Cuatro casos de intoxicación mediática (y golpista)

Los hechos concretos en la calle, la violencia estrictamente política, tangible e indiscutible que hemos visto en estos casi dos meses de jornada de golpe y contragolpe, antes de materializarse se buscan instalar, medios mediante, en la cabeza de la ciudadanía de a pie. La mentira y la desinformación precisan de una mente descuidada y cautiva que pise el peine y legitime, desde la comprensión limitada que promueven medios y redes sociales. En cierto sentido, perpetúa el modelo Betancourt de guerra contra el pueblo: disparen primero (el dato narcoinformativo), averiguen (y procedan) después. Aquí apenas presentamos cuatro casos particulares que han sido bandera expansiva en la fase actual de la guerra en Venezuela.

El procedimiento por el cual se desarrollan los golpes de Estado modernos, apunta Umberto Mazzei, son una situación más técnica que política, son, en primer lugar, un problema logístico y se debe en lo inmediato a tareas de ese orden para alcanzar su concresión más que a condiciones políticas realmente existentes y dadas sobre el terreno que más o menos favorezcan la situación de los interesados golpistas.

En gran medida a eso se debe un poco la relativa sorpresa por parte de algunos que todavía padecen de lógicas lineales para la comprensión de un proceso revolucionario. Según ellos, no existían condiciones de instalar una agenda golpista cuando los factores tradicionales se encontraban en desbandada y en un atajaperro interno público y notorio.

A casi dos meses del inicio del proceso golpista, queda más que claro que “La Salida” propugnada por aquellos tres no se trataba de una acción audaz en el orden político, sino la ejecución de un plan en base a la garantía de tener los elementos técnicos que provocarían semejante situación, puesto que todo el tiempo se trató de una “salida” tecnocrática al problema chavista, acelerada a sus máximas consecuencias.

“La estrategia es la de siempre: concentrar las fuerzas en el punto más sensible del adversario, que en un Estado moderno son los servicios públicos y los medios de comunicación”, remata Mazzei. En este contexto, los permanentes actos de sabotaje y la desigualdad cualitativa y cuantitativa de los medios a contracorriente, hablan por sí solos los resortes del golpe de Estado.

Siguiendo lo planteado por Mazzei, entre lo político y lo técnico, lo mediático se ubica a mitad de camino entre uno y otro, siendo el terreno central para el desarrollo de la atmósfera golpista. A esto se le agrega dos elementos de peso: la incapacidad total de los dirigentes políticos tradicionales en el seno de la oposición, y el poder determinante de la línea mediocrática que lleva la batuta y ejecuta asentando las bases del enrarecimiento de las circunstancias y la concreción del lenguaje que determinará el relato del golpe. Hace rato que el lenguaje se fue a la guerra y algunos se quedaron hablando igual que antes del 12 de febrero.

A lo largo de estos casi dos meses de altibajos en la agenda golpista, en los que la supresión de la memoria inmediata es uno de los mecanismos tácticos para falsificar hechos y noticias, muchos han sido los casos donde se pueden detectar, a continuación van cuatro casos, brevemente comentados, de la puesta en marcha de procedimientos de desinformación que apuntan a una situación específica en la que al final del camino se le ve el rostro a la intervención extranjera.

Hace rato que el lenguaje se fue a la guerra y algunos se quedaron hablando igual que antes del 12 de febrero

1. Colectivos (y motorizados) igual a paracos

El caso más sonoro y evidente de descontextualización, demonización y adulteración de la memoria lo expresa la matriz de los colectivos barriales como escuadrones paramilitares, según la conspiración mediática, a imagen y semejanza del paramilitarismo colombiano, los Tonton Macoute haitianos o cualquier cuerpo de exterminio más o menos conocido por un público brutal e ignorante que por sobre toda las cosas ignora y cancela la realidad barrial fuera de su lógica redomada por las órdenes que recibe Alberto Federico Ravell.

La promoción de dicha matriz tiene doble propósito: criminaliza al chavismo en toda su extensión (disparando sobre sus vanguardias orgánicas) y sirve de comodín para encubrir el proceder de mercenarios, paracos y personas armadas y entrenadas para la ocasión de diverso pelaje, que, a su vez, ejecutan acciones de propaganda negra atribuyendo toda responsabilidad exclusiva sobre la violencia y la muerte por goteo al Gobierno Bolivariano. Al estabilizar un falso sinónimo entre colectivo y “paramilitares del régimen la conspiración se apoya en un ancho piso legitimador de su propia violencia.

El ejemplo más claro de lo antes mencionado ha sido el tratamiento que La Patilla en primer lugar, el resto de los medios en segundo, han instalado al referirse a estas situaciones.

El 18 de marzo se difundió la noticia de que el grupo paramilitar Águilas Negras, operador principal en las áreas fronterizas del estado Táchira con claro origen uribista, soltaron volantes en Rubio amenazando a quienes guarimbeaban de ser ejecutados, puesto que las “protestas” afectaban sus negocios. En el punto más álgido de descontextualización, La Patilla ejecutó una operación de equivalencia entre las muy antichavistas Águilas Negras y los siempre difusos “colectivos”, promoviendo una situación pivote que ahonde aún más la criminalización del Estado y el Gobierno Bolivariano, a los ojos de la agenda mediático-golpista internacional.

2. Las muertes en las protestas

Otra de las líneas cartelizadas en los medios golpistas proviene de la generalización y mistificación de las “protestas”, la agenda golpista obliga a convertir todo acto de violencia callejera, toda acción premeditada contra servicios, toda provocación abierta contra los agentes del orden público y mezclarlo con las movilizaciones de la “sociedad civil” como un ente único y sin fisuras, que sugiera la total inexistencia de responsabilidad directa e indirecta sobre los actos de violencia, sabotaje y propalación de una situación pre-insurreccional.

Bien sea El Universal, La Patilla o Venevisión, la lista de víctimas de la agenda golpista, trátese de Guardias Nacionales que caen por balas de francotiradores, quienes mueren consecuencia directa de las barricadas y guarimbas, quienes por accidentes relacionados a la confrontación misma o por homicidios intencionales, los medios hacen tabla rasa y todas las víctimas, sin importar contexto, situación o signo político, pasan a ser muertes “en las protestas”, y por lo tanto, muertes a manos del gobierno “genocida”.

3. Los infiltrados “chavistas” en las guarimbas y la violencia callejera

Ante los inocultables hechos de violencia perpetrados por ellos mismos, algunos factores utilitarios de la oposición (entiéndase políticos y figuras de la oposición) han tenido que ejecutar la orden de alegar que dicha violencia se debe a “infiltrados” del gobierno y no a sus propios querubines entre cerebros lavados y operadores sobre el terreno.

Pero, de ser así, ¿por qué una vez detenidos los “saboteadores” las ONG y el Foro Penal Venezolano salen corriendo a defenderlos y sus nombres ingresan las desmesuradas y claramente orientadas listas de “detenidos”? ¿Por qué elementos que tras testimonios de los mismos opositores pasan a ser víctimas del rrrrégimen?

4. Construir a las víctimas o lo que vende es el relato

El caso Carlos Requena, el hombre con capacidades diferentes (cada vez menos graves según se matiza el relato) describe precisamente el uso y abuso con el que queda al descubierto la adulteración de los hechos y cómo se formula el relato conveniente para aquella entelequia que llaman “la comunidad internacional”. De muchacho con severas limitaciones por alguna extraña razón sumado a la “protesta” en el municipio Chacao, víctima de la arrolladora “maquinaria represiva” pasa a ser un hombre asistido por ahogamiento por la misma Guardia Nacional a la que acusan.

Algo similar se puede decir del reciente brutal asesinato de la intérprete de señas para el informativo de Venevisión, Adriana Urquiola, que en un primer momento los medios, en un acto abierto de control de daño, trató de trasladar la responsabilidad del asesinato sobre personas vinculadas a figuras del gobierno, sin embargo, el tiempo ha venido demostrando rostros y responsabilidades concretas, dejando en evidencia en primer lugar la voluntad de lavado (y lógica de narcolavadora) de La Patilla en adelante, y por otro, la participación directa de sicarios y asesinos en las guarimbas que brotan y se activan en distintas ciudades de acuerdo suba o baje la marea a nivel nacional.

Una conclusión preliminar

Estos cuatro y resumidos ejemplos describen y confirman, una vez más, la condición de jugada de laboratorio con los que la mediocracia a la vanguardia se encarga de propalar y progunar el clima necesario para la aplicación de matrices orientadas a buscar su propio punto de irreversibilidad en la violencia por delegación de la trama oscura que compone al actual asedio político y fachomediático contra Venezuela Bolivariana.

Algo más se constata: la condición efímera de la información, destinada fundamentalmente a asestar golpes por acumulación, más allá de sostener una mentira particular por encima de una serie de falsificaciones generales. Contrarrestar sus efectos inmediatos entraña una dificultad respetable que depende fundamentalmente de la capacidad de resistencia de este lado de la cancha del relato que se trata de imponer. La guerra de desgaste no sólo es económica, sino psíquica.

Se hace necesario calcular sus efectos en la agenda que a nivel de medios internacionales permanece intacta.

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