El Presidente Maduro y el Método Chávez

La condición periférica de Venezuela respecto al imperio norteamericano a lo largo de todo el siglo XX, hizo que arribáramos al siglo XXI en medio del más sólido neocolonialismo económico  y simbólico. Desde las industrias petrolera y cultural se construyó la dependencia que en todos los planos ha caracterizado a la realidad venezolana respecto al norte. De allí que la guerra emprendida contra los procesos de cambio en Venezuela desde el año 1998 se ha expresado en los planos materiales y simbólicos con la misma intensidad.

El inicial proyecto bolivariano, devenido en una revolución de carácter socialista, resignificada por la inteligencia tan despreciada del Presidente Hugo Chávez, ha enfrentado esta guerra con una diversidad de armas igualmente económicas y simbólicas. Los quince años de batalla sin cuartel que la revolución en Venezuela ha soportado, indican desde el punto de vista de la ciencia política, que se ha logrado contener los impensados esfuerzos por dar al traste con los gobiernos bolivarianos, el primero comandado por Hugo Chávez Frías y el segundo por Nicolás Maduro.

Uno de los momentos más intensos de esta confrontación material y simbólica está sucediendo en este año 2013. Luego del 5 de marzo cuando fallece el Comandante Chávez y de manera más precisa, luego del 14 de abril cuando el chavismo mantiene la Presidencia de la República con Nicolás Maduro, se activa con la misma intensidad la guerra económica y la guerra simbólica contra todo lo que sea gobierno y más allá de eso contra todo lo que sea chavismo.

La guerra material expresada en el plano de lo económico, de acuerdo a lo que se ha ido develando, involucra a una diversidad de actores en una amplia red que va desde empresas transnacionales-distribuidores-importadores, empresarios locales y una tan sofisticada como difusa red de manipulación del dólar, que logró desestabilizar la economía interna hasta el bolsillo más desprevenido y menguado de cualquier obrero, así esté en el pueblo más lejano del territorio venezolano.

Esta maniobra de distorsión y asfixia económica se ha comportado como una hiedra en despliegue, penetrante, envolvente, imparable, que socavaba, minuto a minuto al gobierno, al Presidente Maduro, a la alianza política que lo sustenta, al partido Socialista Unido de Venezuela, a las dirigencias regionales y locales y de base.

Paralelamente se apeló a la guerra simbólica contra el chavismo centrada en sembrar el sentimiento de orfandad, la desolación, la pérdida del padre, del protector, la soledad política. Construir la certeza de la traición a las ideas, a la palabra, al juramento y al legado de Chávez y en crear la convicción del destino la entrega al enemigo.

Ante esta arremetida el Presidente Maduro lanzaba respuestas y acciones que naufragaban en un mar de adversidades. Micromisiones, captura de corruptos de diversas tendencias políticas, derribamiento de avionetas del narcotráfico, aumento de salarios, todo lucía diminuto ante el portentoso avasallamiento de la derecha nacional y trasnacional, de empresarios y medios de comunicación.

Lo de diminuto se expresaba en el plano material, al enfrentarse el ciudadano común al acaparador, a la venta ilegal de productos básicos y no básicos, al disolverse el salario, etc., pero también lucía diminuto en el plano del imaginario de la gente, sobre todo del chavista. Las medidas no impactaban el nivel de representaciones que sobre el bien, la justicia, la inclusión, la ética revolucionaria se había construido con el Comandante Chávez.

El Comandante Chávez fue un constructor de gigantescas decisiones que sacudieron el imaginario colectivo. Decisiones que fueron tomadas desde las cenizas para renacer con toda la fuerza; recordemos la Constituyente, el contragolpe de abril, las misiones sociales. Así que Maduro y la agresión actual requerían de una respuesta similar a una sacudida de alfombra. Es decir, que la sintiera todo el cuerpo nacional. Que golpeara el músculo más cuidado por las estructuras capitalistas instaladas en Venezuela (distintas a las del Capital), las importadoras y comercializadoras pero que además reafirmara al gobierno bolivariano y al Presidente Nicolás Maduro como el protector de los pobres, de las mayorías, del pueblo chavista.

El diseño de la mega operación contra la burbuja de los precios, de la lucha contra el acaparamiento y la especulación del empresariado venezolano al inicio de la temporada decembrina en Venezuela, llevó meses de preparación. Seguimiento de la dinámica especuladora. Precisión de los objetivos. Acumulación de pruebas. Preparación de cuerpo de inspectores, milicias. Plan de despliegue de fuerzas. Plan mediático. Plan de contención de calle. No hay duda. Es el Método Chávez. Maduro el Presidente chavista dio una respuesta al más puro estilo del Comandante.

¿Que no es la última batalla? ¿Que no es el tiro de gracia a las prácticas capitalistas en Venezuela? ¿Que no es la batalla perfecta? Claro que no. No hay últimas batallas, el capitalismo no ha muerto en el mundo, se va de parranda a ratos y además nada es perfecto. Pero de que le está doliendo a la derecha el totazo no hay dudas.

¡Pa' lante mi otro Comandante!

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