Sobre situaciones y personajes peligrosos en el chavismo

Hacer política, interactuar en ella, compenetrarse en ella, ser ella, forma parte de un serio acto de responsabilidad social aunque muchas veces la asumamos como actos meramente personales. Lo que hacemos en política resuena en la gente, sea en las dos o tres personas que tengamos al lado o en cientos o en miles. De ahí que debemos asumirla como un acto de gran responsabilidad.

Empecemos por la cuestión de fondo. Bastaba que Chávez partiera físicamente de este plano para que a algunos actores de la izquierda venezolana le vinieran todas las fiebres infantiles que siempre les caracterizaron y que son típicas de las izquierdas en América Latina y en todo el mundo; les vinieron rubeola, paperas, sarampión y otras, que estaban contenidas por esa polivalente que significaba el mismo Chávez y su forma de hacer política, la cual se distanciaba mucho de tanto adefesio militante de la labia pendenciera, el dogmatismo, el divismo y las aspiraciones de gloria.

Mucha tela hay que cortar sobre eso y valdría la pena decir que Chávez no era el líder típico de la izquierda y por eso su forma de construir liderazgo desarmó a más de un embaucador profesional. Pero hay que admitirlo, lamentablemente sin el Chávez físico estos personajes aparecerán una y mil veces. Así que tal cosa no ha de extrañarnos.

Siendo la política un acto de responsabilidad social, asumamos como perfectamente coherente y necesario ejercer el acto público de advertir peligros, hacer opiniones y subrayar cuestiones. Desde esa afirmación, sigue lo que sigue.

Situaciones peligrosas

Primeramente, el chavismo no está para divisiones. Nunca lo ha estado y menos ahora. No tiene ciertas condiciones de robustez electoral para incurrir en la aventura del caos, la división, el despelote y el "sálvese quien pueda". Eso lo sabe cualquier chavista con dos dedos de frente. La situación del chavismo es, a lo sumo, bastante particular, en un contexto que el mismo Maduro ha denominado como la etapa de peores adversidades simultáneas con las que esta revolución ha lidiado. Y he ahí que, todo aquel o aquella que coquetee siquiera, sin decirlo pero sin negarlo, en la posibilidad de hacer fisuras (por pequeñas que sean) y en formar divisiones y tendencias aparte, sabe lo que hace y sabe el daño que hace.

En segundo lugar, son estos tiempos de pescadores en río revuelto. Los oportunistas no tienen sentido de la lateralidad política, pues son ambidiestros, vienen de la derecha y de la izquierda, van acorde a la corriente y esperan las aguas turbias para ver qué sacan. No los perdamos de vista pues de lejos se les ve el bojote.

Tercero: toda crisis, toda coyuntura, debe darle parto a la idea, a la síntesis que constituya alternativas reales y consistentes a la situación. Y he ahí que el ámbito de las ideas es ese sitial donde confluyen las pugnas y tal espacio está en disputa en Venezuela. Justo en estos momentos la derecha hace lo suyo, impone en el discurso la "necesidad" de la restauración frente a la "calamidad", refritan el discurso neoliberal, hablan del fracaso del socialismo, del modelo económico y la gendarmería adeca ahora tomando una parte del Estado evoca la nostalgia de tiempos pasados.

Pero el chavismo también disputa ese espacio político, aunque lo hace desde dos frentes; por un lado la dirigencia chavista y por el otro lado con factores de un "chavismo disidente" autonombrado así que cada vez va adquiriendo más rostros y más consistencia. Un chavismo en la dirigencia que evoca el devenir de 17 años vividos y luchados, y un chavismo por otro lado que evoca un modelo político y el país que nunca ocurrió y que sólo existe en algunos libros y artículos de opinión. Esta diatriba que divide el discurso chavista sólo beneficia a la derecha. Quienes intentan capitalizar el discurso desde la disidencia chavista no son ingenuos y saben esto.

Otra cosa a advertir: en Venezuela ha habido históricamente muy poca cultura de la política constructiva, creadora, inteligente e irreverente. Por eso Chávez fue Chávez. Se distanció de la derecha venezolana al intentar superar el adecaje cultural en la praxis y en la orientación medular de ejercer el gobierno, lástima que muchos no le seguimos la bola. Eso que llamamos "la izquierda venezolana" muchas veces ha carecido de la audacia política para posicionarse.

Antes de Chávez, la izquierda era atomizada y débil precisamente por esa ausencia de metodología creadora, constructiva e irreverente. Estaba contagiada por la inercia sociocultural adeca. La vieja política es la eterna crítica vacía y empleada como patente individual, que aúpa la división, practica la demagogia, emplea el señalamiento a la ligera como arma; el poco edificar, el no tener el sentido claro del verdadero enemigo y el infaltable "quítate tú pa ponerme yo porque yo soy mejor que tú". Cuidado con esas viejas formas de hacer política.

Cuidado con esas viejas ambidiestras formas de hacer política

Personajes y amistades peligrosas

No hay situaciones peligrosas sin personas y asociaciones peligrosas. Cuidado de quienes en la situación sensible del chavismo quieren darle una estocada desde adentro, pero sirviendo y favoreciendo a quienes están afuera.

Cuidado con algunos ex funcionarios. Modularon la política pública pero hoy se parecen a Poncio Pilatos lavándose las manos como si nunca tuvieron que ver con ella. Cuando eran funcionarios eran silenciosos serviles, hacían lo que les decían (bueno, a veces) sin rechistar públicamente. Pero muchas veces fueron también muy serviles a su propia conveniencia. Fueron desde ministros hasta funcionarios de mediana talla. Al dejar de ocupar sus cargos, por ser merecidamente o no desplazados, acudieron al acto sagrado de la crítica (que siempre es revolucionaria sólo si es creadora y colectiva), para convertirla en patrimonio y patente individual.

Nos dicen ahora lo que debe hacerse. Pocos sirven después de ellos, según ellos. Esperaron salir del gobierno para indicarnos el verdadero camino revolucionario. Muchos asumieron altas posiciones sólo por la magia de un Chávez que llegó sin equipo y que se nutrió de la desvencijada izquierda para hacer un gobierno plural. Pero al salir del cargo salieron las garras. Algunos merecen cierto respeto por sus años y trayectoria, otros no tanto.

Cuidado con los sujetos que se volvieron obesos de poder. Antes tomaban el poder para engullirlo hasta volverlo migajas en medio de su gula desenfrenada. Ahora quieren relanzarse como impartidores de lecciones de política y azuzadores de renuncias y ataques a Maduro. Su forma mórbida de hacer política sólo es sinónimo de una ideología flácida y probablemente diabética.

Cuidado con los partiditos, que en nombre de Chávez pretenden dividir al pueblo de Chávez para que sea asaltado y sometido nuevamente por los enemigos de Chávez y del mismo pueblo de Chávez. Buscan cuotas de poder. No son capaces de interactuar con sabiduría política con "sus camaradas" y apuestan a diluir en la confusión al cuerpo social chavista en el laberinto de la atomización y las parcelitas, reeditando viejos errores de la izquierda. Saben lo que hacen y saben el resultado de lo que hacen. No son nada ingenuos. Deben ser objeto de sospecha.

Cuidado con los pseudopensadores, autonombrados "intelectuales" que se creyeron demasiado capacitados y pensantes para asumir altas posiciones y que asumen que su carrera en ascenso fue injustamente truncada. Son un peligro. Son de los que alguna vez intentaron extorsionar a la dirigencia con su pluma amenazante aunque fuera un arma mediocre. Se autosobrevaloran y aunque digan tener una visión 360 de la política sufren hipermetropía de la fea, pues al escribir desde la "extrema izquierda" suenan idéntico a la extrema derecha. Su soledad y ostracismo los hace de cuidado, pues es en el laberinto o en pleno desierto donde, en su desespero, cualquiera es capaz de ofrecerle su alma al diablo para salvarse o tener el lugar que creen merecer. Algunos se vuelven amigos de los amigos de la CIA.

Cuidado con los prestidigitadores de Chávez. Las ouijas editoriales que interpretan lo que Chávez piensa desde el más allá o que siempre tienen frases para decir qué hubiese o qué no hubiese dicho, hecho, pensado o sentido Chávez. Se autodenominan "protectores del legado" aunque nadie los eligió para eso. Según ellos, ellos sí interpretan correctamente el legado de Chávez. Patentan como propiedad intelectual editorial una cosa que es uno de los verdaderos bienes públicos en Venezuela, pues todo el mundo tiene derecho a interpretar a Chávez y su legado.

Emplean la retórica de la hipercrítica, la derrota y la tragedia. Aunque son cronistas de lo banal, deprimen con su telenovela de las nueve. Desmovilizan. Emplean el verbo pendenciero y estigmatizan con vehemencia, pues cualquiera que se resista a su editorial fraudulenta es colocado como jalabola del "diablo Diosdado", negando a cualquiera su condición consciente y crítica por actuar con lealtad.

Hay que ratificar lo que no debe hacerse en política

Cuidado con los nostálgicos que creen que estamos en la Unión Soviética y exigen paredón contra todo aquel que sea escuálido o chavista que no tararee sus dogmas de tiempos y glorias pasadas que nunca vivieron. Que pretenden robarle a la generación que vivió a Chávez la quintaesencia de una historia que no nos contaron sino que vivimos. Que pretenden despojarnos de nuestra facultad de construir el socialismo desde nuestras coyunturas, de la nada, con toda la crudeza a cuestas. Cuidado con quienes se atrevan a negarnos nuestro derecho de darle identidad y cuerpo social a nuestro proceso histórico. A veces hasta con buena intención se hacen a un lado si una revolución no es a su imagen y semejanza (o al menos de lo que ellos tienen en su cabeza).

Lo que hay que hacer

Acudamos al principio de que hacer política debe ser un acto responsable. Hay cosas que en política sencillamente no se hacen, no deben hacerse, si es que hay buenas intenciones detrás. Algunos(as) compañeros(as) han podido agotar mil caminos y hacer mil cosas antes de hacer lo que hacen, pero no lo hicieron y por eso hacen lo que hacen, preñados de buenas intenciones (dicen algunos).

Algunos han sido muy irresponsables y lo que hacen resuena. Algunos sabemos que juegan a mal, de otros no lo sabemos. Lamentablemente no siempre hay que relegar a estos actores de peligro como si no existieran, a veces hay que identificarlos para ratificar lo que no debe hacerse en política, menos si esa política debe ser unitaria, revolucionaria y coherente con las más profundas aspiraciones históricas de nuestro pueblo. Hacer estos señalamientos no le corresponde a Maduro, nos corresponde a nosotros y ya explicaré el porqué.

El chavismo es una fuerza profunda, identitaria, necesaria. No hay que despilfarrarla, ni desde el dogmatismo ni desde el reformismo. Esta debe suscribirse a las aspiraciones profundas de nuestra gente aun en circunstancias como las actuales. De ahí que viene a este texto una palabra que no nos gusta porque fue empleada por la extrema derecha española, pero que resume en esencia lo que es y debe ser toda fuerza victoriosa. Debemos ser una falange. Sí, una falange.

No hubo ejército espartano, romano o macedonio que no haya vencido a no ser por su falange, esa formación táctica defensiva y ofensiva, hombro a hombro, en la que cada soldado de infantería sostenía el escudo cuidando al de su izquierda. Se trataba de una formación de escudo, sólida, impenetrable. Si uno fallaba, la formación fallaba. Si había entre la falange algún débil o algún adversario infiltrado, la formación fallaba. La consecuencia de la fractura de la falange eran la muerte y la derrota. Para nosotros corresponde el principio de la falange, pues en ellas no participan generales, la hacen los soldados, la línea de vanguardia. No le corresponde al alto mando hallar las fallas en la falange, nos corresponde a nosotros identificar nuestros puntos flacos.

Pocas veces la revolución nos ha demandado claridad y cohesión política como ahora. Tal vez, nunca como ahora. No dejemos que nadie, sea quien sea, venga de donde venga, la destruya. No es perfecta, no es exactamente lo que muchos quisiéramos que fuera, pero es nuestra. Desperdigarnos sería perderla.

 

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