Análisis de matrices del 14 al 19 de septiembre

Equilibrio o equilibrismo: para quién tributa la actual línea de Correo del Orinoco

Argumentar motivos "profesionales" para disfrazar posturas ambiguas (por pensar lo menos malo) mientras se dirige un cañón comunicacional de la revolución no es válido en plena guerra histórica contra los dueños y poderosos. Hubiera sido sumamente fácil para esta redacción apelar al ejercicio de la opinión para encarar el sumamente incómodo tema del Correo del Orinoco, pero en este caso decidimos hacer un análisis científico que hablara por sí solo sobre la bomba de tiempo que tenemos con el diario que debió haber sido "la artillería del pensamiento".

Una cosa son las posiciones dentro de todos los que hagan vida en la redacción de un diario, otra la dimensión de quien la dirige y otra más el resultado de todo eso. Y en ese proceso simultáneo lo que interpretan quienes leen un medio impreso para informarse/crearse una opinión. Pero siempre, por todo lo que se sabe o se pudiera decir, la vida de un diario se crea en torno a una afinidad política y a los intereses de quienes financian. 

La lectura de un medio más allá de su orientación no deja de ser un hecho vivo, dinámico. Desde su fondo cultural, en términos abstractos, debería reflejarse el mundo al que se deben quienes lo hacen y lo leen.

A la hora de hacer el análisis incómodo, la peor herramienta (al menos en frío) es el alarmismo. Pero aún dejándolo de lado, al analizar el Correo del Orinoco se pueden recoger señas de un cambio en la línea que más pareciera ofrecer a una serie de concesiones en el discurso que usa las palabras de la misma forma en que la emplea el consenso ultra contra Venezuela, o sus posiciones frente a los actuales conflictos internacionales y su alineación con el sur global.

Así, como comentó Roger Capella en esta tribuna, para analizar al Estado Islámico (EI), por ejemplo, es Fernando Mires (una figura radicalmente opuesta al mundo multipolar, a Venezuela Bolivariana y a las alternativas regionales) al que el diario le ofrece centimetraje en el periódico, concluyendo y titulando, además, que "todos los países latinoamericanos deberían apoyar coalición de Obama contra EI". La entrevista la firma Vanessa Davies.

En el reino de las abstracciones podrá considerarse como válido apelar al equilibrio y permitir que voces que no congenien con una línea política tengan participación. Pero en el contexto mediático del año de "La Salida" no es lo mismo ni se dice igual, sobre todo cuando los otros impresos operan como la máquina de propaganda de guerra que son, no toman prisioneros y además se cagan airosamente sobre esa misma noción de "equilibrio", de "libertad de expresión".

Así, por lo tanto, que del 14 al 19 de septiembre el Correo del Orinoco arroje dos menciones positivas relacionadas directamente con el presidente Maduro, cuando por otro lado las referencias y menciones al Gobierno Bolivariano reciba un 72% negativo y un 28% a favor y que, de ñapa, la MUD goce con un 76% de menciones positivas, describen una línea muy distinta que en su aparente esfuerzo crítico le hace excesivamente el coro al otro lado del espectro político (por favor revise la secuencia más abajo).

Que si de un gobierno de un esquema bipartidista se tratara, en el que el sistema, el modelo político económico y en el que el sujeto político (generalizando, se entiende) no se encuentre en el centro del conflicto, sería de lo más normal. Pero cuando se tratan de dos proyectos radicalmente opuestos y contrapuestos, signado esto además en un brutal contexto de guerra, es otra la lectura.

Rebobinando el método

Para quienes hayan llegado tarde, las valoraciones positivas/negativas empleadas en estos análisis, que los acumula como repeticiones, parten desde el criterio de que tal valoración no sólo implique que uno u otro político sea chévere, sino que una mención positiva califica, por ejemplo, cuando en el contexto de esa mención se hable de actos, resultados o soluciones a situaciones en particular.

En un universo periodístico cuyo común denominador es la mediocridad (venga de donde venga), el uso de adjetivos (y sus repeticiones) son prácticamente una tendencia, muy por encima a otras vías para definirse sobre un tema.

La tarea sibilina

A la idea original del Comandante de rescatar seriamente la artillería mediática bolivariana para de esta manera tener un cañón más en la guerra cultural resulta que ahora en su seno le toca lidiar con los grises que podrían sacarse de la "objetividad", la "imparcialidad" y el  "equilibrio informativo" de una pax mediática ilusoria.

Así como no sólo de estas concesiones a zonas del discurso bien delimitadas y caracterizadas exclusivamente, porque tampoco se puede decir que ahora el Correo del Orinoco está en completa y perfecta sintonía con El Nacional, el también interesadamente gris territorio de la crítica revolucionaria se diluye cuando se usa el mismo lenguaje que utilizan en tu contra.

Todo el análisis anterior termina en dos grandes rasgos que, a la vez que sintetizan las intenciones del medio en cuestión, definen su ubicación en el proceso revolucionario. Esta ubicación no es una variable geográfica, es una temática personal (y política, obviamente) de quien lleva el carro del Correo en estos momentos. En ese ejercicio equilibrista, cordial y centrípeto de seguro lo que viene es una caída.

De la misma forma en que Vanessa defendió con tanta heroicidad a Luis Chataing podría también hacerlo para argumentar sus actuales posiciones, que tributan a otro consenso en el periódico bajo su dirección. Nadie va a andar quitándole lo bailao, pero que al menos diga algo sobre eso con la misma claridad con la que pasó tan chévere con César Miguel Rondón y el otro aborto cultural de finales del siglo XX. Sobre todo cuando el periódico en cuestión no es exactamente propiedad privada, feudo personal, como si no tuviera como fin último más aclarar que oscurecer.

Por cierto, esto también es crítica.

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