En Mérida ensayan la fase bélica dura

El lunes 10 de marzo, las barricadas, tranca de calles y violencia focalizada del fascismo ha recrudecido a niveles de días anteriores. Ante la notable pérdida de apoyo de la población general a las guarimbas, los grupos fanáticos de la ultraderecha han organizado sus acciones de manera más contundente.

Es sabido que entre ellos se comunican enviándose mensajes de apoyo donde reseñan las declaraciones del vicepresidente de EEUU, Joe Biden, en la cual los coloca como "pacificos manifestantes" que son "reprimidos violentamente" por nuestros organismos de seguridad.

Hoy han secuestrado unidades de transporte público y retenido a sus conductores para paralizar el transporte y por ende, la parte de la ciudad que no está detrás de las barricadas. La presencia de elementos armados detrás de las barricadas infiere la cautela de los cuerpos de seguridad, pues para desmontar tales puntos violentos tendría que usarse armamento letal. Autoridades reportan incluso haber sido atacados con subametralladoras, y se cuentan 16 heridos de bala entre efectivos de la Policía Regional y la Guardia Nacional.

Familias, niños y ancianos son usados como escudos humanos detrás de las barricadas. Las acciones van directamente también contra las personas que de manera organizada han desmontado parcialmente las barricadas para accesar y recuperar el mínimo de movilidad en sus comunidades y avenidas. Por estos hechos, muere Gisela Rubilar, baleada en la cabeza junto a otras personas el sábado en la noche.

La estrategia es llevar irremediablemente a las autoridades al uso focalizado de fuerza letal, lo cual, en otros contextos internacionales ha servido para justificar escaladas intervencionistas. No olvidemos que en países como Libia y Siria, tales escaladas sucedieron cuando los medios internacionales y la oposición de dichos países, denunciaron ante el mundo supuestas "masacres" contra personas "pacificas", para así dar paso al intervencionismo y escenarios de preguerra y conflictos armados civiles.

Esto sucede en Mérida, similar situación a la de Táchira, donde elementos paramilitares han infiltrado urbanizaciones y operan detrás de las barricadas.

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