Algunas verdades incómodas sobre la maquinaria electoral chavista

Desde las primeras elecciones en tiempos de revolución al chavismo se le ha acusado de ser una maquinaria clientelar, menesterosa y pedigüeña que va a las urnas por un "bozal de arepa".

Bajo ese estigma la clase media alta y los ricos de Venezuela construyeron el más grande de sus autoengaños: se convencieron a sí mismos de que Hugo Chávez ganaba cuanta elección se presentara no porque la gente lo quería y veía en él un referente político y de clase, sino porque "le daban algo" a cambio de su voto.

El problema no era entonces que un país mayoritariamente pobre y trabajador encontraba en Chávez un líder a su imagen y semejanza, sino que esa gente fó, fea, negra y maleducada -no lo digo yo, solo me limito a citar a la decencia hecha mujer en Diana D'Agostino- le daba su apoyo al Comandante por las misiones sociales y las bolsas de comida de Mercal y Pdval.

La fórmula entonces estaba despejada para la oligarquía criolla comercial y financiera que quería de vuelta su país sifrino y supremacista eclipsado por Chávez: le destrozamos las misiones, le quitamos la comida y listo, esa gente dejará de votar y sentirse chavista.

Ese autoengaño evolucionó en el tiempo; del bozal de arepas de Mercal y Pdval a las misiones más generales, luego a los Cherys, Mi Casa Bien Equipada, pensiones, Misión Vivienda, y así hasta el Carnet de la Patria y el CLAP en tiempos recientes.

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Sería también un autoengaño afirmar que el plan de destruir la arquitectura ideada por Hugo Chávez para distribuir socialmente la renta no haya sido parcialmente exitoso, sobre todo porque Venezuela tiene una única renta (la petrolera) y en tiempos de vacas flacas (bajos precios) se hace más difícil distribuir. A Maduro le tocó afrontar la resaca de la inmensa bonanza de años anteriores.

Se acabó en Venezuela el popular "cupo Cadivi", del cual bebió buena parte de la clase media, así como las entregas masivas de Cherys o de productos de Mi Casa Bien Equipada, en beneficio de sostener las pensiones y misiones sociales básicas que hasta el sol de hoy le han hecho frente al descalabro económico nacional.

Pero aunque el embudo de la distribución comenzó a cerrarse, sobrevivió la temible maquinaria electoral del chavismo. Incluso aun perdiendo las elecciones parlamentarias, mantuvo un sólido piso de 5 millones 622 mil votos que en 2017 -año en que la resaca de la bonanza se tornó en un thriller- ha venido aumentando progresivamente.

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En las elecciones municipales del pasado domingo el chavismo (aglutinado en el PSUV junto al Gran Polo Patriótico) obtuvo 6 millones 517 mil votos, un número bastante mayor en comparación con las parlamentarias y las regionales del 15 de octubre.

La victoria nuevamente es analizada como producto de la maquinaria. Paradójicamente en tiempos sociales y económicos donde no hay mucho que ofrecer "a cambio del voto", aumentó su capacidad de movilización y convocatoria.

Vuelven los tiempos del "bozal de arepa" (ahora transmutados en CLAP y Carnet de la Patria), solo que ahora preocupa que argumentos similares provengan de algunos opinadores catalogados como de izquierda.

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"La maquinaria electoral" para ricos y sectores de clase media alta es una forma de representar al chavismo, de imaginar al oeste de Caracas y pueblos o ciudades del interior que nunca han recorrido o solo visitado a través de las crónicas negras de las páginas de sucesos.

Esto es lo que más o menos ocurre según su imaginación: la gente es sacada de sus casas para que vote, se le vigila, antes de entrar a la erradura se le atemoriza con que no va a recibir más nunca el CLAP y que eso del voto secreto es una patraña. Luego cuando sale de votar se verifica que lo hizo por el PSUV y se le obliga a registrar el Carnet de la Patria en el punto rojo.

Lo que llaman "la maquinaria chavista" trabaja desprendidamente para ayudarlo a usted

Todo esto es realizado por malandros mototaxistas armados (la maquinaria), que a su vez controlan el CLAP y los Consejos Comunales, con gigantescas bolsas de dinero y canaimitas para realizar los pagos electrónicos o en efectivo a quienes voten por el PSUV, utilizando recursos paralelos de ministerios, gobernaciones y alcaldías aprobados.

Aunque le pueda parecer jocoso, con sus extremos y bemoles, así piensa la clase media alta que transcurren las elecciones en zonas dominadas por el chavismo.

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La tan criticada y despreciada maquinaria electoral chavista no es un contingente de personas que aparece el día de elecciones, contratada y pagada para que trabaje movilizando personas. Está constituida generalmente por las mismas personas (en su mayoría señoras de tercera edad) que día a día organizan el Consejo Comunal, distintas actividades deportivas, culturales o políticas y el CLAP. Gente que vive por y para la política de la calle, sometida a los desmanes de la guerra en todos sus frentes y sin reclamar que le den Misión Vivienda y nevera Haier para trabajar en función de la Revolución. Si de eso se tratara y fuera una posibilidad, hasta los opositores se disfrazarían de chavistas para ser parte de la maquinaria.

Listo. Cuando llega el día de las elecciones, todo ese trabajo organizativo, del día a día, que transcurre muchas veces invisible en las redes sociales, se pone en función de la convocatoria y la movilización.

Coordinan el traslado de personas desde sitios recónditos o con problemas de movilidad, atienden a los electores, están desde la madrugada hasta altas horas de la noche en el punto rojo registrando a quienes tengan el Carnet de la Patria, sirven de apoyo al Plan República, verifican el 1x10 (ahora 4x4) utilizando muchas veces el saldo de sus propios teléfonos. Ese trabajo corporal que nadie quiere hacer por resultar agotador y exigente, poco artístico o rentable para las redes sociales, lo hacen ellos.

No. No es gente que lo hace para hacerse millonaria o como un trabajo más, ninguno de ellos puede presumir de vivir en condiciones acomodadas o de tener un acceso al consumo distinto al resto. Son personas que en medio de la guerra se organizan en función de llevar cajas de alimentos a los barrios y caseríos, de recolectar el dinero, transportar y garantizar que el plan no fracase en el terreno, de atender cientos de problemas cotidianos a los que todo el mundo les huye.

Cuando critica a la maquinaria del chavismo, está atacando a esa señora y señor que desprendidamente trabaja para ayudarlo a usted.

Y aquí vale la pena una aclaratoria: el CLAP nació como una respuesta a la guerra económica y al bloqueo financiero, condenar que esa estructura haya servido para recomponer moral y políticamente las zonas pobres que siempre han apoyado al chavismo, es no entender que lo que está en juego es nuestra vida y no únicamente una gestión de gobierno. La gente lo reconoce y vota en función de eso, no por quien tenga la mejor campaña o producto de una extorsión. Verlo así sería negar las victorias épicas y profundas del Comandante: el trabajo político real de millones, trabajando codo a codo con las necesidades de la gente, detrás de cada boletín leído por Tibisay Lucena.

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Pero si usted cree que estoy hablando de fantasías y que todo esto es mentira, vayamos a las matemáticas, que nunca fallan. En los últimos 18 años los estados del interior del país (Cojedes, Portuguesa, Guárico, Trujillo, Barinas, Falcón, etc.), con dificultades mayores a las de las grandes urbes y mucho menos beneficiados por la distribución de la renta petrolera, mantienen una votación de 80% favorable al chavismo.

¿Cómo se explica entonces que se mantenga inalterada esta votación en tiempos buenos y malos? Pues la respuesta le ha venido rayando la pupila desde principios del siglo XXI venezolano: decenas de miles de personas que sin reclamar protagonismo y poniendo lo único que tiene, su vida y su derecho a hacer política, trabajando sin descanso para que nos no muelan el estómago. El mismo pueblo de millones de rostros del 13 de abril hoy hace su trabajo silencioso desde los CLAP, poco hacen falta los fuegos artificiales y los poemas heroicos ante los estruendosos resultados que va imponiendo.

Esa es la maquinaria que tanto detestan, y que este domingo 10 de diciembre logró sumar 945 mil votos. La gente fó, fea y maleducada que hizo posible una hazaña que no se esperaba nadie.

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