El mito de la observación electoral: la OEA en Haití

No sólo es que la figura de observación electoral no está contemplada por el Consejo Nacional Electoral (CNE) sino que los organismos, como la Organización de Estados Americanos (OEA), tienen un largo historial en manipular, amañar y cambiar los resultados electorales cuando les son adversos.

La interesada tecnocracia diplomática de la OEA, encantada de hacer turismo electoral mientras "contemplan el desastre" desde hoteles cinco estrellas, ni siquiera puede sostener la credibilidad de su secretario general, Luis Almagro, cuando envía una carta sobre las elecciones en Venezuela, en la que habla hasta de proscripción electoral, al mismo tiempo que en Haití avala lo que es considerado por casi todos los partidos políticos como un fraude electoral. De la inoperancia a la injerencia disfuncional.

Es que sólo con repasar el historial de la observación electoral de la OEA en el país encontramos proscripción del principal político Jean Bertrand Aristide, también de su partido Fanmi Lavalas, con el correspondiente fraude masivo en reiteradas oportunidades y de la misma forma, y relativización, por supuesto, de toda protesta que contradiga esa extraña forma que Almagro y los suyos tienen de llamar democracia a lo que, en realidad, es señalar con el dedo al que tiene que ganar.

Historia de la primera observación electoral: declarar ilegitimas las elecciones

Luego de la dictadura del clan Duvalier y un nuevo golpe militar, en 1990 fue elegido como presidente el teólogo de la liberación Jean Bertrand Aristide con un discurso antiimperialista y anticapitalista por lo que sólo le tomó ocho meses a la administración de George Bush padre organizar un golpe militar y otra ronda de persecuciones, asesinatos y desapariciones. La OEA, obviamente, no dijo nada.

En 1994, Aristide vuelve por un acuerdo con Estados Unidos, pero como la constitución haitiana no permite dos mandatos consecutivos –así como lo lee contaron como mandato esos ocho meses pre golpe– quien se postula es su primer ministro, René Preval, y gobierna hasta el año 2000 cuando Aristide se postula y retoma su discurso antiimperialista; por lo que otra vez rápidamente se organiza una oposición democrática, financiada por la NED, y una contrainsurgencia para que asediaran al gobierno y asestaran un golpe militar.

Este golpe armado por Francia, Estados Unidos y Canadá tuvo su puntapié inicial con la declaración de ilegítimas las elecciones que eligieron a Aristide por parte de la misión electoral de la OEA, enviada para monitorear el proceso electoral, y siguieron con el posterior reclamo de que se repitieran las elecciones legislativas y municipales de 2001.

Lo cierto es que el descaro fue tan grande que, durante las elecciones presidenciales, la OEA –junto con otros observadores– describió el proceso electoral como "un gran éxito para el pueblo haitiano, el cual acudió ordenadamente en grandes números para elegir a sus gobiernos nacionales y locales". Después de esto fue que llegó el cambio de discurso cuando Estados Unidos comenzó a operar el golpe, y la declaración, no sustentada en defectos del proceso electoral, sirvió como argumento jurídico para ahogar económicamente y cercar al gobierno de Haití hasta que finalmente lograron subir a un avión a Aristide y proscribrir hasta nuevo aviso a su fuerza política bajo la amenaza de una guerra civil por parte de los mercenarios haitianos respaldados por Estados Unidos.

La OEA cambió los resultados de las elecciones de 2010 en Haití

Proscripción electoral y persecusión

Con este golpe, la OEA dejó que un asunto regional, como la artificial crisis haitiana, fuera resuelta con el refuerzo de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), ordenada por Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, y puso en el gobierno de transición a los operadores locales que realizaron el golpe. La OEA, nuevamente, no dijo nada.

En 2006 se realizaron nuevas elecciones presidenciales y el Consejo Electoral Provisional (CEP) excluyó al partido de Aristide, Fanmi Lavalas, al mismo tiempo que el gobierno de transición desplegaba una feroz persecusión contra sus partidiarios en las zonas pobres de Haití y judicializaba a gran parte de su dirigencia. Sin embargo, una parte del partido se alió al expresidente René Preval y lo llevó a la presidencia. La OEA y la Minustah aprobaron por omisión la pronscripción deliberada de Fanmi Lavalas.

Preval gobernó un país ocupado, tutelado, con su máximo referente político proscrito y en el exilio obligado, hasta que en 2010 ocurrió el terremoto y Estados Unidos amplió la ocupación militar previa a las nuevas elecciones presidenciales. Y éstas se realizaron, nuevamente, con una misión electoral de la OEA que las avaló e hizo algo peor: cambió los resultados porque no les favorecían.

Un voto de la OEA vale por el de todo el país

Concretamente, el primer resultado dio como primera a Mirlande Manigat y segundo a Jude Célestin, el delfín político de René Preval, quien accedió a la segunda vuelta por un margen del 0,7% frente al candidato financiado posteriormente por la Usaid, Michel Martelly. Entonces, la misión electoral de la OEA ordenó una revisión electoral de más de 900 actas y sacó la conclusión de que en realidad el segundo había sido Martelly y no Celestine, por lo que recomendó la modificación del resultado. Esto finalmente fue aceptado por Preval ante la amenaza de ser perseguido y se le cortara la "ayuda humanitaria" a su país, como sucedió con Aristide.

En la Misión de Expertos designada ad hoc, seis de los siete especialistas eran de Estados Unidos, Francia (que sólo es observador de la OEA) y Canadá, los tres operadores del golpe a Aristide. Incluso, según un informe del Center for Economic and Policy Research, las conclusiones de la Misión "no usaron ninguna inferencia estadística" para tomar en cuenta el total de actas de votación, y tampoco hicieron una estimación de las actas perdidas, que eran de áreas favorables a Celestine.

Desde hace rato que dejamos de ser colonia y la OEA un operador imperial eficaz

Pero el descaro fue de tantas proporciones que hasta el estadístico principal de la OEA, Fritz Sheuren, reconoció la arbitrariedad y hasta afirmó que en su extensa experiencia en elecciones nunca había visto un caso donde los resultados fueran cambiados sin un recuento completo de las actas. Sin más, y sin menos, la OEA se autoeligió como el gran elector y se impuso.

Todos cantan fraude menos el ganador (y la OEA)

En esta oportunidad, con Aristide de vuelta en el país, el Fanmi Lavalas se pudo presentar a elecciones presidenciales, y Celestine también hizo lo mismo con su Liga Alternativa por el Progreso y Emancipación Haitiana (Lapeh). La OEA, por supuesto, también hizo lo mismo con su Misión Electoral y antes de esta elección aprobó las legistativas, donde, por ejemplo, no se contabilizó un cuarto de las actas electorales y al menos 12 muertos por protestas en contra del proceso electoral.

Según el recuento del Consejo Electoral Provisional, los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta fueron el oficialista Jean Charles Moise de la Plataforma de los Hijos de Dessalines y Célestine. Sin embargo, la candidata de Fanmi Lavalas, Maryce Narccise, denunció un fraude masivo y afirmó que le robaron votos a su candidatura, considerada por ella como la más votada. Mientras que Celestine convocó protestas callejeras para exigir una revisión de los hechos denunciados y un recuento de votos. Lo mismo hicieron todas las organizaciones del país, excepto el partido de Martelly y el gobierno de Haití que reprimió las protestas.

Pero el oficialismo no fue el único que alabó los resultados, sino que la Misión Electoral de la OEA legitimó los resultados y afirmó que concuerdan con lo observado. Sobre las alegaciones de fraude masivo y repetición de la votación sólo pidió que los partidos políticos y las miles de personas que salieron a protestar presentaran sus preocupaciones "por las vías legales correspondientes".

Por lo que de forma descarada, y nuevamente, Haití realiza unas nuevas elecciones con ventajismo electoral, denuncias de fraude, represión a las protestas, y eso mismo que Almagro "denuncia" en Venezuela sólo merece de la OEA una recomendación al país caribeño para que mejore su sistema electoral.

Paradójicamente, este mismo Ministerio de Colonias es el que se queja de que no le permiten declarar ilegítimas las elecciones en Venezuela, proscribir partidos políticos, ni cambiar resultados. Desde hace rato que dejamos de ser colonias y la OEA un operador eficaz y eficiente para voltear gobiernos.

Vaya lugar común.

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