Matar la economía rentista. Cuestiones sobre industria nacional

La economía rentista al desnudo reaparece con su fealdad cada vez que los precios internacionales del crudo caen dramáticamente convirtiéndose en un factor altamente corrosivo para la estabilidad política, económica y social en Venezuela. Sucedió ayer y sucede hoy. Es una verdad ampliamente conocida pero no por eso rigurosamente abordada: la estructura consolidada del rentismo inhibe todas las capacidades reales de sustitución de importaciones y diversificación de exportaciones.

Pero más allá del relato de nuestra condición objetiva (y subjetiva) de país rentista, analicemos breve y superficialmente lo que se ha hecho, cuándo se ha hecho y quién ha hecho algo, a los fines de superar tan pesada condición que convenientemente se consolidó históricamente en Venezuela en beneficio de muy pocos. Hagamos también la pregunta: ¿por qué no termina de estallar la Venezuela productiva?

Sobre el sector privado

Estructuralmente este pasó de ser un sector incipientemente industrializado y consolidadamente agroexportador, para ser hoy un sector fundamentalmente importador. Esto se explica, como ya lo ha afirmado anteriormente Luis Salas, en una clara "huelga de inversiones" que está registrada en Venezuela desde los años 70.



Hablamos de la "desinversión privada" como problema profundo que estructuralmente no desarrolló alternativas económicas al petróleo, sino que más bien consolidó un tejido industrial precario que como rémora se pegó de la teta petrolera para depender perennemente de esta.

¿Cómo explicar esto de manera más sencilla? Veamos un ejemplo simple: producir una panela de jabón azul en Venezuela, producto con más de 100 años en el país y que fue producto de una labor artesanal, es hoy otra de las miles de actividades económicas que dependen de divisas de papá Gobierno, pues las líneas de producción de materias primas, convenientemente, no están instaladas en el país. El principal ingrediente activo del jabón azul es la sal sódica de ácidos grasos. El Estado debe asignar divisas para que se importe esa materia prima. Existiendo condiciones para producir en nuestro suelo esta materia prima no se hizo, pues el negocio consiste en la extracción de divisas por vías legales a la renta estatal.

Otro ejemplo: en Venezuela existen líneas de producción incompletas adrede. Kimberly Clark, empresa rectora de pañales Huggies en Venezuela, en años anteriores producía 30 millones de pañales mensualmente con materia prima totalmente importada, la cual pudo desarrollarse en el país, dado que son fibra de algodón y poliéster, pero no fue así. Los ejemplos son incontables y la lista es larga.

Venezuela desarrolló un precario modelo de factoría de ensamblaje. Consiste en importar cosas para luego ensamblarlas, mezclarlas o procesarlas y luego empaquetarlas. Esto difícilmente lo lee usted en la prensa escrita privada, la que de hecho aparece en papel periódico que también es importado, pues en más de 100 años de historia periodística de Venezuela la única fábrica de pulpa para papel periódico la inició el Estado en 2010 y estas plantas polivalentes de pulpa siguen en desarrollo.

Venezuela desarrolló un precario modelo de factoría de ensamblaje

Hablemos del Estado

Sustituir importaciones parte del principio de procesar parcial y totalmente en el país todo lo que sea posible, to aquello que esté sujeto a las importaciones. Basémonos sólo en un ejemplo, en el ramo de las tecnologías de la información y comunicación.  El Estado a través de empresas como VIT y Vtelca ensambla equipos computadores y celulares con partes importadas de China, restándoles una porción considerable del valor agregado que nos recargan importando los aparatos ensamblados. Este es un ramo de gran demanda interna y gran dependencia de las importaciones.

Recientemente el Estado ha hecho acuerdos con la empresa privada líder en el ramo en Venezuela y de las mejor posicionadas en América Latina, una excepción entre las empresas privadas en Venezuela. Tal vez tenga que ver con que su dueño es de origen turco y, aunque sea bien capitalista, no forma parte del círculo familiar empresarial mantenido de la renta de los Valles de Caracas. Hablamos de Siragon, que ensambla gran variedad de electrodomésticos y equipos computadores. Siragon trabaja con la modalidad de ensamblaje, pero al menos fabrican sus propias tarjetas (componente vital en estos aparatos). No importa todo. VIT migrará a ese nivel de desarrollo, pues Passan Yusef (dueño de Siragon) forma parte de las vocerías empresariales en el Consejo Económico Productivo y es coautor de esa asociación de transferencia tecnológica público-privada en Venezuela. Otra empresa, menos desarrollada que Siragon pero que también ensambla artículos que suelen ser importados ya ensamblados, es CiberLux, una variante de aquella llamada Frigilux, enfocados en electrodomésticos y electrónica. Por esa línea el mismo Estado también instaló la planta Haier en Venezuela.

Con su 2da línea de producción inaugurada hace poco, VIT logró ensamblar 166.165 equipos de computación, incluyendo servidores, de los 164.600 que se había propuesto producir el año pasado, reza la memoria y cuenta del Ministerio de Industrias 2015. En él se hace referencia a la puesta en marcha del laboratorio de investigación, pruebas y certificación de computadoras, servidores y sus componentes, tras una inversión en infraestructura de Bs. 113,3 millones. Para 2016, VIT se propone construir la fábrica de componentes electrónicos para equipos de computación ensamblados en la fábrica. Pero en definitiva, por las modalidades estatales o privadas, el modelo sigue siendo de ensamblaje aunque se apunte al desarrollo de capacidades nacionales.

En otros temas, en 17 años Venezuela sustituyó otras importaciones que se realizaban en 1998 en otros rubros. Por ejemplo, en hortalizas. Venezuela sustituyó la importación de 12 rubros que eran casi totalmente importados en ese renglón. Aunque con altibajos en sus niveles de productividad por muchos factores, hay bienes que han sido objeto de una continua inversión estatal con el propósito de que sean producidos en el país y prescindir de su importación: maíz, arroz, palma de aceite, cerdo, carne de res, frutas, oleaginosas, pollo y otras áreas conexas a sus cadenas de suministros como alimentos balanceados, fertilizantes, biocontroladores, entre otros.

Plantas ensambladoras de maquinaria agrícola, transporte pesado, transporte público y particular también han sido parte de la inversión estatal (Venirán, MazVen, Yutong, Venirauto, CheryVenezuela).

La petroquímica ha sido un sector altamente importante, sensible objeto de la inversión estatal. De la petroquímica dependen muchos sectores conexos en la industria del plástico o polímeros industriales necesarios para muchas actividades en el país, pues tiene un impacto en los factores intermedios asociados a muchos productos. De hecho, productos fertilizantes como la urea y el azufre son objeto de exportación por Pequiven.

El fomento de un modelo socialista mixto donde la industria estatal y el fomento de pequeñas y medianas empresas de propiedad social son vitales, parte de las inversiones del Estado han sido en bienes como alimentos, medicamentos, insumos para viviendas (cemento, bloques, herrería, techos), calzado, textiles, vidrio, papel, hierro, acero, aluminio, bauxita, cobre, niquel, entre otros.

¿Qué sucede entonces?

La cuestión sobre el aparato industrial venezolano es extensa e intrincada. Pero el denominador fundamental yace en que estos eslabones se encuentran incompletos, precarizados y altamente dependientes de componentes importados. Esta situación es transversal, abarca a empresas privadas como públicas e incluso a muchas de las de la nueva economía popular. Las cadenas están incompletas. No se ha focalizado la inversión de manera consistente en una política sustitutiva de los bienes e insumos importados que puedan producirse en el país.

El Estado como gran inversor, modulador y actor estratégico directo de la economía

Carecemos estructuralmente de una industria autosuficiente, nuestra industria es dependiente en lo tecnológico y altamente vinculada a factores externos, pero también altamente vinculada a la renta. Esto sería comprensible en muchas de las nuevas inversiones del Estado, que son incipientes y de nueva data. Pero la más cruda expresión de esta lamentable situación yace en empresas que tienen 20 y hasta 40 años en el país y que continúan (convenientemente, para captar dólares) en ese modelo.

Uno de los retos de la Agenda Económica Bolivariana es apuntalar mediante la "acupuntura financiera" una política de asignación de dólares en las áreas donde es necesario invertir con propósitos sustitutivos. Es una necesidad impuesta por la emergencia (de la caída del caudal de divisas disponibles), pero se reviste en ella la urgente gobernabilidad y planificación económica que siempre ha debido implementarse. Ya no hay dólares para el "libre albedrío empresarial"; o se invierte en lo estrictamente necesario o las plantas se irán definitivamente a la quiebra.

La ausencia de planificación económica permitió la concentración estructural de la renta y la proliferación de las formas parásitas empresariales. Ya basta. La captación concéntrica de la renta significó el atraso, en términos marxistas, de una Venezuela que históricamente no explotó su capacidad productiva.

"Esto es lo bueno de las crisis", se acaba el "pan de piquito". La industria nacional en sus diferentes modalidades y tamaños, estatal, privada, comunal y asociativa, deben necesariamente estallar en sus potencialidades productivas, o simplemente perecerán. En este principio yace el Plan de la Patria, para consolidar una economía de los equilibrios, el de una economía mixta coherentemente sustitutiva de importaciones y que diversifique las exportaciones en medio del estertor de un modelo rentista definitivamente agotado. El Estado, como gran inversor, modulador y actor estratégico directo de la economía, debe orientar de manera más ordenada y rigurosa los destinos del hecho productivo en una nueva etapa.

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