La invasión del trigo

Desde los tiempos de la Gran Colombia hasta la era del Excelsior Gama, el papel del trigo en los hábitos del consumo venezolano expone la metódica de la intervención económica y la dependencia neocolonial para instalarse en el sistema nervioso del aparato productivo de la nación y en la cultura de la alimentación subordinada a las pautas del capital nacional e internacional.

Narrativa fundacional sobre la dependencia estructural

  1. En 1826, el inglés John Boulton trajo en su primera embarcación más de 250 barriles de trigo. En años posteriores fundaría la marca Pan Rico en la antigua Provincia de Maracaibo, endiosándose ya como empresario nacional preocupado por la productividad en el país.

  2. En 1861, la firma Boulton junto a Diego Campbell fundan los Molinos de La Guaira, los cuales funcionaban a vapor. Ya en 1857 tenían la concesión para moler trigo, presionando, a su vez, las barreras arancelarias de la harina terminada para de esta forma acaparar el chico y a un primitivo mercado "nacional". La política arancelaria de Juan Crisóstomo Falcón liberaría la importación de trigo en granos, completándole la chamba monopólica a estos piratas neocolonizadores.

Hasta los años 50, la firma de los Boulton, Ramella (Panaderías y Productos Ramella), el español José Puig (fábrica nacional de galletas) y Ternel se encargarían de diversificar los consumos a base de trigo.

La importación, en esta primera etapa de neocolonización productiva, tiene como expresión fundamental el establecimiento de las bases económicas que habría de darle sustento a la penetración monopólica norteamericana, apalancada por la oligarquía criolla petrolera, que encuentra en la dependencia su construcción moderna y sofisticada.  

Tenía que llegar el petróleo

  1. En 1957 la corporación gringa International Multifoods Corporation inicia la construcción del primer molino de trigo en Puerto Cabello. Al año siguiente comienza a producirse la harina Robin Hood, metiéndola de una en el mercado doméstico venezolano para ir afianzando el cariño y el amor por la hojuela lejana.

  2. En 1963 se empieza a fabricar la avena Lassie. Una catira de esas sin sabor, que poco baile caribeño ejecutan, era la presentación de la mágica fórmula instantánea. La expansión de las ciudades vacía los anaqueles en la búsqueda de una alternativa "sustanciosa", económica y accesible para alimentar la roncha que vinimos a pasar en la selva de concreto en primitiva construcción.

  3. Entre 1970 y 1984 se lanzaron tres productos al mercado: la caprichosa y clasemediera crema de arroz, la harina de maíz precocida Juana (ahí también se produce la Harina Pan, por cierto) y el adobo La Comadre, en los predios de Acarigua, estado Portuguesa.

La mecanización y el salto a la comodidad (promovida por los Mendoza, Zuloaga, Cisneros, Echenagucia, Planas, etc.) como consecuencia de la bonanza petrolera fue el pote de humo perfecto para que los gringos apoyados por estas familias terminaran de penetrar en la esfera productiva del país, reconstruyendo el imaginario económico, poniendo la dependencia como parte fundamental de la cesta básica.

Boicot y escasez: dos caras de la misma moneda

El estudio "Tecnología desde Estados Unidos hacia Venezuela", promovido y editado por el extinto Ministerio de Fomento, revela la dependencia absoluta (específicamente en el pago de patentes) que significó la ramificación industrial en el tema alimentario nacional.

El siguiente gráfico demuestra cómo el valor total de las importaciones en bolívares fueron aumentando de manera exponencial durante toda la década de los años 60. La productividad en el país, en este sentido, significó una expansión de las exportaciones (insumos, materias primas, etc.) por parte de los Estados Unidos. En las cifras se condensan los productos terminados más las materias primas para mover la economía venezolana.

Los operadores estadísticos de la Cuarta República encubrieron muy bien las cifras sobre el trigo. Generalmente lo encontramos en gráficas que condensan la importación de otros productos terminados o intermedios. Sin embargo, los dirigentes actuales de la oposición se caen al afirmar que “en el pasado nos abastecíamos de todo aquí mismo en Venezuela”. Siendo así, y sabiendo que el trigo no es producto nacional, la siguiente gráfica puede tener mucho sabor a hojuela gringa.

La historia del trigo en Venezuela es también la historia de la dependencia, porque narra los mecanismos que la moldean. Pero además expone todos y cada uno de los elementos que se mueven a la hora de ejecutar la invasión: los agentes internos, las cabezas de playa, las fuerzas de desembarco. Demuestra que algunas vías son mucho más eficientes en sus objetivos que otras: más lo han logrado con la comida que con los Marines aquí en Venezuela, sobre todo si por tanto tiempo tuvieron a semejantes aliados.

En cifras y en hechos, el mito de la "independencia" cuartorrepublicana es un burro de papel ("y con reumatismo, pa' más vaina") como dijera el Chino Valera Mora.

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