Quién es y qué defiende Tamara Adrián

-Dirigente trans de Voluntad Popular, el partido formato NED hecho a la medida de Leopoldo López, es la coordinadora del movimiento Proinclusión del partido. Es el rostro más visible actualmente de los movimientos LGBT opositores a la revolución. La mayoría de ellos los componen profesionales, intelectuales y personas vinculadas a la academia, por lo que se llega a destacar, contrastándolo con los movimientos gays del chavismo, como un profundo sesgo de clase, que además lo conforman más siglas que gente militante. Son los movimientos inofensivos y aceptables para la actual opinión neoconservadora resignada a aceptar las exclusiones del momento y las comunidades "minoritarias".

-En estos días, cortesía de las posiciones personales de Pedro Carreño, le tocó su turno al bate y siguiendo la estrategia reactiva de Voluntad Popular, pasó a asumir su rol dentro del simulacro político que ejerce su partido, tocándole ser la agente encargada de priorizar la matriz del gobierno homofóbico y transfóbico, a contrapelo del hecho indiscutible de ser el único gobierno en la historia de Venezuela que ha comenzado a reconocer y a legislar en clave inclusiva a la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales. En una sociedad que puede preciarse de ser, más allá de la profunda radicalidad igualitaria en lo social y lo político, muy retardataria, machista y conservadora en cuanto a lo que se refiere a la discusión sobre las libertades sexuales en general e identidades sexo-genero diversas en lo particular. Lastres que se han venido superando significativamente y que visto el cuadro general pueden considerarse claros avances. Que todavía la discusión en torno al matrimonio igualitario y los derechos de adopción y patrimonio compartido que se desprenden de esto no se hayan alcanzado aún no expresa automáticamente lo que la señora Adrián acusa.

- Y si usted quiere entender lo que es la superficialidad "política" de la antipolítica de la MUD y de Voluntad Popular verá que los señalamientos de la Adrián obedecen a otras causas, ajenas y distantes de las reivindicaciones del movimiento gay. Porque su aparición en la actualidad mediática tiene como fin último desviar y ocultar el sonoro escándalo que significa esa red de corrupción que nutre, hace y conforma a Primero Justicia. Se vale de "denunciar" un problema de forma que logre desviar el fondo. Y esto se circunscribe a las posiciones personales de Pedro Carreño (que ya ofreció disculpas públicas) y a la actitud de escándalo sobreactuado del diputado José Ávila -ambos errores tácticos- a la hora de revelar y exponer pruebas y señas del grado de criminalidad cuello blanco del partido amarillo, buscando lo primero a la mano que favoreciera un desvío que pudiera ponerle freno al derrumbe de Primero Justicia en particular, y a la dirigencia opositora actual en general.

-Sin embargo, las sentencias de la Adrián y otros personeros son insuficientes en ambos propósitos: ni encubre lo que develó la bancada del Psuv en la Asamblea Nacional, ni alcanza a vender la imagen de un gobierno bolivariano homofóbico y machista de forma estructural, más allá de las torpezas antes mencionadas. Tamara Adrián, como el resto, sencillamente se pone del lado de la corrupción y lo que está encubriendo es la corrupción de sus aliados más cercanos. En su papel de defensora de derechos humanos y de las diferencias, traiciona su papel de defensora de los derechos humanos y las diferencias, si es que algo así tiene cabida. Ella no es más que la figura-válvula de escape del corretaje del partido de Leopoldo López, que sin ella no puede venderse como un partido de "vanguardia", asimilando luchas y reivindicaciones de los momentos actuales, y es en esa medida que Voluntad Popular necesita de Tamara Adrián. Tamara Adrián necesita de Voluntad Popular para poder figurar públicamente en el "mercado político", se coloca ella como marca registrada de las luchas LGBT, y más nada. Pero en su rol de "dirigente política", lo único que defiende son los intereses que medran y conforman a Voluntad Popular, y a sus dueños.

-De casi 60 años, Adrián cursó bachillerato en el Instituto Escuela en Prados del Este (este de Caracas), estudió derecho en la Universidad Católica e hizo un par de especializaciones en Francia. Es profesora de varias universidades de la capital. Hasta 2002 se llamó Tomás Adrián, cuando concretó su operación de reasignación sexual (cambio de sexo) en Tailandia. Es coordinadora de un movimiento que muchos califican de unipersonal. En esencia, nadie puede quitarle lo bailado a la Adrián en cuanto a asumirse como trans frente a las convenciones de la sociedad en la que creció y formó su adultez, que no es otra que la de la clase media alta del este de Caracas, con todas las protecciones que implica en términos económicos. Tamara Adrián no conoce la intemperie de la Avenida Libertador. No ha recibido la amenaza física del mundo de la prostitución, producto de las exclusiones laborales contra las transexuales pobres; no ha estado a la deriva, jamás, en el mismo sentido.

-Nadie puede negarle a la Adrián el haberse enfrentado y padecido las opresiones afectivas y socioculturales de la pacata e ignorante clase media caraqueña, pero de ahí al infierno que pasa una transexual proveniente de la pobreza con todo lo que de marginación y lumpenización que en muchos casos implica la exclusión trans desde la miseria, media un abismo. Ella no ha sufrido la exclusión racial y económica que la total y absoluta mayoría de la población homosexual pobre. Ella sabe a qué (y cuáles) intereses y modelo de sociedad se debe. Ella tiene una imagen muy distinta de la inclusión a la de cualquier militante de base sea homosexual, transexual, bisexual o intersexual: lo de ella es una imagen blanca y potable. Ella responde al discurso de la dominación que a su vez se vale de ella para legitimarse como un movimiento amplio, aceptado. Tamara Adrián nunca señalará el origen de las riquezas de sus compañeros de partido y militancia. A sus casi 60 años, Tamara Adrián con su invectiva está logrando lo que quizás no quería ser, pero es lo que hay: la Marta Colomina transexual. Y nada más que eso. Porque el peo sigue siendo un peo de clases.

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