El mojón mental de la Polar

La guerra política en Venezuela se trasladó desde hace años al plano de la mercadotecnia, el imaginario y lo identitario venezolano. Quizá la guerra tiene bastante tiempo allí y no nos habíamos dado cuenta.

Desde antes de la Revolución Bolivariana, Empresas Polar tenía una marcada agenda massmediática que iba mucho más allá de aquello que llaman "posicionamiento de marca". Polar desarrollaba, posicionada ya, en medio de un mercado a sus anchas, una campaña de cualidades simbólicas más que comerciales. Apuntaban a la construcción de una subjetividad, más que a aquello que llaman "un público consolidado" o "consumidores fieles". La Polar en sí misma ha tratado de alzarse ella como "símbolo de modelo de país".

Empleando mucho más que los mecanismos de la mercadotecnia tradicional, basada en el discurso de la competitividad, la calidad y los demás menesteres del branding, Polar comenzó a evolucionar en sus formas de campaña, llegando a un pináculo durante 2007 cuando sus agencias publicitarias se fueron a la guerra política declarada generando productos contra la reforma constitucional, propinándole al chavismo la única derrota electoral nacional en su haber. Dicha elección el chavismo la perdió en los votos, pero ya la había perdido antes en el imaginario, en el plano límbico, es decir, el plano del cerebro donde confluyen las emociones, los sentimientos primitivos como el miedo, la indefensión y la incertidumbre. El discurso de la "empresa privada eficiente y protectora de la gente", y el tema de "la propiedad individual", habían calado profundamente en la subjetividad venezolana, lo cual sirvió de alfombra roja a la propaganda malintencionada del momento.

Pero la cuestión de la Polar y sus campañas no se detuvo ahí. Sigue hoy en desarrollo, y por la vaciedad de su discurso merece ser desmitificada, comentada, desmenuzada y desnudada. Pocos bodrios son tan monumentales como el de la Polar en Venezuela, como expresión de propaganda política camuflada. Pocas veces en Venezuela una empresa capitalista, de naturaleza expoliadora, criminal en todas sus expresiones (laborales, medioambientales, en impuestos y contra la salud de las personas) ha contado con el aplauso (casi pavloviano) de gran parte del gentilicio venezolano.

Los mitos detrás de las campañas de la Polar

La Polar con sus propaganditas y su iconografía de arepas, curda y beisbol, ha evolucionado al mojón mental en la misma Polar y que nos venden también a nosotros, de que si no fuera por la Polar este país se hubiese ido al carajo desde hace tiempo. Dan esa sensación de que se asumen salvadores de un país entero. Casi les falta decir que sólo ellos llenan la estadística de empleo por ser los únicos que trabajan, porque los demás debe ser que cobramos sin trabajar.

Pocos bodrios son tan monumentales como el de la Polar en Venezuela, como expresión de propaganda política camuflada

Con el mojón del "esfuerzo" de la Polar, hace creer que el maíz que meten por un lado de una máquina (hecha en EEUU) y que sale convertido en harina y empaquetado por el otro lado, llegó solo caminando hasta la planta o que lo sembraron ellos. Ningún venezolano tuvo esfuerzo alguno produciendo y colocando en sus puertas el maíz desgranado, pasando por mil y un entuertos.

Colocándose a sí mismo como el pináculo de la eficiencia en Venezuela, no sólo nos hace creer que es la única que sirve para algo, invisibiliza el esfuerzo diario de otros, como es el caso de la verdadera empresa que mueve el corazón, alma y cuerpo de la economía venezolana: la empresa petrolera. Haciendo la salvedad de que la empresa petrolera se basa en la extracción, cierto es que la empresa petrolera también opera por medio de la exploración, producción, mejoramiento, transporte, refinación y comercialización de crudo. Polar, ni con toda la materia prima, puede sacar tres millones de kilos de harina al día, como Pdvsa exporta barriles de petróleo. Pdvsa refina y coloca a precio regalado hasta en la estación de servicio más lejana del territorio, la gasolina y el diesel que mueven al país, refinándose casi 400 mil barriles de crudo por día para el consumo de combustibles a lo interno. Polar sólo igualaría esa hazaña en litros tratándose del pernicioso y lucrativo negocio de la curda, pero qué va, si vemos una campaña de la Polar nos imaginamos a sus trabajadores sudando la gota gorda subiendo las cajas de curda a un camión y a los trabajadores petroleros rascándose las bolas en un chinchorro debajo de una mata de mamón.  

Que sus trabajadores son "más calificados", que son "los más eficientes", que el país "debería ser como la Polar", que el país debería ser dirigido por alguien que dirige la Polar, como Lorenzo, y por ahí se van. Hacen creer a la gente que la Polar nació con el actual Lorenzo, y hablan "del esfuerzo del Lorenzo, de su sudor", y tal. ¡Y resulta que este carajo es el nieto de los que fundaron esa vaina! Este carajo, Lorenzo Mendoza, en su vida no supo nunca lo que fue trabajar, él creció a la sombra de la riqueza de su papá y su abuelo, quienes se hicieron de un emporio de constructoras, bancos y empresas de alimentos, a expensas de Eduardo Mendoza, el gran lobbysta, ministro de agricultura en el gobierno de Rómulo Betancourt. ¿Y nos vienen a hablar de esfuerzo? Qué caretablas.

La mercadotecnia propagandera sensiblera de la Polar va de lo absurdo a lo telenovelero, o dicho de otra manera, con el cuento de que la Harina PAN sale a costos de pérdida, nos dicen que los bebedores de curda de este país le financian la arepa a la familia venezolana. Pareciera que nos quieren hacer creer que el gordo maracucho cervecero se va a sentar a llorar, dado que si no fuera por la calor zuliana y su afición a la curda, las familias pobres no tendrían cómo comer su arepa regalada por Polar.

Una campaña termina siendo campaña cuando nos hicieron creer en algo que nunca sucedió. Polar lo ha hecho así con la llegada del comunismo. Preguntémonos si el Estado venezolano al fin ha expropiado el kiosko de la señora de las empanadas, dado que, como casi medio país lo creyó alguna vez, lo dijo la Polar, el Estado podría tener alguna necesidad estratégica en nacionalizar todos los puestos de empanadas, carnicerías y kioskos de chucherías y ventas de Condorito, acabando de esa manera con "el emprendimiento".

La campaña de la Polar es tan engañosa como la supuesta calidad de una cerveza Polar. Pues quien haya bebido cualquier marca de cerveza de otro país sabe que la cerveza de consumo masivo en Venezuela es un asco causal de ratón coñoemadre y diarrea. Que si el "esfuerzo venezolano", que somos más venezolanos que la arepa, que "Polar es símbolo de Venezuela", y para colmo, la marca Harina PAN no es venezolana ya, fue vendida por Empresas Polar hace ya varios años. De acuerdo al registro del Servicio Autónomo de Propiedad Intelectual (Sapi), la reconocida marca aparece desde el año 2005 como propiedad de la empresa canadiense Deutsche Transnational Trustee Inc (Dtti), y es esta empresa la que está autorizada a manejar ese nombre para mercadear los productos de Polar en el extranjero.

Polar, que con plantas en Colombia coloca Harina PAN en esa nación, Miami, Madrid y el Caribe, ha demostrado ser incapaz de traer de vuelta divisas al país, para, en lugar de eso, formar parte de las empresas que reciben más divisas de Papá Gobierno castrocomunista. De hecho, desde 2004 y hasta 2011, fue la cuarta empresa que más divisas recibió del Estado, la segundda (luego de Cargill) en alimentos que más recibió divisas. Además de representar la dependencia importadora agroalimentaria en Venezuela, pues, pese a que el 80% del maíz es nacional hoy, Polar importa un contingente de "alimentos" con los que preparan cornfleiks, fruti lups, taco, gomitas, colorantes pa chucherías pa' carajitos, químicos para la Pepsi. El "esfuerzo nacional" de Polar se reduce al uso de las divisas del pueblo venezolano para la importación de porquería extranjera en marcas extranjeras.

Dueño de franquicias internacionales en Venezuela como la Pepsi, Lorenzo Mendoza va luego adonde Papá Gobierno con el cuento de que "la Pepsi necesita repatriar ganancias", y así vuelven a pechar al Gobierno teniéndoles éste que vender dolaritos subsidiados para que se los lleven. Bien nacionalista el negocito, no es cualquier puestico de empanadas. Salió "emprendedor" el muchacho.

Hasta el logo del Plan Garra resultó ser un robo a un equipito que juega frisbi de California, los "Polar Bears Ultimate"

La campaña de la Polar es tan agresiva que vende la idea de que sus trabajadores(as) son casi una secta: "Los testigos de Lorenzo", algo parecido a Herbalife, pero con gorritas tricolor, escuálidos y todos(as) profesionales acomodados(as). Lo cierto es que en Polar lo que hay es gente tercerizada a granel (que técnicamente no son trabajadores Polar). Cierto es también el hecho de que la mayoría de los sindicatos dentro de la empresa son chavistas, que buena parte de la masa trabajadora es subpagada y forman parte de las clases populares que no se identifican con la ideología política clasemedioide opositora apoltronada en cargos supervisores y gerenciales de Polar. Agudizándose las contradicciones de clase dentro de Polar, sucesivas paralizaciones de planta han dado cuenta de aumentos excesivos, por ejemplo, en el precio de la cerveza, mientras se mantienen congelados los salarios de la clase trabajadora. Los trabajadores argumentan "la avaricia patronal", mientras la plana gerencial chantajea acusando a la masa trabajadora de "chavismo que quiere destruir Polar desde adentro". Aunque las pugnas sindicales por reivindicaciones son comunes en todo espacio empresarial público y privado, el historial de Polar desdibuja mucho el mito del liderazgo de la familia Mendoza. Nos vendieron el chiste de que todos los esclavos aman al patrón y tal cosa no es cierta.

La empresa, encubriéndose en sus trabajadores, salieron por estos días conun monumentalmente estúpido y ridículo show tuitero posicionando una etiqueta llamada #PlanGarra. Dizque iban a defender la empresa con las garras, que el comunismo ahora sí se venía, que la producción, que los trabajadores de Polar "somos los más arrechos entre todos los arrechos", "no podrán con nosotros", invocamos al espíritu de Lorenzo, Capriles y Leopoldo, y tal. Y resulta que hasta el logo del Plan Garra resultó ser un robo a un equipito que juega frisbi de California, los "Polar Bears Ultimate". No les parió de la cabeza hacer un puto logo pa' tirarse tremenda campaña, y decían que ellos sí van a arreglar "este desastre de país". Qué bonito. Qué bello. 

Lorenzo saldrá del closet pronto

La campaña de la Polar es cada vez menos camuflada, y ya aparece el nombre de Lorenzo Mendoza como "presidenciable". Esa campaña oculta es además perniciosa, pues refleja el momento político de Venezuela; ese, que ha dado cuenta de la destrucción indiscutida de la dirigencia política de la derecha histórica para abrirle paso a otra: a la de los empresarios como actores protagonistas en la política, a la de las castas familiares metidas como actores políticos. Como aparece en una nota de Misión Verdad titulada "Sucedió un domingo familiar en el Country Club", los "Amos del Valle" decidieron saltar ellos mismos a la política. Sus hijos criados en el pequeño círculo de la aristocracia criolla son los rostros de la dirigencia opositora.  

Polar, al intentar redibujar el imaginario venezolano con el aspiracionismo político del séquito empresarial detrás de bastidores, envía un mensaje fuerte y claro: quienes tienen el poder económico, quieren de vuelta y en sus propias manos, el poder político. Los amos de nuestros bolsillos, de nuestros empleos, de los productos que consumimos, quieren nuestro apoyo, nuestro voto, nuestra aprobación, para que decidan los destinos del país entero con nosotros a bordo.

Venezuela puede estar en el preámbulo de otro punto frontal de choque entre la clase empresarial y los comunes, los pelabolas, la gente de a pie que decidió darle un giro político al país en el chavismo como forma de articulación política. Veremos entonces el pulso real de la maduración política en Venezuela, si al salir Mendoza al ruedo como dirigente hará mella en el imaginario social las campañas de la Polar y sus farsas, haciéndonos creer casi cualquier cosa. Será esa otra batalla monumental en el plano de la subjetividad.

Notas relacionadas