Cada honesto justifica la regla del robo y el crimen

Ajustémonos al vocablo corrupción, sin los latinajos de rigor: acto y acción de corromper por interés de tener poder. Aclarado el término, hinquemos el diente a la robadera.

Para que se desarrollaran hasta su máxima expresión las grandes corporaciones que gobiernan a su antojo el mundo, llámense petroleras o droguerías, en las áreas de transporte, construcción, finanzas, educación, arte, deportes, armas, alimentos o lo que usted prefiera, sus dueños se dedicaron no sólo a la destrucción de miles de culturas en todo el planeta, sino que también han contratado ejércitos de paracos, mercenarios, Estado Islámico, Al-Nusra, Al-Qaeda, y también ejércitos oficiales, así como congresos, asambleas soberanas, partidos de gobierno y oposición, de ultraderecha o de ultraizquierda (si no que lo diga Bandera Roja), sindicatos, o cualquier tipo de gremios u ONGs, poderes judiciales, cortes supremas, universidades, academias, laboratorios, tanques de cerebros, artistas, poetas, saltimbanquis, profesionales de todo tipo, laya y pelaje, corruptibles y honestos. Todo eso hicieron en cada territorio o Estado-nación, para robar, expoliar, saquear, atracar, desvalijar, en cada uno de esos sitios, las riquezas que hoy acumulan como señal de esfuerzo, constancia y tesón en sus grandes crímenes, los magnos pioneros, emprendedores, empresarios, patrones, capitanes, pranes, capos, jefes, emperadores, faraones, reyes, emires, califas, como fueron y son nombrados, estos ladrones, criminales, saqueadores, invasores, masacradores, en todo el planeta.

En cada patrimonio se pueden rastrear los crímenes cometidos por sus dueños. Mientras mayor es la fortuna del ladrón, mayor es su criminalidad. Pero veamos qué nos dice el decálogo burgués contra la corrupción: se deben cultivar los valores éticos y morales, en especial, la integridad, la rectitud, la honestidad, la austeridad, la equidad, la justicia, el respeto a la ley y la promoción de la cultura, del trabajo y el respeto a la palabra empeñada. Bonito, muy bonito, pero… ¿Esto lo puede ser y practicar Lorenzo Mendoza y toda su familia? Cuando se ha robado descaradamente 6 mil millones de dólares en los últimos años, sin contar los que se robaron antes de la revolución cuando eran dueños y señores del Estado, ¿puede ser equitativo cuando paga salarios a los trabajadores y les roba el producto de su trabajo? Esto por nombrar sólo a un criminal.

No existe ningún país en este planeta en donde no se cuenten por cientos las masacres cometidas por los empresarios. Directa o indirectamente, no hay lugar en donde no se haya desviado o desaparecido un río, donde no se haya contaminado el mar, destruido bosques, humedales, sabanas, esclavizado y sometido a la gente, donde no se haya desatado una hambruna, por el afán de lucro de estos señores, y todo justificado en nombre del progreso y la civilización. Cada honesto justifica la regla del robo y el crimen.

¡Allá va el ladrón!

La sociedad burguesa es la sociedad del robo y el crimen legalmente existente. Todos intentamos robar, porque el modelo lo impone la élite empresarial. El problema es que no todos tenemos los medios para robar en las dimensiones que saquea el dueño. Esto se puede definir sencillamente. Todo vendedor quiere vender caro y todo comprador quiere comprar barato, esa es la relación entre ladrones. Cada uno quiere quitar al otro lo que necesita, sin la mayor inversión; a esto se le llama comercio. Pero el comercio mayor que permite la real acumulación de riqueza es el robo del trabajo de los obreros, que ejecuta el burgués cuando intenta pagar menos salario, no pagar impuesto, o robar descaradamente las prestaciones del trabajador. Para ello crea al Estado a su imagen y semejanza.

El ladrón inventó la corrupción y concibió la lucha contra la corrupción, por eso los burgueses todos los días gritan muera la corrupción. La corrupción es un buen motivo para que los mediocres disfrazados de honestidad hagan política al servicio de los criminales dueños, porque no se necesita demostración, sólo se requiere el grito destemplado de ¡allá va el ladrón! mientras el que grita ya tiene la cartera guardada de la víctima.

La corrupción, el trapo rojo que oculta el crimen de los burgueses

Aclarado quiénes son los criminales y ladrones, pasemos a otro cuento.

Los burgueses usan el Estado como el paga peo de la corrupción. Todos los días del mundo quiebran empresas, son ineficientes, se gastan la energía de todo el mundo y ellos aprovechan los resultados, pero todo el día gritan que el Estado es el corrupto, y no hablamos del Estado en revolución como está hoy, sino que siempre los dueños han culpado al Estado y específicamente a los gobiernos del signo que sea como el corrupto. Por medio de intelectuales tarifados se ha creado el mito de la corrupción para ocultar el verdadero carácter del robo. No hay nadie que no critique la corrupción desde el más empingorotado burgués hasta el más proletario, nos desgañitamos gritando muera la corrupción, pero todos queremos disfrutar aunque sea un ratico de sus mieles. ¿Cuánto tiempo gastamos en decir que otro está robando? Saquemos la cuenta.

Qué tal si ese tiempo lo invirtiéramos en pensar en crear la cultura comunal que nos ayude a encontrarnos con la vida y no como un mecanismo para matar corruptos. En el mundo se han creado comités, comisiones, parapetos, barricadas, gritos, partidos, ONGs, contra la corrupción, ¿y verdad que sigue vivita? Porque la corrupción, ideológicamente, es el trapo rojo que usan los burgueses para ocultar sus crímenes.

Los mitos de la corrupción

En este proceso hemos descubierto los mitos sobre la corrupción. Por ejemplo, que la corrupción es la causa de todos los males y que si matamos a los corruptos todo funcionará magníficamente. Cuando pensamos y hablamos de esta manera, desconocemos que en 5 mil años la llamada corrupción nunca ha tenido solución. Sin embargo, ha sido el problema fundamental planteado por las sociedades en la historia humana. Recordemos el código de Hamurabí, ojo por ojo, diente por diente, la Biblia, córtale la mano, sácale el ojo, córtale los dedos, mételo preso, fusílalo, apedréalo, crucifícale, empálalo, el garrote vil, ¿y hemos acabado alguna vez con eso? ¿Existe una sociedad, un modo de producción, que lo haya hecho posible? Por el contrario, en la medida en que pasa el tiempo, es decir, que los ricos acumulan más riquezas, mayor es la creación de métodos y organización pagadas por los ricos para combatir la corrupción. No hay empresa o Estado que no tenga una contraloría, cada consejo comunal, cada cooperativa, hasta las canchas de bolas criollas tienen un comité anti corrupción. ¿Pero acaso en alguna de esas organizaciones se ha dejado de robar?

Un mito más: la corrupción existe porque no hay gente honesta y preparada profesionalmente en los gobiernos. Lo primero que hace todo gobierno en el mundo es rodearse de las mentes más lúcidas de su época, las más honestas, las más probas. Veamos de Gómez hasta nuestros días: no existe un solo pescador, obrero, campesino iletrado, en funciones de gobierno y en los anteriores mucho menos, y todos esos doctores y preparados de cualquier profesión, que no hayan robado y dejado robar. Entonces esa premisa no es verdadera.

Otro de los mitos es que la corrupción sólo la practican algunas personas. Todos sabemos: ¿Cuántas veces nos hemos coleado, pagado una comisión, una gestoría, para resolver los problemas cotidianos?

¿Cuántas colas hemos hecho en este mundo, cuánto nos han robado los comerciantes? ¿O es que acaso el refrán de que todo pulpero es ladrón está sustentado en la mentira? ¿O Makro es una ficción?, por nombrar uno solo.

Un mito muy nuevo es que este gobierno inventó la corrupción, de que la corrupción es sólo una conducta chavista. Pregunta: ¿cuántos años tiene este proceso y cuánto tienen los ladrones? ¿Cuántos años tienen las universidades, las escuelas, los centros de estudio, las fábricas, las iglesias, los ejércitos, los deportes, las artes, las oficinas? Pero todo el mundo piensa que los funcionarios tienen diecisiete años y que Polar apenas está naciendo.

El robo jamás se acabará mientras exista la cultura humanista

El dogmático no puede entender que la corrupción no existe, que es un trapo rojo para ocultar la verdad del crimen humanista. Que lo que llamamos corrupción son las acciones visibles de un sistema que se sustenta en ellas, pero a tan gran escala, que quienes realmente la ejercitan no son visibles. Lorenzo Mendoza se ha robado, repetimos, en los últimos años 6 mil millones de dólares y a nadie se le ocurre acusarlo de ladrón. Pero una enfermera se roba un frasco de  agua oxigenada y va presa, expuesta al escarnio público, mientras que a Lorenzo sus esclavos lo aplauden, y la estúpida clase media que se desgañita contra la corrupción le hace ojitos y le pica torta.

¿Cuál es el problema que debemos resolver los revolucionarios que apostamos por el cambio? Es cómo crear una cultura que sustituya a la humanista incrustada en los huesos de los individuos que constituimos el cuerpo social. Hay niños que tienen conciencia de la venta de su cuerpo, cada uno nos volvimos una empresa privada. La corrupción siempre ha sido el chivo expiatorio. Si intentamos, si salvamos, si adecentamos las instituciones capitalistas estamos diciendo que el capitalismo es una maravilla y que todo acto de creación debe ser execrado.

No perdamos el tiempo hablando de corrupción, eso sólo le interesa al capitalismo porque lo alimenta; son millones de horas-gentes que se pierden hablando contra un mito necesario al capitalismo. Debemos invertir el tiempo en pensar y diseñar la cultura comunal fuera de las motivaciones que hacen posible la existencia del humanismo. Cuando nadie tenga necesidad de robar, ostentar, acumular, entonces tengamos la plena seguridad de que la corrupción será como dios cuando se está contento: nadie lo nombra porque no lo necesita.

No repitamos consejas, lo que necesitamos es desmenuzar con claridad la funcionalidad mafiosa del sistema humanista para construir lo distinto. Pensemos. Porque obrero que piensa, bota la fábrica.

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