El culebrón de los medios privados

No hay nada inocente o accidental en los mensajes emitidos por un medio de comunicación, ni un canal de televisión es una cosa inerte que está ahí, dentro de un aparato, para entretenernos cuando decidimos encenderlo, sin recibir nada a cambio.

Detrás de las televisoras está el poder económico del mundo. Los mensajes transmitidos responden a los intereses de quien se encuentra a la cabeza del medio de comunicación y de los grandes empresarios. Los medios masivos de comunicación pueden ser la herramienta de dominación o de liberación más poderosa que existe, pero en manos del poder económico esa última función desaparece.

Ningún mensaje transmitido por el capital a través de un medio de comunicación es inocente. Todos tienen una intención.

Los dueños de los canales de televisión en Venezuela están en guerra contra un gobierno y contra un pueblo que ya no quieren más manipulación, que se hartaron de los deformes patrones de belleza, de las pistolas en horario infantil, de las mansiones lujosas de las novelas mayameras, e incluso venezolanas, que en nada hacen honor a los hogares del venezolano promedio, que luego de una ardua jornada de trabajo llega a su casa y enciende el televisor, para encontrarse con el mensaje de que lo chévere, lo bonito, es un modelo de vida inalcanzable para él y además inexistente en general.

Nos utilizan a todos

Tras captar la atención -y hasta el cariño- de la gente hacia tal o cual actriz que representó el papel de una pobre muchacha pataenelsuelo que de un día para el otro consiguió convertirse en una dama de la alta sociedad, al terminar la novela la mandan a un programa de opinión a lanzar mensajes autocompasivos aderezados con el primerísimo primer plano de un rostro angelical de ojos enrojecidos y aguados, que lloran clamando un diálogo, un cambio para el país, y aunque no hayan argumentos, la muchacha, tan bonita, logra que uno se cuestione: oye, ¿será que el gobierno es malo?

Que luego los mismos empresarios la dejen sin trabajo cuando no la necesiten más, es otro tema.

Entonces: si hace rato que los canales privados de televisión ponen a sus voceros a llorar impúdicamente porque “el gobierno no dialoga”, ¿cómo nos explican que ahora, cuando el gobierno los invita al diálogo, patalean de disgusto y buscan cualquier motivo para denunciar censura?

La paz no vende. El drama, sí

De manera casi simultánea a la reunión que los medios privados de comunicación tuvieron con el MINCI y el Presidente Nicolás Maduro en Miraflores, para la aplicación de correctivos a los mensajes que incitan a la violencia, Javier Vidal calificó la iniciativa del gobierno de unir a los medios en la lucha contra la violencia como “una estupidez” y “una pérdida de tiempo”.

Otro doliente salió a llorar en la sección de opinión de El Diario de Caracas: Aquilino José Mata, quien se ha ganado la vida cubriendo la fuente de farándula, ventilándole la vida íntima a cuanta actriz o actor ha tenido la desgracia de caer en su lengua, en un arranque de pavor por la creencia de que va a desaparecer la telenovela (el “dramático”, ese género que le ha dado de comer por tantos años), hace un paréntesis en su voyeurismo farandulero para cuestionar esta convocatoria a los medios con preguntas como “¿el súbito interés del gobierno de vigilar los “contenidos violentos” en la TV es el inicio de una intervención flagrante para censurar a los canales de señal abierta y por cable?”, o “¿por qué los villanos de las telenovelas siempre tienen un final aleccionador, en el cual son castigados, mientras que los que azotan a los venezolanos en el mundo real gozan de la mayor impunidad?”.

El hombre está en desacuerdo con que los medios trabajen junto al gobierno en contra de la violencia, pero al denunciar la supuesta impunidad está reconociendo un problema de cuya solución no quiere formar parte.

La matriz de opinión de la censura (que también fue reciente bandera copeyana) tiene la intención de ir instalando en el espectador la idea de que el gobierno es maluco porque no quiere que los medios sigan produciendo los contenidos basura que les dé la gana y, por ende, que aquellos, los buenos dueños de los medios, hacen televisión por amor al arte, y no porque con cada segundo que sintonizamos sus canales ellos se hacen más poderosos y tienen más control sobre nosotros.

La estúpida lucha entre el bien y el mal

Para defenderse ante los señalamientos de la violencia y los antivalores presentes en las telenovelas, Mónica Montañés dice que en la novela siempre triunfa el bien, que los buenos son premiados con finales felices y pájaros preñados, y que éste es un mensaje para que la audiencia sepa de qué lado debe estar.

Y sí, eso es verdad, pero eso es al final de la novela (¿y cómo se come eso del "bien" y del "mal"?), luego de los meses de sufrimiento, intrigas, asesinatos, envidias, gritos, escupitajos, peleas de perras, cortes comerciales y demás barbaridades con que aderezan la historia de todas las desgracias que la pobre Hermenegilda tuvo que pasar para, finalmente, poder ser feliz en el último capítulo, junto a su hombre.

¿Logrará nuestro Gobierno convencer a estos señores de unirse junto a nosotros a acabar con la violencia, o seguirá el drama de los medios por opacar el trabajo de la Revolución y seguir estupidizando el tema? Esto y más, en un próximo capítulo.

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