Miguel Ángel Landa llora por el país que se le desapareció, y tiene razón

Este hijo de la grandísima puta, cómplice de la clase social y política y de los clanes familiares que destruyeron el intento de tener un país en el siglo XX, anda llorando ahora porque "su" país, ese en que se sentía cómodo y "cheverísimo", ya no existe.

"Venezuela desapareció", se titula el artículo que hoy celebran todos los sifrinos y aspirantes a sifrinos, que viven de aparentar ante sus amigos de otros países que ellos son víctimas de una tragedia. Pocas cosas dan más caché que ser perseguidos de una dictadura horrible.

Como en Venezuela no hay tal dictadura entonces hay que aparentar que sí hay una, para que ese montón de burras y burros tengan de qué vivir en el exterior: de la lástima de unos y el interés de otros, a quienes también les conviene hacer creer que Venezuela es un cataclismo donde nadie puede sobrevivir.

A Miguel Ángel Landa le parecía de pinguísima que los de su clase, la clase media-alta con ínfulas de aristocrática, gobernara y no dejara para nadie. Le encantaba ese país en que él era un protagonista de cine y televisión, endiosado y adulado por una población entrenada para comerse el embuste de que las personas que aparecen en la pantalla son más importantes, superiores, mejores y más exitosas que quienes tenemos una vida cotidiana sin hordas de fans.

Hoy, en efecto, ese país no existe: ahora la gente no se desmaya de la emoción en las calle cuando ve a un estúpido de TV disfrazado de galán, sino que va y le habla y le discute y lo interpela. Ya el Landa no es ídolo ni Dios de nadie: Landa ahora es un viejo güevón que tendría que explicarle a la gente por qué el Estado criminal de los adecos le parecía más bonito que la historia en construcción.

Aquí y ahora, en este tramo de la historia en que por fin estamos construyendo un país (porque nunca tuvimos uno: casi lo tuvimos pero los secuaces adecos y copeyanos de Landa lo castraron y descuartizaron en su etapa fetal para echárselo a las pirañas gringas).

Landa está sintiendo hoy lo que nuestros ancestros sintieron hace muchos años: la sensación de que un país desapareció y está surgiendo otro. Cuando no había capitalismo industrial nuestra gente era amable, dulce, apegada a la tierra y a los afectos reales; ellos perdieron ese germen de país porque el capitalismo lo destruyó en desmedro de ese otro que extraña Landa: uno donde gobernaban los empresarios locales y los norteamericanos, y donde los pobres sólo eran tomados en cuenta para votar por AD-Copei y para engrosar la legión de mano de obra esclava.

Sí, Miguel Ángel, mamagüevo: claro que perdiste tu país, esa cosa infecta que tú te atreves a llamar "Venezuela". Ahora el país nos pertenece a los pobres. A los que antes se echaban a besarte los pies y que hoy comprenden que tú no eres un ser especial sino un bicho de carne y hueso como cualquier otro.

Se te acabó el país de los privilegios, mojón de mierda. ¿Para cuándo la mudanza o el mecate en el pescuezo?

Aquí, lo que escribió el cabrón del Landa.

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