La oposición venezolana en su laberinto

Los resultados en las recientes elecciones de gobernadores son la manifestación más clara del rotundo fracaso de la oposición, que perdida, una vez más en la trampa de la violencia, sepulta progresivamente cualquier posibilidad que hubiera podido tener de acceder al poder en el país, en lo que representa un claro ejemplo de subestimación al pueblo venezolano y su capacidad política.

Aún engullidos por el odio irracional que ellos mismos se han encargado de sembrar, no logran entender cómo es que a pesar de que cada día invierten más dólares y se vuelven "más radicales", también se vuelven menos, en un país que cansado, de la violencia, de los asedios, los hostigamientos, los ataques externos e internos, que en nada resuelven sus realidades cotidianas, apuesta por la paz y la estabilidad de los resultados concretos que el Gobierno nacional puede brindar.

Luego de las elecciones parlamentarias, en las cuales la oposición logró alcanzar una posición mayoritaria, abriéndoles así una oportunidad histórica para hacer gala de su "talante democrático", a través de un ejercicio legislativo "de altura" y del aprovechamiento estratégico de la coyuntura para la activación de mecanismos constitucionales como el Referéndum Revocatorio, sencillamente se enfocaron en "fórmulas rápidas" para salir del Gobierno que no conducen a nada.

No hubo tal ejercicio legislativo, sino la demostración continua del desconocimiento rotundo del Estado y las leyes, del desprecio al pueblo que los eligió (que apostó por la existencia de ese Estado), lo cual se ha podido constatar desde sus incontables ausencias en el hemiciclo legislativo, hasta las acciones emprendidas para socavar la institucionalidad, pasando por las innumerables y grotescas declaraciones junto a funcionarios extranjeros pidiendo la intervención de Venezuela.

Es así como en ningún momento ha estado planteado por ellos asumir un plan de construcción de un nuevo consenso político, un plan de atención a la población, un plan de promoción del diálogo. Ostentan alcaldías y gobernaciones que no se dedican a la función de gobernar, de elevar la calidad de vida de sus conciudadanos, de brindar seguridad, ni incrementar el acceso a la alimentación y salud de su pueblo. ¿Qué creen que hace el pueblo mientras ellos despilfarran sus recursos en viajes internacionales o pagando a bandas del crimen organizado para el ejercicio de la violencia?

¿Realmente creen que el pueblo de esas jurisdicciones no nota el vergonzoso papel que están haciendo en detrimento de su tranquilidad?

La anti-política

Este, sin duda alguna, es el curso de acción que debe tener cualquier fuerza política que desea desdibujarse por completo del stock de opciones que puede tener un ciudadano al momento de votar, esto grafica con claridad la manera de cómo la oposición venezolana en vez de fortalecerse como propuesta alterna al Gobierno nacional, se ha constituido en una anti-propuesta, ya que el terrorismo y la desaparición del Estado no está dentro de las opciones consideradas por la mayoría del pueblo venezolano.

Lo que en apariencia era una lucha por el poder político en contra del Gobierno nacional, en algún momento se convirtió en una lucha contra el Estado y su institucionalidad, planteando fórmulas extranjeras de desintegración territorial, terrorismo y crimen organizado, generando así el máximo rechazo por parte del pueblo de Venezuela.

Puede afirmarse con seguridad que fue más la indignación del pueblo venezolano al ver el sadismo e irracionalidad de las acciones opositoras, que las mismas carencias individuales y colectivas que pudieran estar teniendo en este momento, lo que ha sido un factor innegable de movilización de esas millones de personas en las últimas dos elecciones a favor de la propuesta del Gobierno nacional.

La política es el arte de las minorías.

Ilógico es pretender la toma del poder sin la construcción de una mayoría política estable en un significativo período de tiempo, lo cual solo ocurre como consecuencia de un trabajo sistemático con las bases populares y los diferentes sectores de la población, reconociendo la importancia de la integridad humana, individual y colectiva.

El proyecto de la Revolución Bolivariana, en el marco de la visión de Hugo Chávez, ha garantizado la supremacía política en la medida en que se conserva como un constructor de grandes mayorías producto de la suma de voluntades de pequeños grupos sociales, de intereses diversos, que han logrado alinearse en torno a rasgos comunes de una visión de país.

Desde la izquierda más radical y anarquista, hasta sectores conservadores de centro derecha, incluyendo los sectores militares más nacionalistas, se han visto convocados e incluidos, pasando por intelectuales, jóvenes, estudiantes, trabajadores, clase media, empresarios, artistas, congregaciones religiosas, entre otros.

La construcción de esta realidad, producto de la necesidad de generar consensos para blindar procesos políticos, parte de un trabajo minucioso y detallado de identificación de sectores minoritarios, que van sumando, hasta llegar a los grandes movimientos de masas que hacen viable las transformaciones y otorgan estabilidad en el tiempo.

Porque el poder solo vale en la medida en que logra la trascendencia en el tiempo, siendo el poder eventual un fenómeno bastante común, lo más importante que puede permitirle grandes transformaciones es su ejercicio por un tiempo prolongado. Razón tenía Simón Bolívar cuando se refería a que no solo felicidad suprema y seguridad social son necesarias, sino también "la mayor suma de estabilidad política".

La oposición desconoce el gran rechazo que siente el pueblo venezolano ante cualquier tipo de injerencia

Solo imagínense un segundo, si la oposición lograra el poder sin hacer política, ¿cuánto tiempo creen que lo conservaría? Si cuando el golpe de Estado en abril de 2002 fue por 48 horas, con los rasgos de su perversión actual, la desmoralización progresiva en sus filas, la pulverización efectiva de simpatías, la crisis de lealtades existente, no duraría ni ocho horas esta vez.

La injerencia extranjera

La excesiva injerencia internacional es corresponsable de la debilitada e incapaz oposición que existe en el país.

La intención progresiva de imponer métodos foráneos que en nada son aplicables a las características y cualidades del pueblo venezolano y la incapacidad de una "oposición nacional" que no puede ni de darse cuenta de esto, es el principal signo de su derrota.

Esta "sobre-protección" de los actores injerencistas lo que hace es avivar los conflictos en el seno del liderazgo opositor por hacerse acreedores de los dólares que despachan las agencias de financiamiento imperiales, que pareciera orientan el mismo a quienes propongan los planes más irracionales y con mayor probabilidad de fracaso.

Luego de que se despellejan entre ellos por recibir estas "donaciones", y repartirse los viajes, entonces en vez de invertirlas atendiendo las "necesidades del pueblo", las destinan a contratar malandros que destruyan los servicios públicos, roben a los ciudadanos, quemen camiones con comida y medicinas, y todo lo que se encuentren a su paso, incluyendo inocentes seres humanos. Pero lo más insólito de todo es que pretenden así que la gente los quiera en el gobierno.

El que Almagro asumiera el papel de oposición venezolana es una contundente evidencia del vacío profundo existente en el liderazgo criollo que pudiera capitalizar la atención internacional y movilizar a la población, y las manifestaciones obsesivas de diversas personalidades de otras latitudes para inmiscuirse con mayor intensidad en los asuntos del país, no ha generado más que el rechazo rotundo del pueblo venezolano cada vez que un extranjero le pretende mandar.

El laberinto

Hoy en día, luego de esa nefasta derrota, del despilfarro y la traición a sus propios seguidores, el liderazgo opositor luce cada vez más fragmentado e inseguro. Quieren resolver en días lo que no han podido resolver en 18 años, lo cual no es consecuencia de otra cosa que no sea su pérdida progresiva de credibilidad y su incapacidad de tener una propuesta política consistente en el tiempo.

En el marco de esa desintegración progresiva, quienes apostaron a la violencia lucen cada vez más sepultados, un sector que a pesar de ser progresivamente menor suele ser cada vez más peligroso, y que lejos de sumar saldo político, resta apoyo a otros sectores de la oposición que creen en la necesidad de fortalecer la vía democrática para acceder al poder.

A esto se suma los que creen que todos los problemas de Venezuela se resuelven desde el Departamento de Estado de los Estados Unidos, y que se han ufanado en pedir a gritos una intervención extranjera, representando la parte más vergonzosa e inmoral de la oposición venezolana.

Estos no logran siquiera analizar correctamente las contradicciones existentes en los gobiernos a los cuales van a "pedir ayuda", terminando embaucados por regímenes altamente impopulares e incoherentes en sí mismos. Esta ala de la oposición sella con violencia el fracaso de su futuro político.

Su excesiva sumisión a recetas foráneas, su insaciable búsqueda de intervención en los asuntos internos del país, fungen como causa y consecuencia de esa realidad, desconociendo el gran rechazo que siente el pueblo venezolano ante cualquier tipo de injerencia e imposición.

Máximas finales

  • Si realmente quieren ayudar a Venezuela, absténgase de intervenir en sus asuntos internos.
  • El pueblo venezolano siente una profunda repulsión cada vez que un extranjero pretende decirle qué debe hacer. ¿Les cuesta tanto entenderlo?
  • El pueblo venezolano, una vez más, hizo gala de su naturaleza esencialmente democrática cumpliendo su rol político a través del sufragio universal.
  • La oposición venezolana hasta el día de hoy no ha podido nuclearse en la construcción de una propuesta racional y real para la toma del poder.
  • "La causa real y determinante que ha hecho perder el poder a los hombres ha sido siempre el haber llegado a ser indignos de ejercerlo", Alexis de Tocqueville.
  • Nadie es más indigno de ejercer el poder que aquel que no lo logra anteponer al beneficio integral de la Patria, antes que sus aspiraciones individuales.
  • "Si no hay un respeto sagrado por la Patria, por las leyes y por las autoridades, la sociedad es una confusión, un abismo: es un conflicto singular de hombre a hombre, de cuerpo a cuerpo", Simón Bolívar.

Publicado originalmente en el blog de Daniela Rodríguez.

Notas relacionadas