Los crímenes económicos de la burguesía venezolana

El antichavismo venezolano ha utilizado, desde aquella promulgación de las 47 leyes habilitantes de 2002 hasta hoy, el hambreo como herramienta para hacer política. Y definamos el hambreo como una parte más de la acumulación por despojo que se ha extendido a sangre, fuego y trampa por todo el planeta.

La parte más cómoda de la táctica para el empresariado chatarrero anclado en Venezuela, pero con intereses lejos de esta tierra, es que hambreando obtiene ganancias mediante el control del mercado vía cartelización, escondiendo la comida y medicamentos para causar compras nerviosas con precios impuestos que empujan la inflación y, con ella, la depauperación del ingreso familiar.

El capitalismo globalizado y financiarizado ofrece bienestar a todos aquellos quienes trabajamos. Para ello es importante la condición consumista. Que seas cliente es la divisa de la acumulación capitalista. En su diseño global nunca ha estado la opción de que decidamos respecto a lo que comemos, más bien, los procesos de dominación colonial de la modernidad han estado acompañados de la imposición de gustos, dietas e imaginarios de bienestar.

Como la guerra es el motor de lo que la modernidad-colonialidad concibe como progreso, no es raro que, además de impactar y saquear toda la red de vida (naturaleza + culturas), el saqueo fundamental se ha ejecutado en nuestra psique, pero la desesperación en la que intentan sumirnos ha topado contra la resistencia de un pueblo decidido a vencer sin vender su futuro al malandraje global representado por Trump. Ante cada victoria política de 2017 han arremetido con aumentos inauditos de precios, más acaparamiento y campañas de miedo.

Praneando de frente con la comida y los dólares

En este mes de noviembre se supo que la productora de pollo y productos derivados Protinal Proagro, ubicada en el estado Carabobo, botó miles de pollos vivos aptos para el consumo humano en fosas en los últimos ocho meses para causar escasez, así lo informaron los constituyentistas Mario Silva y María Alejandra Díaz durante el programa "La Hojilla", en el que mostraron videos de cómo se vertían en una fosa miles de pollos que podrían ser criados para el consumo y para la producción de huevos. Díaz indicó que "Hay evidencia con cifras reales que demuestran que eran aptos para el consumo humano".

Las primeras investigaciones sobre el hecho detallan que Protinal, a pesar de haber recibido 4 millones de dólares correspondientes para vacunas y alimentos esenciales para la cría industrial de estos pollos de engorde, prefirieron enterrarlos vivos para causar escasez del producto.

En vez de ser llevados a las granjas de engorde para su distribución en los mercados nacionales, los pollitos, al salir de la incubadora, fueron llevados a cementerios donde realizaron fosas y los enterraron vivos con el pretexto de que no eran aptos, sin embargo hay pruebas que demuestran lo contrario.

La contribución a la guerra económica de la empresa Molinos Nacionales C.A.(Monaca) fue dejar vencer 50 mil kilos de harina de maíz para el consumo humano, en cuatro de los 11 silos que se encuentran en la empresa ubicada en el municipio Simón Planas del estado Lara. Tras la denuncia del Comité Productivo de Trabajadores (CPT) de Demaseca, una comisión de la Superintendencia Nacional de Gestión Agroalimentaria (Sunagro) reportó la extracción de 7 mil toneladas métricas de harina de maíz en mal estado.

Demaseca pertenece a Monaca, que pasó a ser filial de la transnacional mexicana Grupo Maseca (Gruma) desde 1999. Según la lista de divisas otorgadas por Cencoex a precios preferenciales publicada por el portal La Tabla, este grupo empresarial recibió más de 85 millones de dólares subsidiados tan solo en el año 2015, para la producción y distribución de alimentos a precios justos.

Los trabajadores denuncian que los dueños de la empresa "han dejado podrir la harina de maíz, ya que en el estado actual no es apta para el consumo humano. El material es vendido como materia prima para la producción de alimento de engorde para vacas y/o cochinos, producto que, al no estar regulado, aumentará la ganancia de la multinacional mexicana Gruma en detrimento de la población venezolana que ve desaparecer de su mesa lo que pudo haber sido el suministro de harina precocida para abastecer 12 mil 500 bolsas del CLAP".

En 2016 Monaca, Cargill y otras seis empresas controlaron las importaciones de trigo que en junio llegaron a las 90 mil toneladas, en julio bordearon las 90 mil y superaron las 110 mil toneladas en agosto, más del 25% el consumo histórico reciente mientras las colas en las panaderías no desaparecían.

Superar el "tabaratismo" y la dictadura alimentaria

Algunos datos de cómo estafa la agroindustria mientras nos hace creer que nos alimenta y hace progresar:

  • El 70% del mundo obtiene comida de la red campesina alimentaria, que trabaja con solamente el 25% de los recursos.

  • Por cada dólar que se paga por un alimento industrializado se deben pagar otros dos dólares en daños ambientales y a la salud.

  • El costo de los daños que ocasiona la comida industrial equivale a cinco veces el gasto mundial en armas.

Ya hemos abordado el rol de la agroindustria en la guerra económica contra Venezuela. Su vinculación al sabotaje político ha sido tal que Pascualina Curcio demostró cómo entre 2003 y 2013 crecían la producción (PIB promedio), importaciones y otorgamiento de divisas mientras la escasez también crecía, siempre vinculada a eventos de relevancia política como, por ejemplo, elecciones y el fallecimiento del Comandante Hugo Chávez.

La misma Curcio ha afirmado que las empresas transnacionales y nacionales que tienen el monopolio de la producción y distribución de alimentos y medicamentos están violando los derechos humanos de la población venezolana al negar el acceso oportuno a insumos de primera necesidad de los que depende la vida, de esta manera se pone en entredicho todo el discurso liberal de libertad, igualdad y fraternidad.

Un gobierno que no obedece a las élites multinacionales en detrimento de su población es atacado junto a esa población mediante la coacción económica y un hambreo dictatorial, restringiéndose así el derecho a elegir de la mayoría, es decir, su libertad. La redistribución de la renta petrolera como mecanismo de igualar oportunidades a las mayorías empobrecidas ha sido atacada continuamente convirtiendo a nuestras relaciones sociales en un campo de batalla donde, antes que la fraternidad, prevalecen el bachaqueo y la matraca como códigos reales del capitalismo.

El modelo de desarrollo que nos vendió el "tabaratismo", fase superior del rentismo consumista, consistió en entregarle dólares a la burguesía importadora para que los fugara y nos vendiera de todo en el marco de un discurso de "tú mereces tu gota de petróleo", y como si de ellos dependiera nuestra oportunidad de ser históricos, así se decretó de facto el papel de Venezuela como una mina en el mercado global.

Reconstruir la economía y la política es un reto en el que el directorio revolucionario está al frente, nos toca crear y construir alternativas a la estafa oligárquica que nos desangra y desaparece.

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