El ritual permanente del agua

Tres y media e la mañana. El ruido de las tuberías truena, llenando la casa de una sensación de vida propia, que circula, que se despierta de repente. Ernesta, ya entrada en edad, abre los ojos, siente los tubos llenarse de vida y comenta pa ella sola "Tá llegando el agua, con fuerza".

Incorpora sus huesos cansados pero aún fuertes y toca al cuarto contiguo de su hija: "Leticia, escucha, tá llegando el agua, levántate pa llenar los peroles".

La carajita, como de 15 años se pone de medio lao en su cama calientica y pega el oído del colchón escuchando la fuerza que va recorriendo toda la casa tratando de buscar por donde salir. Al otro lado de la pared, sus vecinos ya llenan los pipotes entre conversas trasnochadas.

"Trae el tobo que está en la cocina pa llenalo también y despabílate: tenemos que llenar todo antes que se vaya y despierta a Rodolfo, pa que nos ayude también". En minutos una andanada de tobos, ollas, poncheras y todo aquel recipiente que puede guardar agua empieza a ser almacenado.

En el baño, par de pipotes van llenándose en medio de toda la actividad que se desata en el rancho, en lo alto del cerro, pa poder llenar antes que el agua se vaya. Lo mismo sucede en cientos de casas del barrio. Es el ritual permanente del agua.

Chacao a las 6 de la mañana. Alejandro es el primero en pararse, va al baño descalzo, sobre el frío de las baldosa de su piso, y lo primero que hace es dirigirse al baño.

"El carro está fallando", piensa, mientras baja la poceta, que suelta un fuerte caudal de líquido para que no queden restos de su incursión mañanera. Se mira en el espejo, pasando sus manos por la cara: “Hace falta afeitarse”.

Abre la llave del lavamanos y el agua sale con fuerza; con las manos se va mojando la cara una y otra vez mientras el líquido golpea lo blanco del alto lavamanos.

El cepillado lo hace sin cerrar el chorro, al igual que la afeitada. Mientras, abre el agua de la regadera para que corra espera el agua caliente. En minutos, sólo Alejandro gasta la misma cantidad de agua que en el rancho de Ernesta, en Catia, han obtenido para llenar un pipote.

A esa misma hora Rodolfo esta en Catia mientras Ernesta prepara el café rodeada de ollas llenas de agua en la cocina. El menor, vaso en mano, se cepilla los dientes frente al espejo, después de frotarlos con pasta dental, toma agua del vaso y la escupe en el lavamanos.

Acaba de bajar la poceta con un tobo de agua y apartó otro para bañarse antes que se levanten su hermana, su padrastro y que Ernesta se antoje de usar el baño repitiendo su mismo ritual del agua.

Cuando sale en busca de esa buchada de café observa a su vieja compartiendo el agua de la madrugada con las matas que cuelgan de la ventana. Su padrastro ya repite casi idénticamente todo su ritual dentro del baño.

En el apartamento de Alejandro, su mujer y dos hijos también, todos, han repetido el mismo ritual con el agua, casi exactamente. La vivienda de Alejandro, en una mañana, o sólo en horas, han consumido toda el agua que a Ernesta y su familia les tocará cuidar durante toda la semana. Al finalizar el día, seguirán marcando la diferencia.

Ernesta se queda sola en casa. Aun no se ha ido el agua. Toda la ropa sucia acumulada durante los tres días de racionamiento está regada por todo el baño. Blanco con blanco, negro con negro, colores con colores.

La manguera dentro de la lavadora bate que bate mientras ellas con sus pies descalzos exprime a mano en una ponchera, le saca el jabón a las bragas del marido para luego colocarlas en una tina ya lista para tender.

Mientras exprime con fuerza recuerda cómo en su pueblo recogían el agua de la lluvia en los pipotes del patio, mientras los carajitos corrían alrededor de la casa bañándose con el aguacero. En unas de las paredes del baño cuelga un cartelito escrito con marcador negro: "No malgastes el agua coño, que no hay".

En el solitario apartaco de Alejandro llega la señora de servicio y se dispone a llenar la super lavadora automática de 18 kilos con la ropa de los patrones. Se llena sola la bicha, agua caliente pa unas vainas y fría pa otras.

No para de usar agua hasta que la ropa está lista para la secadora, mientras ella friega los platos y ollas de la comida de anoche. La fuerza del chorro en el fregador le hace pensar que con razón no hay agua en el barrio.

La hija de Alejandro hace una parada antes de seguir a la universidad. Se detiene frente al Autolavado Express Care. Tiene dos carros adelante pero aún así lo deja para pasarlo buscando a según en menos de una hora.

En una de las paredes del autolavado se lee: "Por modernización de autolavado vendo máquina de espuma de autolavado de 100 lt para 35 carros aprox. con reloj de presión de aire, con manguera de 5 mts, con ruedas, ahorradora del 85% de la paila del shampoo".

El agua corre por todos lados del negocio con fuerza mientras máquinas la jalan de la tubería del rancho de Ernesta a la que se le acaba de ir el agua.


"UNICEF calcula que 1.400 niños menores de cinco años mueren diariamente de enfermedades diarreicas relacionadas con la falta de agua potable, saneamiento adecuado e higiene, con motivo del Día Mundial del Agua, que se conmemora este sábado".

"Dos nuevos informes muestran que para el año 2040 no habrá agua suficiente para saciar la sed de la población mundial y mantener las soluciones de energía y electricidad actuales si seguimos haciendo lo que hacemos hoy".

"Los resultados de  nuevas investigaciones muestran que en 2020 aproximadamente el 30-40% del mundo sufrirá escasez de agua y el cambio climático podría incluso empeorarlo".

"Esto significa que tendremos que decidir dónde gastar nuestra agua en el futuro. ¿Queremos gastarla en mantener las plantas de energía en marcha, nuestra cultura perversa de consumo, o como agua potable? No tenemos suficiente agua para hacer las dos cosas", advierten los investigadores.

Notas relacionadas