El odio ante los ojos de la ley: terrorismo y traición a la patria

Si yo menciono a Al-Qaeda, el Daesh o Boko Haram, usted identificará que estoy hablando de grupos terroristas, sin embargo, las motivaciones que acompañan sus sangrientas acciones casi nunca son analizadas. Si bien se ha sobreexpuesto el factor religioso como un móvil, lo cierto es que todos buscan el poder económico, el poder político y el poder territorial.

Cuando se les dificulta alcanzarlo, migran como células malignas, para atacar en otro lugar. Estos grupos han resultado muy útiles para el nuevo mecanismo de dominación del Pentágono a través del patrocinio e inoculación de células terroristas cuyo objetivo único es destrozar el concepto de Estado-nación, implotar la unidad política, territorial, económica y cultural que cohesiona a un país. Libia y Siria son ejemplo de la toxicidad de la inoculación del terrorismo.

El terrorismo como instrumento político supone la ejecución de actos violentos para propiciar una atmósfera de pánico colectivo con el objetivo de destruir el orden de un Estado.

Un trabajo disponible en Internet, desarrollado por Eve Corvo Rivas, docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Carabobo, asegura que, si se entiende al terrorismo como violencia política organizada, habría que observarlo desde tres perspectivas:

  • Lesión o peligro de derechos individuales: dentro del cual se ubican actos contra la vida, la integridad corporal, la salud, la libertad o el patrimonio de las personas.
  • Situación de alarma o emergencia en la seguridad pública: que implica la destrucción o interrupción de los servicios públicos, los atentados o crímenes que tiendan a provocar una situación de terror por su carácter reiterado o causen un daño extendido.
  • Desafío al orden democrático y a la propia vida del Estado.

Lo que dice la ley

La Ley Orgánica contra la delincuencia organizada y financiamiento al terrorismo define:

Entre los actos terroristas tipificados se encuentra: atentados contra la vida de una persona que puedan causar la muerte.

Causar destrucciones masivas a un gobierno o a instalaciones públicas que puedan poner en peligro vidas humanas o producir un gran perjuicio económico; liberación de sustancias peligrosas, provocación de incendios, inundaciones o explosiones cuyo efecto sea poner en peligro vidas humanas. La perturbación o interrupción de servicios públicos también son considerados actos terroristas:

 

 

En el artículo 52 se señala que "El terrorista individual o quienes asociados mediante una organización terrorista, realice o trate de realizar uno o varios actos terroristas, será penado con prisión de veinticinco a treinta (30) años".

Sobre el financiamiento se establece:

 

 

La gravedad de estos delitos fue reconocida por el alcalde del municipio Chacao Ramón Muchacho. En enero de 2015, compartió en su página de Facebook una larga reflexión en la que acusaba a los "guarimberos" de utilizar como escudos humanos a los vecinos de su municipio.

Traición a la patria: un delito imperdonable

Hablemos de lo que dice el Código Procesal Penal venezolano sobre la Traición a la Patria. En el artículo 128 se establece:

 

 

 

Recientemente, el Jefe del Comando Sur declaró ante el Senado. Señaló a Venezuela como "un factor de inestabilidad en la región" que podría ameritar una "respuesta regional". Si contrastamos sus palabras con las del diputado Julio Borges, las coincidencias en el discurso son alarmantes. El dirigente de Primero Justicia calificó a Venezuela como "una enfermedad contagiosa" para toda la región y sobre la migración venezolana alertó que son cultivo de "otros problemas como crimen organizado, militarismo, paramilitarismo, tráfico de drogas, incluso el tema del terrorismo. De tal manera que Venezuela hoy es el foco de la inestabilidad y de todo lo que significa la degradación social, que puede ser una enfermedad contagiosa en toda América Latina".

Volvamos a nuestro código penal:

Para concluir quiero alertar sobre el tema de la incitación a la violencia en redes sociales. Un columnista de El Nacional, Tulio Hernández, escribió el 18 del abril en la noche en su cuenta Twitter: "Si cada venezolano demócrata neutraliza a un miembro del Plan Zamora están militarmente derrotados. Se vale hasta materos". Desde entonces, algunos opositores han lanzado objetos contundentes, como hemos visto en varias ocasiones en este trabajo. Así fue asesinada la señora Almelina Carillo, con un severo traumatismo craneoencefálico producido por una botella de vidrio llena de hielo.

 

 

El espejo de Ruanda

Recordé aquel abril de sangre en Ruanda, cuando el avión del presidente fue derribado y un grupo de extremistas hutus tomó el poder. Casi el 11% de la población del país fue asesinada en 100 días.

Los medios internacionales como The New York Times y The Washington Post reforzaron el mito de un "enfrentamiento tribal", mientras tanto, en los medios impresos y las radios de Ruanda se invitaba a "derribar más árboles" (así como acá llamaban aguacates a los Guardias Nacionales en las guarimbas de 2014). Los medios ruandeses insistían en que "las cucarachas deben morir": el mensaje que subyacía era una invitación al asesinato de tutsis, "las tumbas están a medio llenar". Celebraban la muerte de los miembros del Frente Patriótico Ruandés, a los que acusaban de ser cómplices del asesinado presidente.

En este audio se puede escuchar cómo se difundían manuales de la CIA para confrontar a las autoridades de orden público y las vinculaciones de CNN con los terroristas. Actualmente, vía WhatsApp, CNN reedita la estrategia que realizan las mismas solicitudes de hace tres años.

Años después, Valerie Bemeliki, declaró: "Yo trabajaba en la Radio Mil Colinas. Estoy acusada de ser cómplice del genocidio y de incitar a la población. Me he declarado culpable… empezamos a utilizar la radio para sensibilizar a la etnia hutu, para que matara a los tutsis. Nos salía de lo más profundo del corazón".

Bernard Hategekimana, editor del periódico Kamarampaka, se dedicó a la publicación de artículos que "claramente incitaron a los hutus a matar a los tutsis".

Bernard Hategekimana fue un genocida. Condenado a cadena perpetua por sus publicaciones, aún conserva el movimiento cóncavo y convexo de la inspiración y la exhalación, un hecho mecánico que le permite vivir en odio, 23 años después.


Publicado originalmente en el blog de Larissa Costas.

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