Los muertos útiles del antichavismo

En momentos de alta tensión política, siempre los altos dirigentes antichavistas creyeron necesitar (y más de una vez se lo procuraron) uno o más muertos. Obsesionados en hacer creíble la fantasía de que en Venezuela hay un Gobierno criminal que persigue y amenaza a los defensores de la democracia (nada más rentable que esa imagen dolorosa y épica tan deseada por la gente que nunca se arriesgó o sufrió persecuciones de verdad) siempre han querido aprovecharse del dolor de algunas familias para tratar de cobrar. Al respecto hay una triste realidad y una que, aunque no llega a mitigar el dolor de la muerte, no pueden de alivio o consuelo. La triste realidad es que siempre han cumplido su deseo de tener a su disposición esas "muertes útiles". El alivio o consuelo es que, salvo en el terremoto de abril 2002, ni siquiera esas situaciones extremas les ha servido para su objetivo, que es generar tal conmoción que ponga en peligro la institucionalidad.

Después de abril 2002, caso emblemático de simulacro de guerra civil y de violencia generalizada, varias veces más intentaron agitar y crear la sensación de que hay un montón de chavistas sueltos por ahí matando antichavistas. Lo hicieron durante el paro petrolero, y nadie olvida la figura de aquel desquiciado de apellido Gouveia disparando en la plaza Francia de Altamira.

Lo volvieron a intentar durante el referendo 2004 y las presidenciales 2006; cada vez que había un muerto en cualquier región quisieron relacionarlo con asesinato político. Incluso el asesinato de Danilo Ánderson quisieron capitalizarlo a favor de ellos, sus asesinos intelectuales. En ninguna de esas oportunidades lograron que la gente se creyera la fábula del Chávez criminal y asesino.

Lo intentaron cuando, en el año difícil de 2003, la catedrática del IESA, editora y columnista Janet Kelly decidió quitarse la vida lanzándose desde un viaducto de la Cota Mil. Incluso cuando ya no quedaban dudas de que había sido un suicidio (por una carta dejada y por testimonio de sus familiares cercanos), los columnistas, provocadores y agoreros insistían en que esa muerte debía "investigarse a fondo" porque el chavismo tenía que pagar por esa muerte: doña Janet murió al margen de la diatriba política pero esa muerte les servía, tenía que servirles a los próceres del escualidismo más enfermo. Así que agitaron agitaron, agitaron, especularon, retorcieron la historia de los últimos días de la Kelly, pero nada: el pueblo no salió tampoco esa vez a tumbar a Chávez.

Nuevamente en 2007, época difícil porque a los dueños de la empresa 1BC se le acabó la concesión para transmitir en señal abierta por el canal RCTV, volvieron al uso perverso de la muerte como arma política. En ese entonces los partidos políticos y cúpulas empresariales y sindicaleras, en proceso de quiebra y desprestigio debido a sus catastróficas experiencias conspirativas, echaron mano de sus hijos y cachorros fascistas en formación (estudiantes de las universidades identificados con la ultraderecha y el nazismo disfrazado de movimiento juvenil anticomunista a la usanza europea) y lograron poner en las calles a un grupo de revoltosos estimulados desde los medios por una docena de dirigentes irresponsables, que hablaban de rebeliones y de destrucción y que tenían muchos y muy enardecidos seguidores. En el ambiente previo al cierre definitivo de esa fábrica de estúpidos llamada RCTV hubo mucha tensión y episodios violentos; los analistas consideraban que cualquier chispa podía propagar esa violencia por todo el país y hacerla indetenible. Faltaba algo. Y ese algo, ya lo adivinaron, era un estudiante muerto. Y hubo más de uno (en el Zulia y en Mérida), pero el 31 de mayo se produjo un homicidio que quisieron convertir en emblemático, en el decisivo, el del llegadero, el de la confrontación final.

Ese día una muchacha de 24 años, una estudiante de la UCAB de nombre Andreína Gómez Guevara, fue emboscada en una gasolinera de Montalbán y asesinada de varios disparos. La UCAB, foco principal de la conspiración y la desestabilización, tenía al fin una excusa para seguir autopromoviéndose como núcleo de la resistencia antichavista y proempresarial. Desde el primer momento el suceso fue presentado y difundido como un crimen que el Gobierno debía explicar e investigar. Y lo fue. Pero el resultado de la investigación no fue el que el antichavismo necesitado de mártires y víctimas deseaba.

A Andreína Gómez Guevara la asesinaron por encargo. Fue un caso de sicariato. La autora intelectual de ese crimen fue Milagros De Armas, miembro del clan gangsteril dueño de la cadena de publicaciones De Armas (diario 2001 y otros). El motivo no fue político sino rastreramente pasional: a la criminal le molestaba que Andreína estuviese saliendo con su ex-esposo y por ese motivo la mandó a matar. A los estudiantes neonazis y a sus amos del poder económico y los restos de las cúpulas partidistas se les cayó el plan de usar la tragedia de esta joven como excusa para mantener la zozobra en las calles. Los autores materiales y la autora intelectual del asesinato están en prisión, pero hay un dato que los medios dejaron pasar convenientemente por debajo de la mesa: los hermanos de la asesina, dueños de la cadena editorial, acusaron también a la homicida de querer matarlos a ellos mediante la colocación de una bomba. ¿Qué creen ustedes que hubiera pasado si ese plan hubiera logrado concretarse? ¿Qué tal la noticia de unos editores de periódicos volando por los aires por una bomba en la Venezuela chavista? ¿Qué es lo primero que le viene a la mente? ¿Verdad que ahora se entiende mejor por qué esa noticia no alcanzó la majestuosa resonancia que hubiera alcanzado en otras circunstancias?

En esa misma onda han comenzado ahora, a pocos días de las elecciones presidenciales, a utilizar la muerte de dos dirigentes antichavistas en el estado Barinas. El Gobierno nacional ha actuado velozmente, ya tiene detenidos y ha comenzado su proceso judicial, pero los medios de la derecha insisten en la versión ridícula de que los asesinos llegaron en camionetas de un ministerio y una alcaldía chavista. Pendientes con eso. La estrategia nunca les ha servido para tumbar al Gobierno, pero de que la seguirán utilizando, lo harán.

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