La carta del pueblo: unidad, lealtad y reconocimiento de su lugar en la historia

Analicemos la respuesta de Maduro.

Son múltiples los análisis que se han escrito en torno a la carta de Jorge Giordani, sin embargo nos hemos olvidado de profundizar en las palabras del presidente de la República, Nicolás Maduro, inflando la especie de que Maduro “no está dispuesto a escuchar críticas” o ha preferido “no darle una respuesta frontal” a las palabras en las cartas de un sector identificado como la izquierda que relativizando el ejercicio de la crítica asumen sus alegatos como primera y última palabra de su “debate”.

Hasta el momento han sido tres las oportunidades donde Maduro ha plasmado su posición: el Consejo de Ministros del 18 de junio y la reunión con las 623 UBCH en el estado Aragua a mediados de esta semana que pasó. Vamos a desglosar los dos discursos mencionados en primer lugar:

  • Un reconocimiento al pueblo de parte del pueblo: Nicolás Maduro se alejó de aquellos discursos que ven al pueblo como la “masa” que reducen a la pobreza y las soluciones como objeto de estudio que precisa de distanciamiento científico. “Hay compañeros que prefirieron y prefieren refugiarse en la retaguardia de la retaguardia, y convertirse en los cronistas del fracaso, convertirse en los cronistas favoritos ahora de la derecha, porque no entienden el corazón del pueblo, no entienden la fuerza revolucionaria del pueblo. En Venezuela el pueblo ha sido la vanguardia revolucionaria. Esto no ha sido entendido por algunos escribidores y grandes pensadores; han estado entre el pueblo y no lo han entendido. Ha valido más el ego y el orgullo, que la humildad de un pueblo que merece que trabajemos por ellos, por nosotros, por nuestra patria”, expresó.

  • El pueblo no escribe la historia, la hace: Las críticas de Maduro hacia la izquierda de copa y sofá se han prestado a simplificaciones ideologizadas en las que encuentran la mano del “pragmatismo” confrontada contra las posiciones “radicales”, discusión esta sentada fundamentalmente sobre premisas interesadas, ilusorias y divisionistas. La actual etapa del proceso no pasa por una confrontación que se enuncia desde la hegemonía del discurso que busca instalar en el centro la noción de crisis e incapacidad. Sin embargo, ellos son los mismos que lo apodan como “Stalin”. Algo dejó en claro el Presidente: “Hay una izquierda que es experta en divisiones, el ego de uno es tan grande que no cabe el del otro. Todos se creen el Lenin de Venezuela. Pero yo recuerdo cuando vino el 27 de febrero del 89 y nos tocó salir a las calles, solos, a buscar al pueblo para que no lo masacraran, a La Vega, a Catia, al 23 de enero, porque la izquierda no tenía estrategia de poder ni proyecto, pero a la hora de escribir escribían libros y libros, diagnósticos y análisis. Por eso yo vi la luz con la llegada de ese hombre llamado Hugo Chávez, que traía a nuestro Bolívar en el pecho, que hablaba como un profeta, con un lenguaje venezolano, de esta época, de verdad. Yo viví el mundo de la confusión y división de izquierdistas que se mataban a librazos y el otro, el del pueblo, la clase trabajadora, los campesinos, la juventud”.
     

Recordemos las palabras de Hugo Chávez

El presidente Hugo Chávez en el también Consejo de Ministros del 8 de diciembre del año 2012 en el que se despedía recuerda que como pueblo somos los encargados de llevar adelante este proceso: “En Venezuela la revolución la levantó el pueblo, a nosotros sólo nos tocó asumir responsabilidades”.

Además, el Comandante ordenó lo que ahora le critican a Maduro, es decir, que gobernáramos en equipo y derrocáramos las pretensiones divisionistas internas y externas: “Un liderazgo colectivo (…) Si en algo debo insistir en este nuevo trance, como dirían los llaneros, es en fortalecer la unidad nacional de todas las fuerzas populares, revolucionarias, armada, del Ejército, de la Marina, y lo digo porque los adversarios, los enemigos del país no descansan ni descansarán en sus intentos de dividir”.  

el Comandante ordenó lo que ahora le critican a Maduro, es decir, que gobernáramos en equipo y derrocáramos las pretensiones divisionistas internas y externas

Pero lo más importante, Chávez estaba ahí, con Nicolás Maduro a su lado derecho, cuando exclamó: “Nicolás Maduro es un hombre revolucionario a carta cabal, un hombre con una gran experiencia a pesar de su juventud, con gran dedicación al trabajo, gran capacidad para conducir grupos, no saben en lo personal en cuantas circunstancias Nicolás me ha acompañado en esta difícil tarea. Es un hombre del pueblo, con don de gente y reconocimiento internacional”.

Chávez asomó en esa alocución que algunos compañeros opinaban que no hacía falta que él dijera todo eso. Quizás preferían el silencio de Chávez para luego poder disputarse el poder, ¿o acaso no es eso lo que algunos andan haciendo de cara al Tercer Congreso del PSUV?

Recordemos cómo Chávez parafraseaba al Libertador; “Decía Bolívar: 'Unámonos o la anarquía nos devorará. Sólo la unidad nos falta para completar la obra de nuestra regeneración'” y cumplamos. Demos las discusiones en base a nuestras propias ideas y objetivos, la carta del pueblo no necesita de figuras que acompañan como correctoras, que su aporte sea considerablo indiscutible e inexorable.

Conducir las contradicciones

No obstante la rienda suelta que algunos discurseadores de la división y “cronistas del fracaso” han encontrado en los últimos movimientos su “momentum” político, aquel en el que se debe aprovechar la oportunidad y, asumiendo una mínima posibilidad tangible de un hecho que se traslade de la abstracción a la realidad concreta formando así un presunto movimiento político alterno o una suerte de tercera posición que sólo se traduciría en sus aspiraciones de manual, el llamado al reconocimiento del pueblo que el Presidente ha esbozado en las dos primeras alocuciones se complementa con el llamado a superar esa división y a enfilar en común los aportes que sean necesarios en el actual proceso de reinvención (“la revolución tiene que ser cambio y reestructuración permanente”).

Así dijo el Presidente durante la entrega del Premio Nacional de Periodismo de 2014, el 27 de junio: “Yo llamo a la reunificación de todo el pueblo en base al Plan de la Patria, al ideal y al legado de nuestro Comandante Chávez, a dar los pasos sinceros más allá de los problemas, de las palabras que nos digamos. ¡Aquí no sobra nadie, aquí nos necesitamos todos y todas, con la crítica, con la idea, con la propuesta y a construir la lealtad colectiva a un proyecto!".

El que no encuentre la dialéctica al confrontar los dos enfoques que han tenido los discursos todavía puede elaborar su propia corriente. El único requisito es tener la suficiente humildad de reconocer que establece tienda aparte. Tal vez podría así entenderse como un esfuerzo (bajo altísimo riesgo de reproducir la esterilidad política de siempre) por hacer valedero eso que ahora no pasa de ser un fetiche, o un recurso discursivo en el contexto de la guerra psicológica: el esfuerzo de una crítica que no se libere de la autocrítica y la responsabilidad sobre lo que se acusa, se afirma y se ejecuta.

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