El muertico necesario, la intuición y las rebeliones

Leopoldo López y María Corina Machado, dos seres que nunca en su meretriz vida han pasado roncha al lado del pueblo, están convocando al pueblo para que derroque al gobierno de Venezuela el 12 de febrero. Antonio Ledezma se les ha juntado en la comparsa a ver qué pesca o en qué ocupa su tiempo, ya que en el cascarón vacío de "su" alcaldía no tiene un coño que hacer.

La primera parte del pronóstico es fácil y da hasta pena enunciarla como pronóstico, pero ya ustedes saben: el Gobierno no se caerá mediante una rebelión popular y mucho menos convocada por burgueses.

A la segunda parte del pronóstico sí hay que mirarla con atención y con algo más que pura atención de observadores: tal como ha sucedido en tantas ocasiones desde 2002 hasta el año pasado, la dirigencia antichavista siente que su tan ansiada revuelta generalizada requiere para estallar una muerte violenta, un muertico necesario, o tal vez muchos.

Tal como en esos años, es probable que lo consigan. Sigue sin ser probable que a causa de ese muerto estalle un sacudón, pero sí que es bastante probable que la cólera inducida propicie alguna muerte.

¿Qué debemos o podemos hacer nosotros, los chavistas, para evitar que eso ocurra?

Yo no tengo idea. Propongan algo ustedes.

Ustedes dirán: "Bueno, si se quieren dejar matar es problema de ellos". Y puede que lo sea, porque cada quien debería hacerse responsable de su decisión de jugar al héroe, mártir o combatiente por la libertad. Pero el caso es que, cuando estas caricaturas de líderes invitan a la gente a salir a la calle, por lo general ellas se quedan en su casa viendo el verguero por televisión, y quienes terminan siendo sacrificados son muchachos ardorosos aunque equivocados; ingenuos carajitos que quieren ser como sus héroes de película o videojuegos. Pobres muchachos como este.

Yo estoy seguro de que el autor de ese blog cree en todo lo que está diciendo, y es capaz de salir a enfrentarse a quien sea desde su tremenda ingenuidad, que de tan lánguida produce tanta risa como ternura, y tanta ternura como arrechera, no por el muchacho sino por los coñoemadres que lo están empujando a entregar la vida por Leopoldo o María Corina.

Miren qué lindo, qué pendejo y qué lamentable:

"...no tenemos que protestar por protestar, la protesta es el medio. Esto nos invita a ser precavidos y a evitar las confrontaciones, a tener vías de escape, a pensar en que mañana sigue la estrategia A ser inteligentes.

Vamos el #12F a la calle con la sangre caliente y la mente fría.

Ahora te puedes estar preguntando igual que yo, ¿Cuál es la estrategia? Si respondo en base de lo que está proponiendo Leopoldo Lopez, no sé la respuesta. Me inclino a pensar que existe una y que parte de ella es que estemos en la calle. No lo tengo claro.

Lo que só podemos hacer es reflexionar ¿qué podría pasar el #12f? esto lo haré en las próximas horas y escribiré un post.

(...)

Por que somos más, jalamos más parejo. —Como la canción—".

¿Y para qué recordar el momento cumbre de la manipulación criminal? ¿Aquel abril en que propiciaron y ejecutaron el asesinato múltiple del cual culparon a Chávez y a los héroes de Puente Llaguno?

Muerticos necesarios y muertes propiciatorias

En Mérida, donde en estos días y tantas otras veces se han hecho experimentos para producir rebeliones artificiales, se produjo una de verdad el 13 de marzo de 1987 (al episodio se le conoce como "el marzo merideño"). El detonante fue algo tan aparentemente baladí como el asesinato de un estudiante por ponerse a orinar en el jardín de la casa de un abogado.

Acá hace acto de presencia un dato, una clave humana que no es tan fácil de detectar: no es que el muchacho asesinado fuera una figura prominente (como en el caso de Gaitán, otro muertico propiciatorio) sino que el clima emocional del país, aunado a eso otro que los marxistas y más de un marxólogo llama "las condiciones objetivas", devinieron coctel histórico social que la intuición de la gente detectó sin necesidad de que viniera un payaso a ponerle etiquetas y a convocar al derrocamiento de nada: la gente andaba arrecha y sobrevino el estallido.

Lo que comenzó como una protesta estudiantil de carácter local se replicó en varias ciudades (San Cristóbal, Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, otras) y sí, tal vez lo que hizo que esas candelas se sofocaran en un tiempo relativamente corto fue su carácter puramente universitario.

Un movimiento local quiso, además, atribuirse el mérito del estallido y capitalizarlo como revuelta organizada por una vanguardia, y si algo le aburre al pueblo del trópico es esa figura del paladín que quiere poner a las amas de casa a entonar cánticos europeos cualquier mañana de sol radiante (ah verga: chao, chao, chao).

Pero las cenizas quedaron y este evento fue apenas una válvula de escape que anunciaba el otro estallido, el gigantesco, el de 1989.

La intuición y la manipulación

Por intuición histórica estalló el pueblo bogotano en 1948; allí hubo muertico propiciatorio.

Por intuición histórica estalló el pueblo de Venezuela en 1989; allí el muertico no fue de los nuestros, fue la figura de autoridad de un Estado burgués que estaba vuelto pedazos.

Por intuición histórica estalló la comunidad más pobre y segregada de la ciudad de Los Ángeles el 29 de abril de 1992. Un evento tan dolorosamente cotidiano como la captura de un malandro negro llamado Rodney King, y la transmisión en vivo de la paliza que le dieron varios policías blancos (que fueron absueltos de los cargos de brutalidad en un juicio) degeneró en una de las revueltas populares más importantes de Estados Unidos.

Hubo saqueos, hubo linchamientos de blancos, hubo toma violenta de las calles, destrucción de comercios, incendios, apagones y paralización de las actividades regulares de la ciudad. Aunque los disturbios sólo ocurrieron en las comunidades negras Los Ángeles colapsó, en lo que fue otra victoria temporal de la gente sobre el capitalismo.

Allí tampoco operó el llamado de ninguna vanguardia ni de ningún discurseador picoeplata: el twitter de esa colosal explosión social fue una rabia represada durante 400 años de humillaciones hacia los negros por parte del estatus dominante en Estados Unidos.

No había allí un reclamo orgánico de reivindicaciones y ni tan siquiera de justicia, sino la aplicación de la primitiva noción de justicia que tienen todos los pueblos pobres del mundo. Tal como en el Sacudón venezolano, en Los Ángeles se unieron el hambre, la rabia por los atropellos, las ganas de coronarse un televisor, unas motos y una ropa fina: la gente accediendo a lo que la propaganda le dijo por años que había que tener para ser gente.

En la Venezuela chavista los factores proempresariales han querido reproducir estos y otros modelos de rebelión popular. Específicamente, han querido copiar los detonantes, la famosa "gota que derrama el vaso": han manipulado fotos y videos, han difundido fotos de otros países y de otras épocas como si fueran el "aquí y ahora" venezolano; han buscado y conseguido los muerticos propiciatorios con la esperanza de estimular con ellos la indignación de las masas.

Una de las más renombradas y asquerosas manipulaciones que se han intentado al respecto tuvo lugar en 2007, durante los disturbios de la generación sifrina Goicoechea-Guevara-Stalin González en defensa de los derechos de Marciel Granier y su RCTV: una estudiante de la UCAB de nombre Andreína Gómez fue asesinada a tiros en una gasolinera cerca de la universidad, y los medios de la derecha estallaron de júbilo, pues muchísima gente estaba dispuesta a creer que a esa muchacha la mandó a matar el Gobierno, probablemente Chávez en persona.

Fue la inmolada necesaria para la oposición en ese año candeloso. El desenlace fue de antología: las investigaciones revelaron que el autor del asesinato no había sido Chávez sino la hija de un dueño de la cadena de información ultraderechista Bloque De Armas. Milagros De Armas, se llama la asesina, adolorida porque su ex marido salía con la joven Andreína. De ese crimen no habló más nunca la prensa, ni de vaina.

Los Jorge que no le sirven a la oposición

Dos casos más de muertos propiciatorios: los fotógrafos Jorge Tortosa (11 de abril de 2002) y Jorge Aguirre (5 de abril de 2006). Nada escandaliza más a la prensa internacional que la muerte de un trabajador de la prensa, así que imagínense la raya para el Gobierno de Chávez: un fotógrafo de un medio impreso es asesinado justo el día del golpe de Estado, y luego otro durante unos disturbios estudiantiles.

Pero, una vez más, la intuición histórica de la gente estaba en su sitio. Tampoco en esas ocasiones se produjo el vendaval de pueblo que el antichavismo esperaba. ¿Qué le dijo la intuición a la gente? Algo que las investigaciones (otra vez, los malditos investigadores) revelaron: que a uno de los Jorge (Tortosa) pudo haberlo asesinado, según todos los indicios, pruebas y testimonios, uno de los hijos del entonces director del diario en que el fotógrafo trabajaba.

Increíblemente (no: comprensiblemente) han "desaparecido" de internet esos testimonios: los de la gente que venía en la marcha opositora, que vio, inmovilizó y entregó a la policía a los sujetos que mataron a Jorge de un disparo a corta distancia, y la liberación casi inmediata de éstos. Lo único que queda de este testimonio está en esta página.

Por favor: copien ese texto antes de que la página sea eliminada también de la red.

En cuanto al otro Jorge, el veterano reportero gráfico Jorge Aguirre, cubría una protesta en la Francisco Fajardo cuando un motorizado pasó, le disparó y se alejó a toda velocidad. A toda velocidad también, en lo que fue su última fotografía, el caballero apuntó con su cámara e hizo una gráfica del asesino en su moto.

Tampoco esta vez fue Chávez ni un chavista el criminal: fue un exfuncionario de la policía de Chacao, es decir, empleado de la alcaldía en el tiempo en que Leopoldo López reinaba en ese municipio. Tampoco esto se dijo ni se dice mucho a través de los medios proempresariales.

En los informes y reseñas de los organismos internacionales de derechos humanos la cosa queda reseñada así: "Jorge Tortosa y Jorge Aguirre, dos reporteros asesinados en Venezuela". En los oídos de los no venezolanos la cosa queda traducida así: "Reporteros asesinados por el régimen chavista".

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Primera anotación al margen: el gremio periodístico, dominado por gente de derecha, quiso en algún momento convertir a estos señores asesinados en emblemas de la lucha de los periodistas contra Chávez. Incluso en 2002 se promovió el premio "Jorge Tortosa" de periodismo gráfico. Hasta que afloró un dato: ambos, tanto Tortosa como Aguirre, eran chavistas confesos.

Segunda anotación al margen: en la enorme y retorcida simbología cristiana, Jorge es uno de los casos de santos reconocidos por la iglesia, pero que no existieron en realidad. Jorge no fue un hombre considerado virtuoso que fue beatificado, canonizado o santificado, sino un curioso invento o leyenda de la Edad Media (el tipo era de esos héroes que se fajaban a pelear con dragones, espada o lanza en mano), pero forma parte de la liturgia religiosa y tiene sus imágenes canónicas, milagros atribuidos y adoradores.

Los Jorge inmolados por la enfermedad medieval de la derecha venezolana sí existieron y sí decidieron en vida ponerse en el lado correcto de la historia. Así que, como no les sirvieron a los burgueses como emblema ni como muerticos necesarios ni propiciatorios ni como nada, su memoria ha sido abandonada por los periodistas sifrinos proempresariales en las gavetas del olvido del coñísimo de tu santísima madre, amén.

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Activos y pendientes todos el 12 de febrero: en esas mentes maltrechas que coquetean con la fantasía de tumbar al Gobierno está instalada la búsqueda del muertico necesario. Activo todo el mundo por si lo logran, o para que no lo logren.

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