Pedro Tinoco, arquitecto de la Venezuela arrodillada al mercado

Pedro Tinoco fue el gran arquitecto de la Venezuela financierista que iría surgiendo luego de la Venezuela Saudita que combinó la nacionalización chucuta y el embargo internacional al petróleo árabe. Pedro Tinoco fue el creador de ese poder que paulatinamente fue emergiendo y desplazando del centro del poder político a la partidocracia tradicional adecopeyana para darle paso así a los yupis y operadores políticos que pretendían darle forma a la Venezuela según Tinoco, una nación completamente insertada a la deriva de los mercados y su clase política totalmente controlada por el poder financiero, en este y de acuerdo al plan Tinoco, en manos de la Organización Diego Cisneros y el Banco Latino. Una dinastía financiera.

Aquella visión de Venezuela instalada en la psicología de la ignorantísima clase media nacional en la que el país fue una especie de bonanza infinita y que los momentos críticos de su economía eran aceptables (porque el centro de todos los males caía en el pueblo descalzo, algo completamente invisible para la gente bien) en gran medida se debe al éxito de quien podríamos reconocer como el padre de esa antipolítica de la que hoy en día boletean y ostentan un Leopoldo López, una María Corina Machado o un Capriles. Sobre esa base es que se concibe esa "mejor Venezuela" que pretende vender el fascismo criollo actual y la que por poco lograron coronar.

Con Rafael Caldera, ambos personajes representan cada uno tanto por las dos corrientes que caracterizan al fascismo criollo como por méritos propios; por el universo del poder económico, político y financiero en los que se movieron, y que cada cual, a su modo, encarnaron con precisión simbólica. Ambos son símbolos en la historia del país, y personajes centrales en este esbozo de historia nacional de la infamia.

Caldera, como representante heredero en línea directa de la cultura conservadora que encontró identidad moral, política y religiosa en el fascismo franquista y que siempre soñó con una república ensotanada, respetuosa de las buenas costumbres. Estas últimas destinadas a la minoría selecta que mejor predica y representa las grandes virtudes católicas, lejos del relajo y la rochela de la servidumbre, siempre obediente de acuerdo a su retrato del mundo.

Mientras que Tinoco, por el otro lado, se le puede concebir como el padre de ese fascismo financiero. Mucho más pragmático, sin los frenos morales del conservadurismo de un Caldera, para esta vertiente del fascismo financiero que de alguna manera inaugura Tinoco no necesita de la compasión para moverse. No obstante haber sido Tinoco ministro de Hacienda de Caldera en su primer mandato. Pero si para Caldera dios estaba en la iglesia, la religión de Tinoco era el capital mismo.

Hijo de Pedro Tinoco Smith, a su vez ministro de Hacienda de Juan Vicente Gómez, Pedro Tinoco hijo –siempre negando el apellido de la madre– recibe su primera formación en Suiza y los Estados Unidos. Se gradúa de abogado en la Universidad Central de Venezuela en 1948. Desde temprano, su escritorio jurídico Tinoco, Travieso, Planchart, Erminy & Asociados, del que es socio principal, agencia y opera para la Standard Oil, la compañía petrolera de Nelson Rockefeller, durante el perezjimenismo. Desde entonces pasa a ser el abogado estrella de las multinacionales en el país. Mismas que colocaron a Tinoco como ministro de hacienda de Caldera I.

Y si entre los años 60 a 1974 Tinoco vive una serie de desventuras políticas, quedando de último en las elecciones que llevaron a Rafael Caldera al poder en 1968, le llega la hora dorada con el proceso de las nacionalizaciones chucutas del hierro y el petróleo, maniobra que consistió esencialmente en actualizar a Venezuela dentro del sistema capitalista mundial de acuerdo a las nuevas exigencias. El hombre que se encargó de moldear esa Venezuela que desembocó en los treinta años de infamia, decadencia y corrupción que definieron a los sucesivos gobiernos. Si 1974 registra el apogeo de Tinoco, 1994 es el año de la estruendosa y definitiva caída del modelo Tinoco con la quiebra del Banco Latino y el colapso casi total del sistema financiero nacional.

Así lo precisa Pedro Duno allá en 1974: “se trata de que el ex ministro de Hacienda, el hombre del Chase Manhattan Bank, el representante de la Iron, el presidente del Banco Latino (Sudameris), es el hombre representativo del momento, situado en el cruce de caminos entre los intereses de las multinacionales, los empresarios venezolanos y los políticos de la administración actual. Naturalmente que un personaje que pueda responder a estas necesidades tiene, a su vez, que tener una aspiración personal de lucro, representa una voluntad de empresa y poder. Cada hombre tiene su época y cada época tiene su hombre, cuando coinciden hombre y tiempo, el éxito de los negocios del individuo de los negocios de la época están garantizados. El hombre del régimen es Tinoco y el régimen de Tinoco es éste, el de Carlos A. Pérez.”

Y es que volver a este momento de nuestra historia contemporánea se hará necesario tantas veces se precise, porque ahí están las bases de la fase capitalista de Venezuela que produjo el fascismo criollo de hoy en día. El país que la Revolución Bolivariana rescató, lo rescató fue de las manos de esa burguesía financiera que dominó el sistema del cual Tinoco fue su agente y artífice.

Tinoco integraba lo que para la época de CAP I llamaron el gabinete secreto, el grupo de “especialistas” que rodearon a Pérez en ese proceso, los llamados “doce apóstoles”. Y el molde lo hace Tinoco como Director de la Comisión de la Reforma Integral de la Administración Pública. Desde esa posición poco vistosa, Tinoco gobernó al país.

De ahí en adelante las cosas le fueron bien y comienza a crecer exponencialmente su poderío en el mundo de la banca. No hay cargo de autoridad bancaria o financiera (la Asociación de Bancos, la Comisión Nacional de Valores, etc.) que Tinoco no hubiera presidido. El Estado y las arcas públicas no eran más que el colchón de financiamiento de las empresas de los grupos de poder. La política como un mero instrumento intermediario entre el poder económico y el control sobre la sociedad desde la miseria: fascismo.

Siempre encontró la forma más contundente de pagarse y darse el vuelto. Enemistado con el grupo Vollmer y el Banco Mercantil, en el que Tinoco era una figura descollante pero demasiado ambiciosa, asume la presidencia del Banco Sudameris, para el momento una asociación de las ligas menores de las finanzas con capital venezolano e italiano. El que luego pasará a llamarse Banco Latino, una vez compradas las acciones italianas. Y aquí se describe el auge y caída del doctor Tinoco.

Fue durante ese primer período de Carlos Andrés que comienza a crecer el banco que encarnará la mayor estafa y el signo definitivo del corralito del 94' que arruinó a centenares de familias. Para 1989, el Banco Latino estaba técnicamente en bancarrota, ese mismo año, Tinoco pasa a ser presidente del Banco Central de Venezuela, y de la noche a la mañana, el Banco Latino pasa a ser el segundo banco del país invirtiendo en sectores estratégicos y comprando vorazmente bancos pequeños; logró su hazaña en apenas cinco años. Para ello Tinoco tuvo que echar mano de los depósitos públicos del Banco Central, mientras que desde ahí jugó un papel central en la neoliberalización de la economía. De la Venezuela Saudita de las empresas mixtas a la Venezuela neoliberal de la mano del doctor Tinoco.

Pero Tinoco lo quería todo para él y aquí radica, como siempre, su esencia trágica. La guerra sorda que llevó en el mundo de la banca para hacerse con todo y de paso dejar las bases de un modelo de control dinástico del país, estando el Banco Latino en llave con la Organización Diego Cisneros (ODC). La idea era colocar a Eduardo Fernández en la presidencia en las elecciones de 1993, mientras la yunta ODC-Banco Latino mandaba en todos los destinos del país, luego, poner a otra ficha de recambio propia, bien sea Carmelo Lauría u Oswaldo Álvarez Paz.

Era ya la cristalización de entrega total del país al poder financiero mundial, sin soberanía alguna. Una república empresarial donde la política no fuera más que una fachada formal que aparentara el funcionamiento de la cosa nacional, mientras detrás, mandaban los grandes cacaos. Leopoldo López, Capriles y María Corina Machado son bastardos de esa creación. La política como teatro: la antipolítica: fascismo.

José Santroz comenta que, “por la medida chiquita”, al momento de su muerte, Tinoco dejó una fortuna de 13 mil millones de dólares.

Dos cosas se interpusieron y frustraron los planes de Tinoco: el cáncer que lo llevará a la muerte en 1993, y más importante y crucial: el ciclo de resistencia del pueblo que se inició en 1989 con el Caracazo, y los alzamientos militares del 92, dirigidos por un Teniente Coronel llamado Hugo Rafael Chávez Frías.

Notas relacionadas