nos merecemos.

¡Viviremos y venceremos!

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