De la serie "Vacío de poder en la oposición"

Ramón Muchacho y los alcaldes pasivo-agresivos

Más allá de estar montado en el carrito de la conspiración y de tratar de levantar parcelitas insurreccionales en sus municipios para el mejor disfrute de CNN, ¿qué reúne a Ocaríz, Blyde, Smolansky, Muchacho, Ceballos, Scarano y compañía? El estar asentados sobre los territorios que concentran el mayor poder adquisitivo del país, la aprobación mayoritaria de la neoliberalización local, la especulación sobre el suelo urbano y la conchupancia inmobiliaria, la expresión más acabada culturalmente de los valores turbocapitalistas que promueven el desmantelamiento del Estado social bolivariano.

Demografía pura: sobre estos municipios se asienta la clase comerciante-especuladora nacional, los sectores de la sociedad huérfanos de cultura y en crisis permanente. Sobre esa lógica territorial se reúne la red clientelar que quedó después del final de fiesta de la Venezuela saudita, con su incurable resaca.

"Por alguna razón los que manifiestan se vienen para acá", dice cándido y virginal Ramón Muchacho, alcalde de Chacao. Y más allá de las especificidades de cada una de estas figuras, es Muchacho el que mejor engloba la conducta pasivo-agresiva de los alcaldes cómplices de la violencia callejera y la guarimba física y mental. El niño del Country Club que dirige el municipio por el que fue electo por mayoría arrolladora rumbo al destrozo material de su propio electorado, ese que votó arrolladoramente por el musiú de Primero Justicia.

La rebelión de los catires

Desentrañando la construcción cultural que representa Muchacho, ahora tan en el centro de la palestra, se llega a la misma interpretación concreta del resto de esto figurines, autoasumidos herederos antipolíticos del fascismo financiero de finales del siglo XX, esos que debieron heredar el legado Tinoco y rematar lo que quedaba de nación venezolana. Son el bagazo sentimental del Consenso de Washington, los hijos tarados de Oswaldo Álvarez Paz, el hombre que medió entre Copei y Gustavo Cisneros.

¿Qué le queda a esa lógica territorial que representan los alcaldes pasivo-agresivos en cuánto a producción de identidad? La única herencia constante del espíritu blanco criollo es el terror traumático hacia el pobre y la pobreza, la capacidad olímpica del recule político por miedo o conveniencia y la orfandad cultural. No por eso carecen de identidad, o de conciencia política.

Es una mala maña de muchos sectores de la izquierda de desdeñar a estos personajes por carecer de "conciencia política". Pero esto no es más que un extravío, los agentes puntales del extractivismo urbano, los antiguos dueños de la mina Venezuela, son los que la tenen más clara respecto al peso específico de la Revolución Bolivariana, y eso es un claro ejemplo de estar en pleno conocimiento del momento histórico en el que viven. No existe confusión alguna.

Ellos saben que Venezuela Bolivariana como hecho histórico es irreversible, y se juegan lo que queda de recursos contra el chavismo, antes de que sea demasiado tarde y termine de alcanzarse el punto de no retorno.

Los procederes del Muchacho

Desde los inicios de la violencia política, del ingreso a la fase insurreccional abierta, los alcaldes electos el 8 de diciembre juegan un papel logístico fundamental, un papel claro, pensado, estudiado y preconcebido mucho antes, allá cuando se fraguaba la fiesta mexicana. El cuento del fulano "plebiscito" de Capriles cobra más sentido. Porque si algo sí te tiene Capriles en relación al resto es la poca capacidad de pensar con cabeza propia. Su triste vaivén discursivo así lo expresa.

Así como niegan de plano la lucha de clases, el eterno papel del gamonal histórico de las clases dominantes así lo obliga, y dada la indispensable necesidad de darle a la agenda golpista en desarrollo la impresión de "legítimamente espontánea", un "Ya basta" de laboratorio, Muchacho y el resto de los alcaldes pasivo-agresivos se encuentran obligados a lavarse las manos como Pilatos las bolas las advínculas.

Paralelo al fomento, encubrimiento y apoyo operativo a la guarimbificación de sus municipios, los alcaldes pasivo-agresivos deben jugar a una situación de blanqueamiento (en un claro ejemplo de propaganda blanca). Desde el 12 de febrero no ha habido día en que a partir de las 4:30, 5 de la tarde, la violencia no se desate -como nunca antes- en el municipio Chacao. Y no hay momento en que por su cuenta twitter, Ramón Muchacho haga las veces de periodista objetivo, reportero de redes sociales, en vez del alcalde responsable de los límites de lo que ahí ocurra antes de que se vean obligados a intervenir los cuerpos del orden público.

Entre la conducta cagueta y sibilina -con uno que otro brote de desafío político, el "Nicolás: Madura" de días atrás como la mejor muestra pasivo-agresiva-, destaca la cuerda que aflojan Muchacho y el resto, al custodiar los objetivos, en ese triste y desapasionado delirio de convertir su pequeña parcela en un Kiev de piñatería para el consumo específico de la mediocracia global, tan implicada en el derrocamiento del Gobierno y el cambio de régimen en Venezuela.

Smolansky en El Hatillo, Blyde en Baruta, Muchacho en Chacao, Ocaríz en Sucre y Antonio Ledezma desde su casa asumen como una fatalidad la construcción de barricadas, con un hecho objetivo e inobjetable del "descontento de las masas". Con todo, el tatequieto de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo a su dudoso protagonismo en el alzamiento, en un primer momento dudaron, fingieron obedecer. Luego, volvó la presión de los patrocinantes.

Guarimbeando en pleno mediodía

"Esto puede durar, esto puede llegar a ser peor, la pelea puede que pase de ser en la calle a ser en la sala de su casa" premoniciona Muchacho en alguna de esas asambleas ciudadanas en el municipio, video que presentó el presidente Maduro, dejando en evidencia la verdadera incidencia de los alcaldes sobre los acontecimientos. "Preparémonos mentalmente, ¿esta lucha es para que haya Harina Pan? No, esta lucha no es para que haya Harina Pan: esta lucha es para que se vaya el gobierno" remata, envalentonao, Muchacho.

Mientras tanto, el inventario del destrozo y la muerte continúa creciendo en ciertos puntos nodales de Chacao. Pero esto obliga a arrojar dos datos anecdóticos: 1) es de conocimiento general que los capitanes de las guarimbas no son de ninguna manera los vecinitos de a pie de los municipios nice y 2) en un radio de tres cuadras a distancia del epicentro de la violencia el sector caraqueño se encuentra en absoluta calma y normalidad: es ahí donde estacionan sus vehículos para bajar a luchar contra el rrrrégimen, es el aliviadero del set que tienen montado más abajo en las principales avenidas que por ahí cruzan, acentuando aún más la condición artificiosa de la agenda golpista, paquete visual de exportación para CNN. Patrón que se reproduce en el resto del "este del este".

Vicente Díaz, el guabinoso rector opositor del Consejo Nacional Electoral acusa al Tribunal Supremo de Justicia de dejar "sin efecto la soberanía popular ejercida con el voto" como si en el programa de gobierno y la oferta electoral contemplara el derecho a la guarimba y el suicidio económico municipal. Como si el voto entrañara la voluntad de ejecutar un golpe de Estado y una espiral de violencia contra ellos mismos.

Los casi 8%

La tardía jugada de los alcaldes de los pocos municipios activos en la guarimba y los sigüis partidistas de otros ediles de unificarse en asociación, más que reflejar un esfuerzo unitario describe la reacción darwinista de sobrevivir ante la ejecución de la ley y la Constitución, por el miedo que los congrega más que por decisión política. Justo antes de que Daniel Ceballos (alcalde de San Cristóbal) y Enzo Scarano (San Diego) fueran detenidos.

Visto así, los "daños colaterales" como la violencia que se vuelca contra ellos mismos, ellos lo asumen como sacrificio indirecto. De la misma forma que los destrozos que causan y las montañas de basura y caucho que llaman barricadas deben ser desmontadas y limpiadas por los encargados del aseo urbano, en clara expresión de esa lógica sifrina de montar la rumba y poner al otro a limpiarle su desastre, gesto hermanado con la solicitud de "buenos servicios" del narcoparamilitarismo para que hagan la guerra por ellos.

Ellos: los "rebeldes" que nunca en su puta vida se han ido a dormir con el estómago vacío.

Tarde piaron, pajarracos.

Notas relacionadas