Análisis de matrices del 26 de julio al 1 de agosto

Del cataclismo de la MUD a la preparación de la nueva emboscada

La catástrofe opositora muestra un nuevo e interesante patrón de comportamiento político. Con la reaparición del rentable eslogan "Violación sistemática de los DDHH", aunada al proyecto de sanciones por parte de las celebridades del Partido Republicano y a la variación mediática de "la crisis nacional" persiguen el objetivo, estratégico por definición, que justifique un nuevo escenario violento en el país: testimoniar a punta de asesinatos, guayas y explosivos para colocar el recurso de marketing del Estado fallido.

Atmósfera purulenta (y camuflada): los límites de la cirugía mediática

Los medios son especialistas en el arte quirúrgico de ocultar y encubrir; llagas, ronchas y coñazos directos hacia la estructura ósea del carapacho de la MUD son sus principales clientes. Lo que es imposible camuflar son las intenciones, los objetivos y la direccionalidad de los argumentos. Sus aliados, tales como la televisión, redes sociales y demás instrumentos mediatizadores de la realidad proyectan la táctica perfecta contra el reciente y coyuntural acumulado histórico de la guerra vigente: lo que dijeron la semana pasada se olvida rápidamente; el ahora apropiado y extendido por la dictadura del apuro y el olvido.

El desastre interno de la MUD reestructuró su movida discursiva hacia afuera. En semanas anteriores podía verse un planteamiento político que intentaba ilegitimar y desacreditar al Gobierno (vaina que han hecho siempre), y someterse, como actividad accesoria, a constantes escrutinios narcisistas para seducirse hacia dentro, en el reflujo ególatra de quienes por abolengo saqueador creen merecer el poder político del país.

La siguiente tabla, que pertenece al megáfono Prensa, muestra cómo un 63% de artículos, comentarios y entrevistas de la oposición se va en convencer al país: el caos y las pugnas internas se han hecho tan evidentes que toda la estrategia propagandística tiene que ir hacia el convencimiento, forzado y repetitivo, de que ellos “son la alternativa” para Venezuela.

El recalque fastidioso y angustiado muestra su vulnerabilidad orgánica: en el proceso de autoconvencimiento perenne desacreditan –pura difamación rumorera y chismosa– al Gobierno en un 35% y lo responsabilizan –de la "grave crisis"– en un 2%. Razones suficientes para no ir al segundo round del Diálogo con el presidente Maduro y mucho menos seguir haciendo la propuestica olvidada: Gobierno de "Unidad Nacional".

El incendio comienza por la prensa

Otro comportamiento nada deleznable es el resurgimiento de algunos temas que, en el escenario post guarimba, quedaron en un segundo y hasta tercer plano para darle mayor impulso al personaje de la crisis.

"La gestión del Gobierno Bolivariano tiene como principal diligencia la violación de los derechos humanos". Esta vociferación tiene correas de transmisión instaladas mucho más arriba: abre el escenario simbólico para que los gringos revoquen las visas de 24 funcionarios venezolanos, y reinicia, también, la actitud petulante del Senado en su proyecto de apalancar un paquete más amplio de sanciones.

La caldera republicana bota vapor que jode, por ende el coletazo, que también arrastra billetes color verde, más temprano que tarde encontrará destino en alguna zona clase media, justificando así que el Estado ya no posee los medios legítimos para gobernar a la nación rebelde y cansada de tanto caos.

Temática en TV: constantes y disonantes “oportunas”

La temática en TV presenta la constante “crisis nacional”. Transversaliza los demás subproductos mediáticos otorgándole diversas manifestaciones simbólicas y discursivas: amplía el radio de acción para que los dirigentes puedan explayarse hablando sobre cualquier vaina parecida al desastre.

Sin embargo es necesario mostrar cómo, a diferencia del mes pasado, la famosa encerrona de la MUD resta porcentajes con respecto al tema de la inseguridad. Luego de la huida de Ramón Guillermo y Medina era necesario quitarle importancia al caos intrínseco, aprovechando el genocidio israelí para hacer comparaciones absurdas con respecto a los índices delictivos en Venezuela.

Es un mejor negocio hablar sobre las muertes violentas, promoviendo la desesperación en la sociedad, que comentar el atajaperros interno. En la siguiente tabla observamos semejante reagrupación oportunista de la temática nacional en TV.

Mecanización diversificada del personaje estelar “la crisis”

El grupo temático "producción/abastecimiento" sigue copando lo más alto en la especificación sectorial de la "crisis nacional". Sin embargo, el tema de las aerolíneas repunta con 19%: el arreglo con las empresas viajeras les dio tanta bronca que matan el tiempo en TV hablando sobre la recesión aeronáutica, y ante cualquier retraso de vuelos hacia Madrid o Francia afirman que la crisis de divisas arrecia y que en el desplace celestial ésta tiene su expresión más concreta.

La crisis se equipara porcentualmente (9%), dividida entre el sector hospitalario, los servicios públicos y el tema automotriz: van construyendo la narración permanentemente reactualizada sobre el Estado fallido venezolano, institución que no está capacitada y presta a complacer los fetiches preciados y atesorados de la clase media venezolana: la guarimba es, en tal sentido, salida unitaria e indisoluble para evadir este aislamiento y ostracismo de tipo castrochavista.

El silencio sobre ellos mismos prefigura y condiciona el exceso de ruido que hace piso específico para simplificar el estilo flojo y adjetival de los medios privados para enmendar el capote sobre la marcha, por un lado, y por el otro sostener la tensión simbólica que más de unos cuantos desean por ahí que ocurra: cerrar el círculo de la violencia informativa para que alcance expresión directa en el terreno sobre lo real, lo concreto: ahí donde todavía siguen perdiendo la batalla.

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