Comprender la frontera: historia y gentilicio

Venezuela comprende un territorio con un reservorio de recursos naturales importantes, ubicado estratégicamente en el plano geográfico de un continente en el que se ha desarrollado fundamentalmente una economía de puerto, de extracción, en relación de subordinación con las grandes potencias económicas mundiales.

Con 5.161 km de fronteras compartidas con 14 países, el debate y la investigación sobre algunos elementos relacionados con la historia, la geografía, la cultura, la economía, entre otras disciplinas, nos invitan, además de derrumbar los muros disciplinarios que coartan en gran medida la posibilidad de edificar una geopolítica de la integración, a pensar en una nueva frontera; para ello es necesario mirar como totalidad un proyecto emancipador que no se puede consolidar en un solo país y sí, se trata en parte de la vieja discusión sobre la construcción del socialismo en un solo país. Por ello, es necesario abordar distintas elementos desde una perspectiva multidimensional.

En esta nota concentraremos nuestro esfuerzo en comprender los problemas que hoy se presentan con la República hermana de Colombia, país con el que compartimos 2.219 km de frontera.

Las migraciones, fase superior de la violencia

Una definición clásica de lo que es una frontera hace mención a que esta última "es una línea convencional que marca el confín de un Estado". Y aquí, partiendo de esta definición, inicia a nuestro juicio, la violencia, sobre todo entre pueblos que históricamente hacían uso de determinados espacios territoriales, los cuales fueron fragmentados por los intereses de las oligarquías, dando cuenta de rupturas de la territorialidad ancestral de espacios que eran vitales para la subsistencia de pueblos enteros.

Ahora bien, es necesario destacar que las confusiones que han habido con relación al término han formado parte de la imposibilidad misma para el diseño de una política acorde para la solución de conflictos que alrededor del tema se generan, en ese sentido Briceño Monzillo en su texto Derecho Internacional. Fronteras con Colombia introduce una cita de Rousseau en la que se explica la diferenciación que hacen los juristas entre Frontera y Límite ("el límite es una línea"), mientras que la frontera es más "una noción espacial que corresponde a la zona que se extiende a cada lado de esta línea. En realidad, el término Frontera designa a la vez el límite y la zona delimitada". Es así como, efectivamente, podemos comprobar que la frontera es parte de un proceso histórico, por esa razón los problemas de hoy hunden sus raíces en el pasado, y con ellos la posibilidad misma de su solución radica en la capacidad analítica, de entendimiento y re-conceptualización de lo que vendría a ser uno de los fenómenos menos estudiados en la región.

Por ejemplo, para Oropeza (1989), la poca seriedad con la que se han asumido los problemas fronterizos a lo largo de la historia ha repercutido tremendamente en la identidad nacional propia, la han mellado, señalando de inútil la defensa de la Guajira por ser una polvareda, el Esequibo por ser un motarrascal, y las islas del Caribe, las cuales, en ausencia de agua dulce, eran tierra muerta, es decir, la visión geopolítica del territorio quedaba a merced de quien se pudiera interesar en esos espacios inoperantes para el progreso citadino.

En ese mismo orden de ideas, para finales de la década de los 80 Oropeza identificaba una serie de problemas estructurales que atravesaban nuestras fronteras. 1) Muchas de las nacientes de los ríos que recorren nuestra patria están ubicadas en las zonas altas pertenecientes a Colombia; 2) El método cambiario, librecambista para el momento, motivaba una fuga importante de divisas, de alrededor de 2 mil millones de bolívares "viejos" hacia Colombia; 3) La precariedad de servicios básicos, en algún lado de la frontera, genera movimientos hacia el lugar en el que se pueda hacer buen uso de estos, en tal sentido para el autor es "bochornoso que de Santa Elena de Uairén tenga que irse a la naciente ciudad brasileña de Paracaima para llamar a Caracas", ni qué hablar de educación, salud o acceso a los alimentos a lo largo de nuestros límites fronterizos.

Otro problema que podemos identificar es el despoblamiento característico de las zonas fronterizas, el cual hasta la fecha ha propiciado la proliferación de contrabando, narcotráfico y la incursión de grupos paramilitares, vinculados a este jugoso negocio.

Problemas limítrofes históricos con Colombia conllevan a una violencia estructural

Sin duda alguna, esos problemas estructurales identificados por Oropeza a finales de los 80 son motivantes de una violencia también estructural, que viene profundizando sus métodos, además de naturalizar modos de vida violentos entre los habitantes de los principales asentamientos fronterizos.       

En el mismo año 89 se crea el "pequeño recadi" para controlar el negocio de la extracción y el contrabando, siempre presentes en la zona. En palabras de Ramón J. Velásquez, el desabastecimiento se prolongaba de forma alarmante: se consideró que las toneladas de leche, huevos, aceite o gasolina estaba constituyendo para unos una conspiración contra el país, y para otros una amenaza que agrava la crisis interna, todo esto generado por las grandes oleadas de inmigrantes campesinos provenientes de Colombia, quienes huyendo de la violencia del Estado colombiano en contra de las fuerzas insurgentes se ubicaban en zonas fronterizas.   

Geo-historia de una región estratégica

Un poco más atrás, en la colonia y en el proceso de la conformación de la nación, la consolidación de asentamientos en las zonas montañosas del occidente del país tiene sus particularidades.

En el texto Los andinos en el poder de Domingo Alberto Rangel, se afirma que "Cúcuta es el único pasadizo que puede vincular a las grandes altiplanicies colombianas -Bogotá, Tunja- con la costa del Lago de Maracaibo (...) esa geografía de corredores abiertos al tránsito convierten al Táchira en prolongación de Santander y a Cúcuta en una caja de resonancias para el esfuerzo Venezolano". En principio, afirma Rangel, San Cristóbal nació como espacio intermedio a los mensajeros que se movían de Mérida a Pamplona, un pueblo posada, pues para la colonia y todo su ejército saqueador lo único importante era la extracción de minerales, la expoliación, el hurto. En definitiva, "la migración va a caer sobre el Táchira, cuando terminen las guerras de independencia, como una serpiente de numerosos anillos. En los valles, hasta ayer solitarios, hervirá el crisol de los pueblos fundidos por el abrazo del trabajo y la esperanza común" (Rangel, 1980; 7). El café es el motor de esta dinámica entre la recién creada frontera y los pueblos adyacentes.

Entonces, tenemos varias cosas por comprender desde el punto de vista histórico: 1) No había por lo menos en la Venezuela post-independencia un lugar más adecuado para impulsar la producción de café, pues el resto del país era un hervidero de rebeliones caudillescas; 2) En esta zona, por su característica de lugar posada no había la suficiente mano de obra, por tanto Llaneros y Colombianos poblaron una región que prometía otro modo de vida; 3) El lago de Maracaibo abría los caminos hacia el mundo, y con ello al comercio exterior. Cúcuta crece al lado de esta oportunidad para el desarrollo agrícola, aunque así mismo, según Rangel, en ese mismo lugar "creció una clase comerciante muy parecido a los de Maracaibo por su genio rápido y su codicia honda. Cuando el Táchira dejó de ser la mano vacía de los valles sin gentes, el instinto comercial de los cucuteños 'venteó' rápidamente el negocio".

De esta forma, el Táchira comienza a desarrollar su "potencial" productivo de la mano del naciente esquema explotador del latifundio, y la zona definitivamente muestra su importancia geoestratégica para la exportación de cualquier producto. Este dato no lo va a pasar por alto la oligarquía del norte de Santander, quienes van a tener la mirada siempre sobre esta región, incluso parte del plan secesionista en contra de Venezuela, que comprende la balcanización suramericana, entiende al Norte de Santander, Zulia y los Andes Venezolanos, incluyendo por supuesto al lago de Maracaibo como catapulta y a la vez entrada del/al Mundo.

No podemos dejar de lado los elementos vinculados a la contradicción capital-trabajo, trabajo productivo vs. capital financiero, debate éste que desde un principio se ha desarrollado, por lo menos, entre la frontera del Táchira con Cúcuta.

Otro elemento que no podemos descuidar es el hecho migratorio permanente y constante desde el momento mismo de las independencias hasta nuestros días, pues incluso en el momento más violento de la Venezuela republicana, la guerra federal, el Táchira seguía ofreciendo "prosperidad" en la producción de café, y seguía atrayendo grandes migraciones de llaneros y colombianos, quienes encontraban en esta región un espacio para el trabajo y la estabilidad cotidiana.

La oligarquía inscribió una perspectiva clasista y simplista con respecto a los asuntos migratorios

Las miradas que obstaculizan la solución de los conflictos

En un texto de Eduardo Hernández, bastante referenciado para finales del siglo XX, encontramos la imposibilidad misma, propiciada por el academicismo burgués para canalizar las cuestiones fronterizas. Para el autor en cuestión, Colombia "exporta hacia Venezuela su subdesarrollo", como si la oligarquía colombiana o su empresariado fueran las hermanitas de la caridad, o un ejemplo a seguir por sus prácticas ejemplares con la humanidad, por su solidaridad y correspondencia con la vida. Veamos esto. Para el último cuarto del siglo XX, la idea sobre los inmigrantes colombianos era la siguiente:

Están constituidos en su mayoría por braceros en las zonas agropecuarias tachirenses; y peones en hatos apureños; mujeres del servicio doméstico de las grandes ciudades de Venezuela; buhoneros y pequeños comerciantes diseminados por todo el país; expendedores en las bombas de gasolina del occidente de Venezuela; trabajadores en los ramos del transporte, alimentos, comunicaciones y servicios de vigilancia en las empresas industriales; mesoneras y baristas, prostitutas y encargadas, en centros del vicio en áreas rurales y urbanas de toda Venezuela; holgazanes y hampones, marihuaneros y criminales; expendedores de revistas y diarios en quioscos de las ciudades Venezolanas.

Tenemos entonces una perspectiva clasista y simplista con respecto a los asuntos migratorios, no reconociendo en primer lugar, que "las prostitutas o los malandros" son consecuencia de un modelo de explotación que sumerge a grandes sectores de la población a formas de trabajo indigno, porque en definitiva el sistema ofrece oportunidades socialmente aceptadas a un minoría privilegiada, y eso es visto de buena manera, entonces estamos ante un problema de magnitud binacional, que tiene que ver con los modelos de desarrollo.

Otro elemento que debemos dejar sentado es que para nuestro país el problema no ha sido migratorio, las oleadas de colombianos no son las que han generado los cordones de miseria, los suburbios y el comercio informal, la delincuencia y otros problemas sociales. Esta responsabilidad recae sobre los gobiernos del puntofijismo, quienes, durante ese período histórico, propiciaron políticas excluyentes contra las grandes mayorías explotadas.

Era y es muy cómodo endilgarle nuestros problemas a factores exógenos, por ello cayó como anillo al dedo el "mal colombiano", sobre todo al final de los años 80, cuando en la época del gocho pal 88, en pleno período "neoliberalizador", se estaba desmantelando el sistema de salud, por ejemplo, y al mismo tiempo se señalaban a los colombianos como los culpables del colapso.

Ocultar nuestra pobreza, esconder la responsabilidad de la oligarquía en el poder a costa de los colombianos, acusarlos como culpables de nuestras desgracias, fue un método muy utilizado a finales del siglo XX, ya que las propias políticas antipopulares de nuestros gobiernos neoliberales generaron miseria a lo interno del territorio.

No es posible solucionar los problemas que se generan en la frontera; las diferentes situaciones a raíz de los desplazamientos, si seguimos mirando a las mujeres provenientes de Colombia como prostitutas, o mujeres que:

(...) disfrutan a su antojo de la confianza y buen trato que les brindan las amas de casa venezolanas, a cambio de los cuales retribuyen muchas de ellas con una permanente actitud de insolencia y deslealtad, de hurtos y vivezas (Hernández).

Esta visión sesgada y mediocre (desde el academicismo burgués y también desde la filosofía de la derecha), forman parte de los elementos que ejercen una violencia significativa sobre sectores de inmigrantes, los cuales sufren actitudes de segregacionismo y son víctimas de xenofobia históricamente estructurada y camuflada.

Son estas cuestiones sociohistóricas a reseñar para comprender el devenir de la realidad fronteriza. Para explicar el presente, necesario es interpretar el pasado.

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