Orlando Figuera: la cruda metáfora del país que quieren incendiar

Focalizados en municipios donde la oposición tiene control político, los guarimberos han tomado la bandera de la vanguardia violenta y armada para incendiar a todo lo diferente que ven frente al espejo. Por lo menos ideológicamente.

Esos grupos antichavistas que se juntan en Altamira, Naguanagua, San Antonio de los Altos o San Cristóbal, son una mezcla de sifrinos, malandros y políticos que no tienen otro recurso sino el de la violencia. Mientras más desmedida, más satisfactoria. Apoyados en una logística determinada que los provee de alimentos, agua, dinero en efectivo, máscaras antigás, escudos medievales, guantes, chopos, metras, rolineras, molotovs... en fin, una gama de artículos de primera necesidad para arremeter contra guardias nacionales, policías, instalaciones militares, edificios gubernamentales, sedes de partidos políticos, bienes públicos, y básicamente cualquier cosa o persona que esté a su paso o se atreva a contradecirlos. El saldo de más de 50 días guarimberos en las calles es más que visible, con muertes y destrucción en un lamentable paisaje venezolano que proponen sea incendiado.

El último hecho notorio de incendio fue la quema de un joven de 22 años, oriundo de Cumanacoa (estado Sucre), que se encontraba en una concentración opositora en Altamira rodeado de "puros encapuchados", como dice el muchacho en una entrevista. Previamente había sido apuñaleado, luego decidieron explotarle una molotov encima por no dejar. Su nombre completo es Orlando José Figuera Esparragoza y por suerte aún vive, a pesar del ensañamiento guarimberil.

Él mismo explica que lo confundieron con un chavista, ahora que está de moda la etiqueta de "infiltrado" en las manifestaciones violentas de la MUD.

"Muere, maldito" se escucha en algunos videos (aquí uno) que capturaron el momento en que el joven fue incendiado. Figuera incluso repite varias veces en su testimonio que lo querían muerto por ser supuestamente chavista.

La Tabla señala que Figuera sufrió quemaduras de primero y segundo grado en el 80% de su cuerpo y puñaladas en el tórax y en el flanco izquierdo del torso. También se recupera de una herida de arma blanca en la cabeza.

Las heridas de Orlando son la expresión cruda y simbólica de lo que sufre el país

Los linchamientos verbales y físicos a chavistas se extienden no sólo en Venezuela sino en Europa, una especie de fascismo transmedia que tiene en el asedio violento su principal recurso. Estos son crímenes de odio, no son los primeros y probablemente intenten escalarlos hasta el punto en que pudiera justificar una intervención internacional a nuestro país.

Porque el cuerpo de Figuera es un símbolo de lo que estos grupos minoritarios pero sumamento peligrosos, como han podido demostrar, quieren apuñalear y quemar en definitiva: el chavismo como cuerpo social y político de Venezuela, a los pobres que siguen moviendo el país con sus hombros y esfuerzo y que después de siglos de dominación hoy participan en política. Su eliminación física como correlato de la "democracia" y la "libertad", como solución a "la crisis que vivimos", pone en un crudo relieve a quienes quieren silenciar usando la muerte.

Porque ya la pugna política propuesta por el antichavismo salió de la esfera de las ruedas de prensa y las pantallas de televisión, de las palabras, para ubicarse en un cuerpo que es etiquetado como culpable (el chavismo) y merecedor de acuerdo a esa lógica de salvajes ataques, agresiones, segregación y asesinatos. Donde todo está legitimado.

Al ubicar el centro del problema político ahí, en el cuerpo y en la sangre del chavismo, se reducen las opciones al mismo tiempo que la política desaparece en el horizonte de las llamas que se activan en Chacao-Altamira y otras zonas donde intentan expandirlas sin retorno.

Las espantosas heridas de Orlando son también la expresión cruda en lo simbólico de lo que sufre el país a cuatro años de guerra no convencional, de ataques a la economía, de la vorágine especulativa, de las guayas y francotiradores de 2014 y 2017.

Esa es la forma de golpe que promueve esta vanguardia de supuestos luchadores de la libertad. Uno del que es muy difícil recuperarse. El joven quemado en Altamira por el fascismo más elemental, así como Brayan Principal, Almelina Carrillo, Jesús Sulbarán, Luis Alberto Márquez y Anderson Dugarte en Mérida, son las lamentables víctimas que narran el trágico horizonte, esa guerra de perros, que quieren imponernos.

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