La guerra en esteroides: inseguridad, "bacrim" y medios (Informe especial)

El país ha atestiguado en los últimos meses una escalada de violencia cada vez más abierta, descarnada, con objetivos y procedimientos claros, bajo el manto encubridor de la "inseguridad" como elemento generalizador, que impide ver los relieves que explican el por qué de dicho concepto, sus movimientos, causas y migraciones. Analizarlo en contexto se hace obligatorio para entender cómo ejecutan una política contra el proyecto bolivariano y la estabilidad.

Aquellos hombres habían reducido la guerra a sus elementos más simples, reales y descarnados, al de la guerra sin propósitos, al de la guerra pura, sin discursos patrióticos ni invocaciones a Dios; y la guerra, por su parte, los había llevado al otro lado de los límites del hombre, donde ya no eran seres reales, donde habían dejado de ser hombres y ni podían encontrar ninguna otra manifestación de vida sino en la muerte; donde lo único humano y viviente que les quedaba en la existencia era el aullido de los que morían, y donde la única acción viva que les estaba permitida era la acción de matar.

José Revueltas

El crimen organizado ha sufrido una mutación en tiempos recientes, y en tal sentido el contexto político, militar y económico pasan a jugar un papel fundamental. La aparición del factor paramilitar de origen modélico colombiano tiene más de una década jugando un papel a veces silencioso, a veces abierto, y hoy parece ser hilo conductor de todo este desborde. De la misma forma, podría aceptarse que las fallas, puntos ciegos y contradicciones del Estado tienen su cuota de incidencia en el problema.

Cualquier análisis integral de la vida política venezolana debe alertar la desaparición de las fronteras en torno a todos estos factores: el crimen organizado, la violencia política, la guerra líquida (sin rostro ni definición de frentes), la agenda golpista/desestabilizadora y la población en general (sin importar su signo político) como objetivo fundamental y privilegiado.

Y se dice "la población en general" porque en la franja de atracos violentos, secuestros, extorsiones, robos y cobros de vacuna, ya adquieren otro rango, pasando a ser objetivos más específicos. Así la intensidad y los factores varíen de acuerdo a los elementos socioeconómicos y los actores políticos (sobre todo dentro del chavismo y sus alrededores, como los guardaespaldas).

Así los hechos se presenten de formas ilusoriamente independientes, la perversión política de los actores ultra y sus elementos retratan un espeso cuadro, dando señas claras de que las vías políticas para dirimir diferencias o conflictos las quieren relegar, de facto. Y empujarnos hacia las instancias donde la palabra pierde todo sentido, y los hechos definidos como políticos se reducen a una fachada. Al final despunta la estrategia del caos contrainsurgente: socavar las bases de apoyo del chavismo, aunque no sea exclusivamente el único punto a ser atacado.

San Vicente, los Gamma: hampa y paramilitarismo

Un hilo sólido amarra a los grupos delicuenciales con un idéntico desarrollo logístico y territorial al de las estructuras del modelo paramilitar colombiano aterrando a la población, cabe la pregunta de siempre: ¿a quién conviene políticamente semejante tensión?

Existe un salto cualitativo en el universo del hampa organizado, insistimos, que no se explica por sí solo y las insinuaciones de la complicidad interna se hacen insuficientes, no obstante esa misma insuficiencia (propalada por medios y figuras políticas) favorece "casualmente" a la desaparición de los factores políticos que se imbrican con el tiempo histórico específico del hoy en día.

Semanas atrás, desde esta tribuna, dijimos: "...la actual saña de los factores del crimen organizado, el asesinato de efectivos de los cuerpos de seguridad y los asedios a nivel nacional contra sedes policiales para robar insumos, armamento, balas y demás material de guerra son despachados dentro del cajón de sastre de la 'inseguridad' sin notar que son realidades que se entrecruzan, que existen precedentes de la presencia organizativa entre el paramilitarismo y el crimen organizado, que obedecen a acciones tácticas de la guerra irregular para generar conmoción, coacción, terror contra la población y un escenario de conflicto que rebase toda estabilidad".

Un ejemplo claro de dicho análisis lo vimos hace dos semanas en las acciones de los cuerpos de seguridad en el sector San Vicente de Maracay. Ahí se destaca, en esencia, todo el trabajo territorial (y las acciones de guerra) que venía perpetrando esa suma de bandas del hampa aragüeño denominado "El Tren de Aragua". Desde ahí podemos ver las claves locales de la reorganización (con esteroides logísticos) del crimen organizado. Porque desde San Vicente (y Tocorón) se había tomado la decisión de perpetrar actos de guerra contra las policías municipal y estadal.

¿A quién conviene políticamente semejante tensión de violencia criminal?

En la misma semana, el general Gustavo González López, ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, se refirió a los trabajos en torno al caso San Vicente, pero también anunció el desmantelamiento de una célula paramilitar denominada Los Gamma que operaba en el sector La Dolorita de Petare (municipio Sucre, estado Miranda).

Dentro de este marco de violencia irregular que se concentra fundamentalmente en la región central del país, ¿se puede hablar ya de la activación de diversas células paramilitares dormidas? ¿Es casual que operen estas células justo en la región que concentra el asiento de poder, los principales cinturones comerciales y mayor concentración de PIB a nivel nacional?

No en balde, en ambos casos, estos grupos se ocupan de desarrollar varios frentes más allá de la captación seductora de jóvenes, el cobro de vacuna a comercios, más la distribución y el tráfico de drogas. Es a partir de esta razón territorial que buscarían erigirse como un poder paralelo, un paraestado para alzarse como focos de desafío político al Estado nacional, retirando la autoridad de las instituciones para instaurar una política de imposición fuera de todo contrato social. Lo que "por vías civiles" no han logrado ni los partidos ni los factores "ciudadanos" con los intentos de oenegizar los conflictos.

"Bacrim", paracos y trenes: una definición operativa

"A veces solemos asociar al paramilitarismo con elementos uniformados, con unas botas de caucho y un armamento terciado caminando por una montaña, pero como organizaciones van mutando, y en sus inicios el paramilitarismo es básicamente una respuesta, una estructura de una elite económica, una elite financiera, una elite política que busca mantener grosera y persistentemente de cualquier medio o forma... y que ha sido utilizado por muchos grupos de poder en el mundo para persistir y mantener lo que por la forma democrática no han podido, y en algunos casos han habido ejemplos en el mundo de países en el que su afán de mantener imperios y colonias con esa especie de esclavitud moderna en los propios connacionales, los han puesto a combatir contra ellos mismos". 

Estas palabras del ministro González López destacan, precisamente, el carácter evolutivo, que, como se ha afirmado, ha venido mutando, cooptando los modos y procedimientos de lo que se entendía hasta hace un tiempo atrás como hampa convencional.

Atestiguamos la presunta expansión territorial de bandas como El Picure que ostentan no sólo considerable armamento de guerra sino una organización de tipo militar, el precedente de las llamadas "bacrim" juega un papel central en la génesis de estas agrupaciones y la lógica política que opera detrás de ellas.

Desde el simulacro de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en 2006 bajo la dirección del dueño del circo, Álvaro Uribe, los convencionalmente llamados "grupos residuales" como las Águilas Negras, Los Rastrojos o Los Urabeños junto a la "venezolanización" de la agenda tras el Plan Colombia, han venido ocupando espacios y perpetrando limpieza social en las zonas fronterizas. Del mismo modo, en 2013 se denunció la presencia de operadores y canales de financiamiento del Chepe Barrera en las zonas rurales de Portuguesa.

Y si en Táchira, Zulia y Apure estos grupos asumen un modelo característico de zonas rurales, pueblos y ciudades, en el centro-occidente del país encontraron en las estructuras hamponiles los peones perfectos para disfrazarse y aplicar la lógica de los barrios de las grandes ciudades, dominando los corretajes de financiamiento informal, comercial, lavado de dinero y legitimación de capital, distribución de narcóticos y armas. 

Las "bacrim", como estructura mercenaria descentralizada y flexible, son el verdadero brazo armado del neoliberalismo. Lo que antes se había visto producto de la miseria y la carencia, hoy se ve desde el hecho de poder de las armas, el volumen de efectivo y la sofisticación de su propia mecánica como organización. Y la obscenidad de la mercancía ostentada, los raudales de efectivo, la heroicidad frívola jolibudense.

Así se ha ido transfiriendo la experiencia colombiana, para tener ahora en el hampa organizada un organigrama de poder de incidencia que va de los sindicatos, pasa por el corretaje contrabando-bachaqueo-dólar paralelo, cobra vacuna, maneja redes de extorsión, mueve la droga, revoluciona las armas, administra el sicariato y el secuestro exprés y comienza a "encargarse de la seguridad". Un trabajo territorial integral.

Pero estas estructuras no sólo cobran sentido a partir de la acumulación de poder por todas las vías: también necesitan financistas y coordinación financiera. Y gente interesada. Que también encuentre una inversión redituable.

Y esto no es ninguna paradoja, pero si alguien dentro de otro contexto opera bajo la misma lógica es el Estado Islámico: financistas, política de tierra arrasada, coacción y sumisión, brutalidad física, nihilismo absoluto, discurso idiota, teatralización del fanatismo chato y ganadores políticos indirectos.

Las "bacrim", como estructura mercenaria descentralizada y flexible, son el verdadero brazo armado del neoliberalismo

Medios y docta ignorancia

En otro campo de acción se encuentra el papel desinformador o mitificador de los medios respecto a la "inseguridad". Existe un criterio manifiesto en blandir una variable del escepticismo que se revela elemental, simplona, repetible; cómplice.

En materia de seguridad, violencia, interpretación del hecho criminal y el contexto general es evidente. Las empresas mediáticas apoyan las matrices más insólitas (los pranes como elementos super autónomos sin ningún tipo de conexión con estructuras superiores en, por ejemplo, el narco), ridiculizan arbitariamente para hacer del concepto "inseguridad" algo gaseoso, imposible de atajar. Y en el mismo esfuerzo borronear los elementos que sí apuntan a hechos denunciados por el Gobierno y perfectamente verificables (como el caso Gamma).

También existen como elemento, notas de opinión que pretenden aseverar la no existencia de algo, valiéndose en parte del verdadero hecho trágico del crimen con la payasería de esperar el paramilitarismo como una película secundaria, serie B de Cinex, en las que debemos entender como paramilitar solamente a un sujeto modo Rambo ataviado de verde, con las botas rullidas de monte y un fusil guindado en el hombro. La estupidización de la opinión pública.

La administración simbólica en la guerra

Si todos son objetivos, la producción simbólica da para cualquier cosa. Dos niños pertenecientes al Sistema de Orquestas Sinfónicas mueren el mismo día, uno en Cantaura (Anzoátegui) y otro en Caracas; un joven que se le reconocía como luchador social de la oposición; el jefe de la policía de San Mateo; el caso Alcedo Mora. Todos, en sí, sobre la indefinición general del enemigo que no se nombra, o al que se le cortan relaciones y se le despolitiza da, con toda facilidad, para el encubrimiento y la construcción de cualquier sentido simbólico y narrativo.

Sólo basta con quitarle el nombre "guerra", encubrirlo, trasladarlo al tacticismo de las "fallas" del gobierno, de las coyunturas permanentes. Prolongar la guerra, combinar las formas de lucha, agotar todos los recursos políticos y parapolíticos.

De ahí la necesidad de mimetizar: homologar a los colectivos como si la distinción política no existiera, homologar a las zonas de paz, atacar las zonas que el Estado habría asumido como localidades bandera del Movimiento por la Paz y por la Vida, el Patrullaje inteligente y el Plan Patria Segura. Dar el primer coñazo mediático, inhabilitar el proceso informativo y proyectar la opulencia de "fuentes" para cancelar cualquier proceso inmediato de análisis de "lo noticioso".

En definitiva, mantener el monopolio de la ignorancia como instrumento de guerra.

La falsimedia quiere mantener el monopolio de la ignorancia como instrumento de guerra

La muerte como agenda o viceversa: hacer la guerra irreversible

La supresión de confianza en lo económico y la negación automática al reconocimiento del Estado, su institucionalidad y sus políticas, van de la mano de la legitimación de la muerte en su instauración como normalidad irremediable producto de un tercermundismo irresoluto, y de paso totalmente cancelado, en lo ideológico. El fraude de las explicaciones simplificadas a su mínima expresión posible, lección de Goebbels ("Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo"), como guía política allanan el camino al reconocimiento implícito a la violencia desregulada.

Lo que en la economía al monopolio de las armas y la violencia por parte del Estado. El lenguaje modula el golpe, e impone sentido común y noción de realidad concreta sobre el mismo paquete. En este momento, la promoción de la nada y un bien promovido "hastío de lo político". Sobre esta base, las vanguardias de la guerra mediática (las redes sociales) adelantan la noción de ausencia del Estado para valorizar como hecho legítimo el linchamiento, la muerte y el asesinato:

 

 

La principal estructura de esta narrativa se mueve sobre la frivolidad y la lógica del espectáculo, cuyo fin operativo no es más que la dilación sobre el interrogarse sobre cualquier problemática, y en el eje transitivo se trata de la fabricación de ese nihilismo funcional, irreversible, que en un extremo tiene el desencanto estéril clasemediero, en el otro extremo la "política de la nada" que entrañan los mecanismos de seducción del hampa paramilitarizado, y un claro esfuerzo consciente de mediocracias y factores de verdadero poder. El triunfo de esta superestructura es el triunfo de la muerte.

 

 

Y en esta transitividad, estos son los factores que se reúnen en un solo instante en la vida nacional:

  • La instalación a troche y moche de una victoria electoral (a por lo menos cinco, seis meses de los comicios) tratando de secuestrar las claves del ambiente pre-electoral, mientras se instala con la misma intención de irreversibilidad la matriz del fraude electoral y se oculta la crisis interna más severa en toda la franja opositora;
  • la agudización de actos de guerra (que sugieren movilidad de posiciones y disposición de dar un salto cualitativo) en lo que se denomina como mundo criminal;
  • la campaña sucia, internacionalizada y cartelizada que busca incriminar (sin pruebas) a figuras de peso en la dirección política de la Revolución Bolivariana en simultáneo con la designación por parte de Estados Unidos de un negociador de peso (Thomas Shannon) para las conversaciones con Venezuela;
  • la intensificación abierta, deliberada y desesperada del espejismo dólar paralelo hermanando la psicosis del consumo mientras se socava toda sensación de seguridad económica como vías para quebrar el sentido de solidaridad, los resortes éticos y la vinculación humana del tejido social.

Como si todo esto buscara, en el núcleo central, desespiritualizar la Revolución, las conquistas, el tiempo ganado para la reinvención.

Y, al hacerle seguimiento a todo lo que se acumula, aparece el intento de cristalización de reactivar la violencia callejera por los mismos autores protagónicos del 2014, y que sintetiza todo lo mencionado:

Hay quienes están muy claros de lo que está pasando, que ese modelo de violencia delegada se está poniendo en práctica, y que le encuentran un sentido político. Y una ganancia de alcanzar lo que quieren alcanzar.

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