¿Ya fueron para Zara, amiguis?

En Venezuela comienza el Apocalipsis. Nicolás Maduro, en este preciso instante, con la ayuda de los paleros de Chávez abre las puertas del infierno. Lo primero es matarnos de hambre, para que sólo queden los que ya pactaron con Satanás, García Ponce y Rosalio Castillo Lara. El país se cae a pedazos. Lo dice con su contundencia habitual La Patilla: "Sigue cayendo la venta de alimentos básicos".

Venezuela es la Somalia de América. Menos mal que San Alberto Federico Apóstol nos defiende de las mentiras del Gobierno. Menos mal que Lorenzo Mendoza sigue usando el mismo champú; menos mal que Pablo Baraibar y Luis Vicente León están ahí, compitiendo por la voz de falsete que mejor trina las duras verdades del país (primus inter castrati); este país en el que ya es imposible ser feliz con esta terrible escasez de mostaza, el último que consiguió fue Capriles, que se lanzó ese selfie bellísimo (y eso fue hace tiempo: la mostaza pasa, los selfies quedan).

¿Cómo se puede vivir en este país de malas noticias, horribilísimas noticias? Nos están matando. De hambre, de inseguridad, de escasez: nos matan. Si Jorge Giordani fuera ministro, esto no estaría pasando. Y vienen y lo sacan: a un hombre decente, con filo en los pantalones del flux, con sus lentecitos civilizados; y vienen y lo sacan. ¿Dónde vamos a parar en este país en el que lo único que nos puede salvar es la energía que los estudiantes tienen para rumbear? "Yo me acuerdo cuando el Sambil abrió, Chávez apenas había llegado al poder; todavía en ese momento este era un país decente". Con la escasez de gomina Rolda, ¿qué va a hacer Rodrigo Diamani? Así no se puede.

Pero ya va, mariquis, claro que sí hay buenas noticias: te las dice Alfredo Cohen, el "hombre fuerte" de Sambil, el portavoz de las buenas nuevas. Mariquis, la semana pasada abrió Zara, abrió Bershka, abrió Pull & Bear, no todo está perdido:

¿Buena noticia? Qué va: ¡Buenísima, osea! Si Venezuela fuera gobernada por los Cohen, ¿qué país tendríamos ahorita? Seguro que la vinotinto hubiera clasificado al Mundial y todo, ¿sabes? Y Cohen no para de mandar buenas noticias: no sólo reabrió Zara en Caracas, también abrió en Sambil Valencia, y Cohen, loco de contento, tiene más que celebrar: Sambil Barquisimeto cumple "seis anos". Tú moch para semana y media.

Hay colas de colas, y las de Zara son colas de la libertad, son colas de nuestro derecho a ser libre en "nuestra Venezuela": que reabran Zara quiere decir que funcionó "el que se cansa pierde". Leopoldo en Ramo Verde debe estar contento con su obra, el Sambil custodia nuestros derechos, nuestra libertad, mariquis. El otro día vi a Julio Coco en la cola, arengaba a la larguísima cola de humillados y ofendidos a seguir así, en la reconquista total de nuestros derechos, osea.

"El otro día fui al Caracas Theater a la piscina y por la escasez de cloro me dio sarna"; "Pobre Luis Chataing, ¿para dónde irá ahora?"; "Aló, ¿doctor? Sí, en la cola de Zara, pero me arde, ¿es normal que arda?"; "En Punto Fijo las planchas pa'l pelo son diez veces más baratas"; "Mira pana no seas así vale, se ve el sanguchito de mortadela que tienes en el koala, qué raya"; "¿Cuándo abrirán un Zara en el barrio?"; "¿Habrá guayaberas de la talla de Requesens? Le quiero mandar un regalito". Dicen las voces democráticas en la cola democrática para coordinar el libre acceso a la libertad de Zara: redoblaron la seguridad, full agentes, osea. 

"Los precios son iguales a los de febrero del año pasado, es increíble", dice Marisabel Angola. Ante tanto aburrimiento vuelven a circular las verdaderas historias conmovedoras, de sacrificios: la dulcísima Dulce María Rodríguez, excelsa periodista de El Nacional, colega de Vanessa Davies, nos relata otra historia del pueblo de Venezuela: "Antonio Sánchez, estudiante, relató que llegó a las 4:00 am al Sambil. Vive en los Valles del Tuy y no le importó madrugar ni aguardar a la intemperie la apertura de los comercios con tal de aprovechar la oportunidad de poder comprar 'ropa de última temporada'. Gastó 4.500 bolívares en 6 piezas: 2 pares de zapatos, una camisa y 2 pantalones. 'Por un solo blue jeans de marca habría pagado 4.000 bolívares', afirmó", mientras se sonaba los mocos con papel toilet.

Pero todavía no hemos ganado la guerra: aunque parezca increíble, lo denuncia éticamente Dulce María en ese reportaje digno del Premio Nacional de Periodismo: aunque usted no lo crea, pero sí, en la Venezuela castrochavista todo tiene un límite: "Limitan la compra a 6 artículos". Así no se puede, mariquis, el país se está cayendo a pedazos. Nos morimos de hambre. Pero tenemos fasion.

 

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