Tras años de críticas al chavismo, la clase media ruega por un mesías

A falta de proyecto de país el aspirantado antichavista requiere de un mesías, todos los liderazgos que han prefabricado se han fundido en esta molienda que llamamos revolución, de la que ellos, con sus desaciertos y ataques, también forman parte como azote mas no como contrapeso histórico.

La política es el faro que ilumina las cosas que hacemos

Edgar Olivet, comunero de la Sierra de Falcón

El mesianismo chavista es malo, el antichavista no

Después de despotricar contra el chavismo porque (según ellos) hemos visto en Chávez a un mesías, y no una síntesis de nuestras luchas, el antichavismo expone hoy en día lo más feo de su crisis: rogarle a un empresario para que sea su candidato.

La franquicia que adversa al chavismo no se sonroja al aceptar que no tiene dirigencia política y que su opción es un gerente "exitoso", aun después de que Piñera mercantilizara más la educación y aumentara el empleo precario en Chile, luego del remate atlético en los tarifazos y desempleo del europeísta Macri, también del asalto (o reforma laboral) que se ha lanzado la élite corporativa contra el pueblo brasileño y de la cómica no tan cómica de Trump pateando la geopolítica con su botón más grande.

Así le entregan la política a los ricos y le ponen nombre a la situación: plutocracia. Viven hablando de democracia pero se lanzan de pecho a implorarle a un tipo que sea candidato obviando la participación u opinión de sus bases, nada cambia.

Como es menester, no pueden faltar los cálculos, entonces les da por sacar cuentas sobre cuánto ganará o perderá el candidato en cuestión. Así y todo, con el tipo metido en las listas de Forbes pero aceptando créditos de la "dictadura madurista", Yon le cuida la espalda, calculadora en mano, y concluye que perdería más si no se lanza.

Han traficado con el mito de que un empresario siempre dirigirá mejor un país que un político obviando que esos mismos empresarios han colocado políticos a su servicio y les han convertido en mediocres que repiten discursos sobre ganar y perder a costa de lo que sea. Según esa lógica, Venezuela debe manejarse como Empresas Polar, el derecho a ser venezolano depende de la fidelidad a la compañía y no por haber nacido aquí, así como el derecho a comer tiene más que ver con cómo estén los estados de cuenta que con lo escrito en la Constitución. Un país de empleados.

Ni hablar de la pésima postura de Henri Falcón, quien desertó del chavismo por cuidarle unos terrenos y ahora habla de consenso con quien le arrea. Enternecen su lenguaje de perdonavidas y su pose de quien tiene control de la situación.

El mito del gerente exitoso

En realidad, es culturalmente complejo todo lo que respecta a la candidatura que surge de la desepesperación antichavista, ante todo porque parten del éxito de alguien cuyo mayor mérito es haber sido eficiente en comprar dólares del Estado para fabricar polvo de maíz que no nutre y construir un "imperio" a partir de cerveza y malta. Ese mismo que nos decía que debíamos subsidiarle los costos de la harina mientras sobreproducía un yogurt que no es yogurt con Alimentos Pascual, próceres de la malnutrición en España.

Un gerente exitoso, en el marco del capital, es un sacerdote del dios mercado que prioriza siempre la supremacía y ganancia de su clase por encima de todo aquello que se atraviese, es un mito de la cultura y el darwinismo social que nos han impuesto. Los únicos millonarios altruistas salen en televisión disfrazados de murciélagos, los de acá nos estafaron con una siembra del petróleo que consistió en instalar un parque industrial con chatarra y tecnologías atrasadas, ellos nunca se interesaron mucho en hacer investigaciones o desarrollar productos que satisficieran nuestras necesidades alimenticias o de otro tipo, sino en convertirnos en zombis adictos a trabajar poco en la cocina para trabajar mucho en sus casas o negocios.

Ahogados en la droga cultural de la inmediatez y la barriga llena de lo que fuere, prefiguramos el mito de que el éxito es ser dueño y explotar a otros, derribar a los adversarios nacionales o extranjeros con métodos sucios y construir un oligopolio extorsionador. Por allá en Argentina le llaman CEOcracia a esa sobreestimación del capital que subestima el trabajo.

A ese éxito que los pelucones modelaron es al que aspira el camionetero que deja viejitos y estudiantes botados en las paradas y el charcutero que te dice que si no te gusta el precio del veneno que te vende vayas y se lo reclames a la dictadura, nunca a él y al margen de ganancia que se autodecretó.

Asistiendo a una masacre de mitos y leyendas

Toca insistir en cómo las élites internacionales y sus franquicias mantuanas han masacrado todo su imaginario liberal. Fue así como en 1998 mataron su "nueva" forma de hacer política imponiendo la candidatura de Salas Römer, un gerente exitoso que vendió un modelo de gobierno basado en sponsors impactantes. Ya en ese tiempo buscaban outsiders como el susodicho y como Irene Sáez, a la hora de la chiquita sacrificaron a Irene en un circo romano dejándola sola para irse con Salas Römer. Titular: Outsider canibalizó a outsider haciendo lo que cualquier insider.

Otro mito al que también le dieron chuleta recientemente fue al de "ser elegidos por el pueblo para defender al pueblo": todos presenciamos a la clase política antichavista haciendo malabares para defender u ocultar los delitos de empresarios que esconden alimentos o aumentan sus precios, no acabaron con las colas porque eran parte del plan para sacar del poder a Maduro generando caos y muerte de gente trabajadora. Si sus electores sufren en esas colas es parte del sacrificio que tienen que hacer por un fin superior. Achichárrate en la cola, es tu cuota.

Casi es conmovedor el discurso richardmardista que habla de "esperanza para reconstruir" cuando se dirige a quien ha participado en la destrucción, la clase empresarial que hoy secuestra nuestros alimentos y medicinas nos apunta con una página web a la que obedece de manera alevosa, ellos solitos mataron la leyenda aquella de que "política es política y negocios son negocios".

No les queda un solo mito ni leyenda viva, se los echaron todos al pico, pulverizaron a sus nuevos "cuadros". Su cuento de la liberté lo quebraron secuestrando vecinos con las guarimbas, la igualité poniendo al dinero por encima de la gente y el de la fraternité quemando gente por ser pobre y parecer chavista.

La clase media, que ve en el gerente exitoso un modelo a seguir pero llama mesiánico al chavismo, presenciará cómo sus políticos negociarán, mentirán por redes sociales y se atacarán entre ellos para ver si alguien les cree. Les secuestrarán con el chantaje de que con ellos vivirán en un país "normal", les pondrán a soñar con que serán como los tres venezolanos en la lista Forbes y culparán a la dictadura de que eso no ocurra. Todo esto mientras preparan los colmillos para chuparles la vida con paquetes del Fondo Monetario Internacional.

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