Análisis de matrices del 2 al 8 de agosto

Después de la gasolina, el diluvio

Con las declaraciones del Gobierno nacional sobre el necesario reajuste del precio de la gasolina se abre un espacio, político y simbólico, para que la oposición relance el cálculo clasemediero de la "crisis nacional".

El debate sobre el reajuste en el subsidio de la gasolina cumple un doble objetivo: recomponer el imaginario simbólico y político de la "crisis nacional" y preparar los insumos para el caldo de arrechera que se servirá caliente en las calles del país.

Prensa y televisión tienen el papel estelar en la distribución del mensaje principal: el "aumento" responde al fracaso del modelo económico, el cual busca soliviantar la corrupción y, en consecuencia, la hipoteca del país con el régimen chino.

Prensa a la brasa

El ajedrez de adjetivos no tarda en aparecer: en la siguiente gráfica podemos observar cómo las menciones, discursos e intervenciones en la prensa van, desde cifras icónicas (con 14% figura "130 BsF costará el tanque") que potencian la rabia inaugurada con la escasez del champú y el desodorante, hasta recursos históricos (con 12% aparece la congelación del precio en años) que dan por sentado, sin hacer ninguna reflexión de fondo, el objetivo por el cual Maduro recurre a semejante medida económica: la consolidación del país en una plataforma cubanodependiente que atenta contra su propia población.

La táctica discursiva responde, sin mayores vacilaciones, a una lectura de clase muy bien definida: Nicolás Maduro quiere recargar sobre el lomo de los profesionales y "gente de bien" el fracaso del modelo económico chavista. Se naturaliza, a través de los medios de comunicación, un subsidio abismal y saqueador que en nada contribuye en el desarrollo colectivo del país que la mayoría desea construir.

Mismo discurso, mismas caras

Desde que el Comandante Chávez recibió el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de La Habana luego de salir de Yare, ya anunciaban que esa relación se labraba con la intención de regalar el petróleo de Venezuela. Tienen más de 20 años diciendo lo mismo: el Gobierno regala el dinero de todos los venezolanos.

En la siguiente gráfica observamos cómo Antonio Ledezma, Capriles Radonski y Julio Borges facturaron con la misma paja discursiva: el aumento de la gasolina pagará los regalos al exterior.

Estandarizan, desde el punto de vista simbólico, el alegato que despista miradas y ponderaciones en el contexto económico estratégico de la República: presentan el subsidio como algo normal y natural, donde el Gobierno está obligado a regalar ingentes recursos económicos para financiar el esquema de vida individual y consumista de la clase media en contra de todo lo demás.

Es perfectamente lógico, la orientación política actual responde directamente a sus votantes: aquellos que piensan que la reducción de viajes y aventuras en su carro del año da por sucedido el colapso económico: punto de partida para relanzar la violencia en la calle atestiguando la presencia de un Estado fallido, incapaz de satisfacer las prístinas demandas de la sociedad civil, en pleno colapso.

Documentar el "colapso económico"

En la siguiente tabla podemos observar cómo las menciones van acreditando el "colapso económico". Con un 19% figura: "El Gobierno debe rendir cuentas antes de aumentar", y con un 15% y 15% respectivamente, se reparte el mensaje secundario pero igual de propagandístico y estupidizante: "Se regalan los dólares y por eso el aumento afectará a los venezolanos".

Las menciones realizadas en prensa consuman el objetivo estratégico de la oposición (y sus fracciones) en la actualidad: la gasolina es un golpe a la clase media, veamos quiénes asumen la lucha en la calle para terminar de derrocar a Maduro y quiénes quieren seguir dando ruedas de prensa.

La lógica voraz, a lo interno de la derecha fachoempresarial, reviste una importancia capital a la hora de comprender toda esta verborrea camuflada de táctica y panfleto político: al reajuste tocar una fibra sustancial en el imaginario clasista de los sectores medios acomodados, la oportunidad de dirigir a esa "masa enardecida" (que salen a protestar por cualquier banalidad) para ciudadanizar la violencia en la calle, no se puede dejar pasar.

Las menciones, por tal motivo, se estructuran de la siguiente manera persiguiendo el mismo destino que meses anteriores: calentar la mirada para luego incendiar la calle.

Temática en TV: la torta que ya no gusta

La "crisis nacional" es una invención mediática de la derecha. Vemos en la tabla a continuación cómo sigue ocupando un punto importante en la temática nacional en la televisión privada. Sin embargo, la concreción de este objetivo principal tiene adjuntas otras finalidades: las mismas irán cambiando de acuerdo al contexto político que nosotros (juntos pero no revueltos) creamos conveniente crear.

La torta, encargada de diversificar los carajazos desde el punto de vista gremial/sectorial/corporativo, se comienza a empichar. Vemos cómo el caos de la MUD (28%) tiene casi la misma importancia que la "crisis nacional" que ellos mismos inventaron.

Este dato no pasa por debajo de la mesa, pone en evidencia la constitución ilusoria del supuesto Estado fallido: ¿Si el país supuestamente está en "colapso nacional" cómo la cotidianidad partidaria y la coñaza interna de la minoría "nacional" tiene tanta importancia si el colapso apremia?

El acto mágico de crear realidades (crisis, escasez, desabastecimiento) se hubiera podido al menos sostener en el tiempo si hubieran seguido el consejo del joven y conspirador alcalde de El Hatillo: "Hay que lavar los trapos cagados en la casa".

El filamento petulante, arrogante y pretencioso de "la Venezuela bien" se trastoca con la alarma del reajuste de la gasolina. La derecha empresarial no puede ocultar en pantalla su crisis, pero no pierde terreno en prensa y aisladamente compiten para ver quién es el máximo protector de la "sociedad civil".

Todos naturalizan el subsidio. Estandarizan, sin comentario alguno, el imaginario del saqueo. La vanguardia guarimbera va acumulando los insumos mediáticos para apostarse nuevamente en la calle, encubriendo bajo el eje transversal de la ciudadanía el discurso posterior hacia fuera, buscando como siempre, el apoyo frontal y directo del imperialismo: presos políticos, violación sistemática de los Derechos Humanos y Estado fallido.

Ni un solo plato roto parten los paladines de la libertad (de mercado).

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