Genocidas y criminales de guerra sancionan al presidente Nicolás Maduro

En días recientes el secretario del Departamento del Tesoro, Steve Mnuchin, y el asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, H.R. McMaster, se pronunciaron en conferencia de prensa contra Venezuela calificando a Nicolás Maduro de "dictador". A esto se suma la inclusión (sanción) del Presidente venezolano en la lista de la OFAC.

¿Quiénes sancionan al presidente Nicolás Maduro?

Parece obvio pero hay que decirlo una vez más: Venezuela se encuentra bajo asedio, y el principal responsable de la insurrección (nacional e internacional) lleva por nombre Estados Unidos de Norteamérica.

Un país que viola sistemáticamente los derechos humanos no sólo de sus propios ciudadanos, sino también los de muchos otros pueblos a lo largo de su existencia como Estado. Que además tiene un cuerpo policial que masacra semana tras semana a negros, latinos y blancos pobres en general.

Uno que tiene alrededor de 80 mil prisioneros actualmente en régimen de aislamiento, en calabozos con pobre ventilación y poca o ninguna luz natural. Que es una de las naciones que menos garantiza la vida, la propiedad y la seguridad personal de sus habitantes, ya que cada año una de cada cinco personas es víctima de un crimen, la tasa más alta del planeta.

Manifestar en sus calles puede ser penado con seis meses a 35 años de prisión. Asimismo se encarcela durante un año a quien amenace, vía redes sociales, a su Presidente.

Ese país donde civiles poseen 70 veces más armas de fuego que el ejército. De 270 a 350 millones de armas de fuego están en manos de civiles.

Asimismo, es un país que provoca guerras desoladoras, se beneficia de ellas tanto política como económicamente, y además las dilata en beneficio de intereses corporativos. Que tiene, además y actualmente, por lógica pragmática el neoliberalismo más draconiano visto en la historia de la humanidad disfrazado de democracia y libertad, y cuyo gobierno se compone de multimillonarios como el mismo presidente Donald Trump, empresarios como el ex director ejecutivo de ExxonMobil y actual jefe diplomático Rex Tillerson y criminales de guerra como H.R McMaster.

Ese mismo país extorsiona financieramente a países que le llevan la contraria, junto con la amenaza militar latente con el impulso de cada base desplegada en los cuatro puntos cardinales del planeta. No en balde, según el investigador Gideon Polya, ha invadido 70 países de manera directa y ha asesinado aproximadamente a más de 20 millones de personas en sus cruzadas imperiales hasta nuestros días.

Hablamos, por supuesto, de Estados Unidos de Norteamérica, y no de Venezuela.

Estados Unidos es el país, si es que aún se le puede llamar de esa manera, que sanciona al presidente venezolano Nicolás Maduro por "imponer un régimen autoritario en Venezuela". Este último, un jefe de Estado que no ha cometido, pero ni de lejos, lo que presidentes norteamericanos acostumbran hacer. Porque es política de su país cometer crímenes a granel sin que nadie se atreva a chistarle y un presupuesto de guerra tan amplio como la cartera de Mark Zuckerberg.

Nuevas excusas de la guerra

¿Pero qué sancionan los gringos?

Al parecer, cuando un individuo es incluido en la lista de la OFAC del Departamento del Tesoro, inmediatamente se le congelan los bienes y las cuentas bancarias, de tenerlos, en territorio de Estados Unidos, lo que aún no han mostrado ni demostrado los gringos con respecto a ningún funcionario venezolano recientemente sancionado. Además, se le prohíbe a cualquier persona o empresa estadounidense hacer transacciones financieras o tener algún tipo de relación con la persona sancionada en cuestión. Incluso se veta la entrada al país de Mickey Mouse.

No parece un hecho tan lamentable, entonces, las sanciones a nuestro Presidente de la República. Los venezolanos, sobre todo los chavistas, pensamos que las preocupaciones de Nicolás Maduro para nada tienen que ver con jugar en Disneylandia, tomarse una foto con la Estatua de la Libertad de fondo o raspar la tarjeta Visa en las inmediaciones del Paseo de las Estrellas en Hollywood.

Más bien habría que ver por otro costado el hecho de las sanciones, las cuales parecen más una diana madrugadora con melodía gringa que la prohibición a Nicolás de cualquier cosa afecta o aunada al capitalismo estadounidense.

Porque con las sanciones también buscan atemorizar psicológicamente a la población venezolana y a la dirigencia chavista para que se doblege y entregue los recursos naturales del territorio. Es la zozobra de la gente con el qué vendrá, que las sanciones también se asoman en el cuerpo social. Aunque no pase de una amenaza por esa pretendida entrega en bandeja de plata, el objetivo siguen siendo las grandes reservas en petróleo y gas, más todo lo que contiene el llamado Arco Minero del Orinoco.

Las últimas medidas de Estados Unidos contra Venezuela son sin duda alguna una afrenta más en el marco de asedio extranjero contra la República. Una raya más para el tigre.

Tras el chantaje financiero

Los investigadores gringos anti-establishment tienen una carta de navegación al momento de tratar de entender lo que está detrás de cada decisión del gobierno de Estados Unidos. Lo resumen con la frase "Follow the money", que en español se podría traducir como "Sigue el rastro del dinero".

Puesto que el mundo se mueve por y con el dinero, sea ficticio, poco sustentado en una base económica real o duro como el oro. Eso no importa, lo que realmente interesa son las transacciones financieras, a la medida justamente de esos Estados Unidos que construyeron el entramado financiero global. De ahí que cuando se trafican bienes y servicios en dólares, quien lleva la ventaja en el asunto responde su teléfono desde Nueva York, Miami, Washington o San Francisco.

Y nuestra industria energética, así como toda nuestra arquitectura financiera que precisamente tiene sus bases en el comercio petrolero, se basa en el dólar como divisa de referencia. Es un asunto de poder, y en el caso de Venezuela resulta un punto de vulnerabilidad por diversos factores.

Porque las sanciones, para volver al asunto de esta nota, son armas en el marco de una guerra financiera que intenta impedir inversiones por parte de individuos, bancos y empresas de Estados Unidos en los asuntos petroleros de Venezuela, pues los acuerdos que devienen tendría que firmarlos el propio presidente Maduro por mandato constitucional.

La Asamblea Nacional Constituyente propuesta por el chavismo, y próximamente instalada, se lee desde el Norte como una seria amenaza a los intereses gringos, y por ello reparten sanciones a todo aquel y raquel con miras a torpedear el corazón económico de Venezuela: Pdvsa. No es ningún misterio que los funcionarios estadounidenses están apuntando a la industria petrolera venezolana, sobre todo Marco Rubio desde el Senado, quien parece haber tomado la batuta beligerante de la política exterior contra Venezuela por encima del Departamento de Estado.

Sin embargo, escribidores de burdos pasquines como Roger Santodomingo, periodista de El País de España, dicen que las sanciones "tienden a ser ineficientes", refiriéndose al daño real que pueden causar estas medidas unilaterales contra el Gobierno Bolivariano. De hecho, resume que la real motivación de las acciones estadounidenses no está dada por el conflicto interno que vive el país en estos momentos, sino por la alianza energética y política de Rusia con Venezuela.

Y sabemos que Rusia, al igual que China e Irán, son "amenazas existenciales", según el Pentágono, a los intereses de los Estados Unidos.

Así que Nicolás Maduro pertenece a ese Eje del Mal, presidido por Vladimir Putin (Rusia) y Hassan Rouhani (Irán), al que pertenecen otros jefes de Estado que (aún) resisten los arrebatos imperiales y que han sido incluidos en la lista de la OFAC: Robert Mugabe (Zimbabue), Kim Jong-un (Corea del Norte) y Bashar Al-Assad (Siria). Todos individuos que son reconocidos positivamente por sus propios pueblos.

Por lo que es también una raya moral para aislar tanto a Maduro como a Venezuela. Van a tener que seguir intentándolo, por más que no puedan.

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