Lo costoso de mantener a la industria confitera y refresquera (+infografías)

Corporaciones y empresas importadoras que negocian con los dólares del Estado venezolano en nombre de "la alimentación" de la población, según los datos esgrimidos por el presidente Maduro el pasado 18 de febrero de 2016, quedan en la actualidad presas de sus propias estafas al país.

  • 77 millones de dólares ingresaron al país en el mes de enero del presente año por concepto de la exportación de crudo que realiza la principal industria del país, Petróleos de Venezuela. Si bien la cifra expuesta por el presidente Maduro debe ser entendida con la gravedad del caso para la estabilidad económica de la nación, no es menos cierto que lo que Cavidea (y las  corporaciones "alimentarias" afiliadas a ese organismo empresarial) plantea como "prioridades" en este complejo escenario, devela los rasgos culturales, financieros y parasitarios que sostiene aquel pegoste confitero impuesto como "alimentación".
  • Como decíamos con anterioridad, Cavidea (que también es Fedecámaras) se publicita como la organización empresarial que "produce alimentos". Sin embargo, cuando revisamos su página oficial encontramos que la gran mayoría de empresas nacionales y corporaciones transnacionales afiliadas a dicha organización son grandes carteles importadores y productores de pasapalos, chucherías, galletas, refrescos y aderezos. Eso es lo que ellos (con el respectivo coro de fondo de Lorenzo Mendoza) llaman "producción de alimentos".
  • Y al tener dicho carácter de "urgencia", de supuesta necesidad básica, debidamente acompañada por la propaganda de la "crisis humanitaria", es que el Estado venezolano debe entregarle dólares subsidiados para que mantengan sus negocios operativos de recibir cada vez más dólares y convertirlos en cada vez menos comida.
  • Pero vamos al grano y revisemos la asignación de divisas por parte del Estado venezolano a seis grandes corporaciones confiteras y refresqueras (Nestlé, Coca Cola, Heinz, Kraft, Kellogg y Pepsico) y a dos empresas nacionales dedicadas a la misma actividad parasitaria (Alfonzo Rivas y Chocobru). ¿Cuánto le cuesta al país mantener estas industrias nacionales y extranjeras en este contexto de estrepitosa caída de los precios del petróleo?

Mendigo por mendigo o empresa por empresa

  • La corporación suiza Nestlé, que dentro de su gama de productos ostenta la producción e importación de bebidas instantáneas, chicha, chocolates y bebidas a base de trigo, recibió dólares subsidiados por el orden de los 1728 millones de dólares en el periodo comprendido entre 2004 y 2012. Nada más en 2014 recibió 217 millones 933 mil dólares, manteniendo un promedio anual de asignación de divisas superior a los 200 millones de dólares para producir dichos productos no alimentarios o que más tienen que ver con chucherías que con alimento real.
  • La corporación estadounidense Coca Cola, que aparte de producir el renombrado refresco también fabrica jugos pasteurizados, té helado, sodas y aguas saborizadas, le fueron asignados 349 millones 721 mil dólares subsidiados entre 2004 y 2012. Sin embargo, nada más en 2014 recibió 109 millones 609 mil dólares: 250% más de lo que recibió anualmente durante el periodo de ocho años consecutivos citado con anterioridad.
  • La corporación estadounidense Heinz recibió dólares subsidiados por el monto de los 168 millones 346 mil dólares entre los años 2004 y 2012. Nada más en 2014 recibió 11 millones 866 mil dólares para importar insumos y materias primas para la producción de mayonesas caramelizadas, salsa de tomate, aliños preparados para hacer ensaladas césar y aderezos gourmet, repitiendo la inercia importadora y dependiente de los casos anteriores: todas estas corporaciones (y las que más adelante se mencionarán) importan azúcar de uso industrial, trigo, aceite de palma, glutamato monosódico, estabilizantes artificiales, colorantes, conservantes, concentrados químicos, saborizantes, insumos concentrados de soja y maíz, pasta de tomate y un sinfín de otras materias primas que no se producen en Venezuela, y que si se produjeran no abastecería en lo inmediato la voracidad confitera y pasapelera que estas corporaciones necesitan. 
  • La corporación estadounidense Kraft, que es manejada por la familia de Capriles Radonski, recibió 413 millones 236 mil dólares durante los años 2004 y 2012. Nada más en 2014 recibió 12 millones 767 mil dólares y luego otro millón de dólares vía subastas del extinto Sicad II, para producir su gama de mayonesas, galletas, caramelos y salsas gourmet para platos exquisitos.
  • La corporación estadounidense Kellogg, líder en la producción de cereales azucarados y barras energéticas a nivel internacional, recibió 107 millones 662 mil dólares entre 2004 y 2012. En 2014 recibió 2 millones 464 mil dólares.
  • La corporación estadounidense Pepsico, administrada en Venezuela por Lorenzo Mendoza a través de Empresas Polar, recibió el monto de 454 millones 697 mil dólares subsidiados entre los años 2004 y 2012. Nada más en 2014, para importar los insumos ya comentados para la producción de la famosa Pepsi y de su amplísimo portafolio de pasapalos, chucherías y bebidas energizantes (Doritos, Ruffles, Pepito, Cheese Tres, Cheetos, Raquety, Lipton Ice Tea, Gatorade, etc.) recibió 71 millones 398 mil dólares: un 20% más de lo que recibió anualmente durante el periodo entre 2004 y 2012.
  • La empresa Alfonzo Rivas, que también es subsidiaria de la corporación estadounidense McCormick, recibió 73 millones 666 mil dólares subsidiados para "producir" cereales, productos achocolatados, chucherías y galletas durante 2004 y 2012. En 2014 recibió 8 millones 833 mil dólares.
  • La empresa importadora Chocobru, que comercializa mentos, galletas, panetones, gomitas y chocolates, recibió 74 millones 894 mil dólares en el período comprendido entre 2004 y 2012. En 2014 recibió 59 millones 476 mil dólares subsidiados para continuar con sus negocios de piñatería alimentaria a gran escala: 600% más dólares de lo que había recibido anualmente en el período de ocho años ya comentado con anterioridad. El caso específico de esta empresa demuestra que bajo la licencia importadora de productos navideños y de "alimentos" para las fiestas decembrinas, la cantidad colosal de dólares que bajo mentado engaño se pueden adquirir son colosales, aún en un contexto donde la baja de los precios del petróleo comenzaba a sentirse con fuerza.

Conclusiones infelices

  • Si tomamos como referencia las asignaciones de dólares mensuales durante el periodo de tiempo revisado, es lógico comprender que con los ingresos actuales en divisas es casi imposible mantener estas parasitarias industrias confiteras y refresqueras. Las ocho empresas estudiadas necesitan al menos 490 millones de dólares en lo inmediato (por eso utilizan a Cavidea para presionar políticamente), lo cual es 600% más de lo que ingresó al país en enero y 50% más de lo que ingresaría al país durante este primer semestre del año de mantenerse (como lo han anunciado las principales agencias financieras del mundo corporativo) a la baja los precios del petróleo.
  • No faltará seguramente quien ubique como responsable máximo de este modelo al Gobierno Bolivariano, como si este hubiera inventado y diseñado dicho patrón de producción y consumo confitero supuestamente alimentario. Lo que sí queda en evidencia, más allá de la opinión y el comentario banal, es que dichas industrias fueron instaladas en Venezuela para absorber y fugar dólares de la renta petrolera a cambio de pasapalos y refrescos que no alimentan verdaderamente a la población, aunque Cavidea haga ruedas de prensa y seminarios diciendo que sí, que efectivamente comer Doritos nutre más al organismo humano que el ocumo. Ellos saben en qué invertir para hacer más rentable su negocio.
  • Como diría el bachaquero mayor Lorenzo Mendoza, efectivamente él y su combo de empresarios del agroconfeti nacionales y extranjeros están en 3 y 2. Se hace necesario, y en esa dirección está marchando el plan de divisas del Estado venezolano, realizar las importaciones estratégicas y las inversiones en moneda extranjera necesarias para impulsar la producción de alimentos real y de otras áreas prioritarias para la población. Quien quiera seguir atragantándose de agroconfeti que pague el precio que le pone la piñatería. El país está en una situación altamente compleja y no debemos prorizar el lloriqueo y la queja aferrada a la ideología del consumo importado. Una emergencia es precisamente eso, una emergencia. 

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