Cultura, identidad y revolución

Las sociedades son cambiantes, y se transforman a ritmos cada vez más acelerados, pero también son frágiles, vulnerables, tolerantes, inacabadas, en tensión continua ante una cada vez más compleja realidad; reconocerlo requiere conciencia y valor porque construirla exige mucho esfuerzo, constancia y paciencia.

En la elección y defensa de nuestros valores y en el compromiso con el proceso revolucionario, bolivariano y socialista, debemos asumirnos en la lucha permanente por la transformación y la construcción de una sociedad libre, justa y solidaria.

Por ello, crece de manera acelerada, en el seno del pueblo venezolano, la más clara conciencia acerca del proceso revolucionario por el cual transitamos. Sin embargo, es indispensable, para dotar de sentido socialista a esta transformación que se adelanta en el país, provocar un radical cambio en el cuerpo de valores que mueven a los venezolanos y venezolanas.

La revolución bolivariana debe y tiene que ser en esencia un trascendental proceso cultural en el que la formación intelectual y moral de millones de hombres y mujeres que comparten este destino se haga condición insustituible de una verdadera revolución.

Una poderosa transformación moral e intelectual que produzca al hombre nuevo para promover una identidad cultural que nos permita hacer análisis crítico de lo existente y adquirir conciencia colectiva en el reconocimiento de nuestra diversidad cultural, de nuestro devenir histórico y nuestro papel como pueblo en la sociedad global.

Este poderoso esfuerzo de transformación estructural en la tierra del Padre de la Patria Simón Bolívar, cuenta con una dilatada trayectoria histórica que data de unos quince mil años de vida indígena, los cuales son testimonio heroico de lucha y resistencia por la conquista de nuestra tan anhelada emancipación.

Las bases en que se funda la nacionalidad e identidad venezolana son el resultado de un sostenido combate contra potentes fuerzas materiales y espirituales y humanas que han pretendido y pretenden enajenar la voluntad libertaria del pueblo venezolano.

La supuesta magnanimidad occidental ejercida por los conquistadores europeos produjo una diversidad cultural sometida a un poder legitimado a través de métodos punitivos e intolerantes. La fragua cultural del mestizaje no fue más que la coartada para una práctica velada de discriminación y exclusión bajo una suerte de negación hipócrita de la exclusión racial y afirmación descarada de discriminación social.

Una ruptura que ponga fin a esta legitimación del oprobio, que conjure la falaz maldición ecuatorial o tropical que nos hace eternamente subordinados, es un principio fundamental en la hoja de ruta que orienta a la Revolución Bolivariana es compromiso histórico de todos, con la memoria del Comandante Eterno Hugo Chávez.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece el deber del Estado de promover, desarrollar, transmitir y defender los valores históricos, éticos y estéticos de la cultura, como vinculo social de la nacionalidad, en especial los valores que nos identifican como pueblo respetuoso de la vida y amante de la libertad, organizado en un Estado democrático, social, de derecho y de justicia, que tiene como finalidad primordial la garantía de la dignidad del ser humano, la preeminencia de sus derechos y la convivencia pacífica.

"El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores… con el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiéntica y pluricultural en un Estado de justicia… que consolide los valores de la libertad, la solidaridad, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la cultura… y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna (Preámbulo)".

En este mismo sentido en su Artículo 99 nos señala que:

"Los valores de la cultura constituyen un bien irrenunciable del pueblo venezolano y un derecho fundamental que el Estado fomentará y garantizará procurando las condiciones, instrumentos legales, medios y presupuestos necesarios… El Estado garantizará la protección y preservación, enriquecimiento, conservación y restauración del patrimonio cultural, tangible e intangible y la memoria histórica de la Nación".

La cultura venezolana tiene su inicio histórico en quince mil años de vida indígena, cuya etnicidad sigue teniendo vigencia hasta hoy día, proceso anterior a la llegada de los europeos a estas tierras. Reconocer este hecho significa que la cultura, además de consagrase como derecho humano, es también un legado de nuestros antepasados aborígenes. Ello le da justo valor a la diversidad que nunca ha sido reconocida por la cultura hegemónica eurocéntrica que ha pretendido sustituir los valores, cosmovisiones, lenguas, tradiciones, mitos y costumbres, tratando de imponer modelos sociales, científicos, técnicos, económicos y políticos, ajenos a nuestra realidad.

El proceso de conquista y colonización se realizó de manera compulsiva y violenta, ocasionando genocidio y destruyendo parte esencial de las culturas milenarias existentes en estas tierras. Es a partir de este proceso cuando se inicia un período de resistencia cultural que vivimos hasta el presente.

La presencia relevante de las culturas africanas se unió a las culturas de las naciones indígenas y  europeas en nuestras tierras. La diversidad cultural es producto de este devenir, que en nuestro continente latinoamericano y caribeño se manifiesta con mucha similitud.

La integración armónica e interactuante de las naciones aborígenes con las raíces africanas y europeas, constituyen el elemento más importante para valorar y apreciar nuestra identidad y reconocer la propia esencia de la venezolanidad. Por tanto, tal  como se establece en el Artículo 100 de la Constitución de la República Bolivariana de  Venezuela:

"Las culturas populares constitutivas de la venezolanidad gozan de atención especial, reconociéndose y respetándose la interculturalidad bajo el principio de igualdad de las culturas".

Según los principios de la Constitución, la identidad cultural venezolana se concibe entonces como la resultante de un complejo proceso derivado de cosmovisiones aborígenes, africanas, europeas, y más recientemente, asiáticas. La presencia e interacción de estas culturas conforma la venezolanidad en un mosaico de expresiones que, sin embargo, nos es propio como un todo de valores, mitos, creencias, símbolos, costumbres, tradiciones, signos lenguas, sueños y poderes creadores, que hoy se potencian bajo los principios de la inclusión, igualdad, equidad, solidaridad y soberanía, como fundamentos para la construcción del socialismo bolivariano del siglo XXI.

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