Caso naufragio de venezolanos: memoria e indignación a conveniencia

Este miércoles 10 de enero medios venezolanos y extranjeros pudieron regodearse con la noticia del naufragio de una embarcación en las costas de Curazao que habría salido desde La Vela, estado Falcón. En la misma se encontraban venezolanos, cuatro de ellos hallados muertos y cinco detenidos para investigar el suceso.

Rápidamente se activaron las cuentas en las redes sociales para viralizar el relato. Se llegó a afirmar que habrían sido 20 los venezolanos que fallecieron, dato falso que fue presentado por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en un comunicado.

El caso vino a abultar el relato de "crisis humanitaria", que desde 2016 se está impulsando en la agenda mediática internacional contra Venezuela. Aun cuando la asfixia económica, producto de sanciones por parte de los Estados Unidos, la inflación inducida y la especulación en los precios de bienes fundamentales ha pasado factura en la población, la fingida preocupación de líderes de oposición es solo un llanto ornamental que se ajusta al complejo plan injerencista para promover una "intervención humanitaria". Mecanismo aplicado en países como Sudán del Sur, Haití y Somalia donde sus resultados los deja bien claros Eder Peña en su última investigación sobre el tema.

Un ejemplo de esta patética puesta en escena fue la de Luis Florido, quien en su cuenta de Twitter culpabilizó al presidente Nicolás Maduro de la muerte de estos cuatro venezolanos. Ese mismo que a principios de 2017 saliera de gira internacional con el disco rallao de la "crisis en Venezuela" y fuera uno de los causantes de la Orden Ejecutiva de Donald Trump del 25 de agosto, con la cual se busca asfixiar a la población económicamente.

Esta situación ocurre inmediatamente después del anuncio por parte del Estado venezolano de suspender todo tipo de tráfico aéreo y marítimo con Aruba, Curazao y Bonaire hasta tener resultados concretos en las reuniones de alto nivel con las autoridades de estas islas para tratar el tema de contrabando de productos provenientes de Venezuela. Sin embargo, la periodista Madelein García en su cuenta de Twitter relata que "no solamente las mafias contrabandean alimentos, cobre, oro y otros materiales estratégicos. También trafican con seres humanos. Es una historia vieja que se ha intensificado. Lanchas salen desde Falcón y los dejan en mitad del mar, allí deben nadar".

La sintonía regional para posicionar a Maduro como el origen de toda la maldad, ha fabricado chistes tan malos como la declaración de la gobernadora de Curazao, Lucille George-Wout, de que son los venezolanos los que han traído la delincuencia y la prostitución a la isla. Lástima que las orgías paradisíacas al mejor estilo "Wild On" hayan quedado registradas en la memoria inmediata de la juventud.

Curazao tiene historia en cuanto a la trata de personas en el Caribe

De hecho, la trata de blancas en las islas antillanas es un fenómeno de data larga. Diego Beltrand, director regional de la organización internacional para las migraciones, lo reconoce en un texto sobre el tráfico de personas: "A mediados de los cuarenta fueron las mujeres procedentes de Venezuela, República Dominicana y Colombia objeto de la Trata de Personas hacia la isla caribeña de Curazao".

Uno de los capítulos más tétricos en este oscuro mundo de redes mafiosas lo protagonizan justamente República Dominicana y Curazao: en 1985, el pueblo pobre dominicano sufría las consecuencias de los ajustes económicos guiados por el Fondo Monetario Internacional (FMI). La reducción de las exportaciones de azúcar acrecentó el problema de desempleo. En este contexto, 28 mujeres dominicanas fueron halladas muertas por asfixia en Santo Tomás (territorio perteneciente a las Islas Vírgenes de EEUU) dentro de un contenedor a bordo de un barco que se dirigía a Curazao para descargar material de feria.

Estas mujeres estuvieron encerradas durante más de dos días, hasta que estibadores las encontraron ya muertas. Luego de eso se supo que cada dos semanas trasladaban a jóvenes dominicanas con destino a prostíbulos en la isla de San Martín (franco-holandesa) y de allí eran vendidas a otras islas caribeñas.

El nivel de cobertura que tuvo esta noticia es proporcional al grado de inferioridad con la que nos tratan los países desarrollados: sin difusión masiva, ni condenas por parte de organismos internacionales, mucho menos la exigencia del desmantelamiento de las organizaciones mafiosas involucradas. En una nota en el diario El País donde ponen en cuestionamiento la veracidad de la historia, trataron a las mujeres directamente como prostitutas y no como seres humanos. Total, nadie las obligó a tomar ese camino, ¿cierto?

El que hoy sea automáticamente viral cualquier noticia que vincule a la nación venezolana con alguna de las miles de tragedias made in capitalismo responde al interés de las élites financieras por lograr un consenso en la opinión pública para invadir al país. Tanto el negocio del tráfico de personas, como los combos de canales humanitarios para combatirlos, son el "me pago y me doy el vuelto" que, en este capítulo de la novela, aún no les sirve para mellar el espíritu del pueblo venezolano.

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