Claves geopolíticas para evitar una guerra con Colombia

Encendidas las alarmas por las recientes declaraciones de la CIA y las implicaciones de la nueva doctrina militar del ejército colombiano para la Revolución Bolivariana, la geopolítica suramericana sigue moviéndose y asoma un conflicto entre Colombia y Venezuela en latencia.

La invasión militar sobre el territorio venezolano comenzó sobre todo desde 2002, con los grupos paramilitares colombianos -brazo del ejército y las corporaciones para todas sus actuaciones represivas no ajustadas a derecho-, que en alianza con ONGs financiadas desde los EEUU, partidos políticos de la derecha venezolana y negocios vinculados al lavado de dinero (como los negocios de compra de divisas y oro roto que vociferan diariamente en el centro de Caracas sin que nadie los detenga), han formado a las bandas criminales venezolanas y ya hoy son mayoritariamente nacidos en este territorio quienes están comenzando a ejecutar asesinatos de revolucionarios, y diversas acciones terroristas para lograr el control del país.

La beligerancia asumida por Juan Manuel Santos contra la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y el anuncio reciente de movilización de tropas hacia la frontera, no deben pasar desapercibidos. Es importante sumarle a esto el ejercicio militar América Unida, el cual se realizará en el Amazonas brasileño con la participación de los ejércitos de Brasil, Colombia, Perú y EEUU en noviembre de 2017, que coloca un par de nuevos actores en la posible acción militar contra Venezuela y alerta sobre la posibilidad de que ésta no se realice por la frontera noroeste, tradicionalmente vigilada, sino por el suroeste del país. Sea cual fuere la frontera que escojan o la operación de falsa bandera que utilicen para justificar una guerra, las últimas declaraciones de algunos senadores norteamericanos sobre la disposición de apoyar a Colombia en un eventual conflicto con Venezuela configuran una probabilidad real.

Al principio de esta investigación, era la teoría de quien esto escribe que esta acción no se concretaría hasta el año 2019, cuando la Doctrina Damasco habría sido implantada y el nuevo gobierno colombiano asumiera el poder. Pero la reciente convocatoria a la ANC -que ha reactivado al chavismo- sumada a la deslegitimación paulatina de la dirigencia de la derecha venezolana ante sus seguidores, parece haber inclinado la balanza a favor del proceso revolucionario.

La guerra interna que se ha desatado no está aún cerca de su fin, pero parece conducirse a un giro favorable a la institucionalidad para derrotar las últimas operaciones militares de control territorial (guarimbas) y terrorismo, que iniciaron este año. Esta batalla ha ocasionado más de 100 muertes, mayoritariamente de hombres revolucionarios jóvenes y efectivos militares y policiales, también jóvenes, evidenciando un perfil claro de las víctimas.

Esta posible victoria bolivariana puede obligar de nuevo a la presión de la derecha internacional ante la incapacidad de la derecha nacional. Sin embargo, los costos de una invasión norteamericana directa son muy elevados en este momento para el gobierno de los EEUU y es aquí donde entra Colombia al tablero. Los movimientos de tanques colombianos hace poco más de un mes hacia la frontera de la Guajira, por ejemplo, y el calentamiento de micrófonos, pueden ser sólo el preámbulo. Es muy posible que el gobierno de Colombia, como agente imperial, haya tratado con esta acción, estudiar la capacidad de respuesta del Gobierno Bolivariano y la respuesta interna en este nuevo escenario en el que han recuperado el poder sobre algunos territorios fronterizos que se encontraban anteriormente bajo control de las FARC-EP.

De todos modos, no hay que perder de vista que lo que la Doctrina Damasco define como Sistema de Amenaza Permanente (SAP), persiste y no dejará de ser una prioridad para el gobierno colombiano, que aún encontrará mucha resistencia en el pueblo, por lo que la "desocupación" de sus efectivos no será total como lo anuncian. Su sueño de control absoluto no parece concretarse y acciones de resistencia popular recientes -como el paro de Buenaventura- lo evidencian. Pero es cierta la posibilidad de que la nueva derrota de los planes de desestabilización interna en Venezuela conduzca a esta nueva jugada del imperialismo contra un país que no sólo tiene apetecibles reservas petroleras y mineras sino que, a pesar de los errores y carencias, continúa siendo, sin lugar a dudas, una esperanza que se levanta como una "amenaza inusual y extraordinaria" a los planes imperialistas en Nuestramérica.

Debe activarse el pueblo bolivariano de Colombia y de Venezuela

No hay que olvidar la importancia de complejizar el análisis cuando se trata de procesos históricos y que la geopolítica tiene más de estudio de probabilidades que de predicciones exactas, pero esta guerra fratricida debe ser evitada antes de que se concrete como posibilidad, y esa es la intención de estas líneas. En el territorio venezolano se debate la lucha de clases representada en dos proyectos históricos latinoamericanos opuestos: el de Bolívar y el de Santander. Santos y López representan el mismo proyecto histórico y ello puede evidenciarse, por ejemplo, en las propiedades comunes de grandes negocios binacionales, que van más allá del "bachaquerismo" corporativo. 

Ante el escenario planteado, lo más importante es no perder el enfoque clasista a la hora de tomar partido en los conflictos que ya existen entre ambos países y los que surgirán. La lucha frontal contra la xenofobia es fundamental. Parece una verdad de perogrullo, pero los enfrentamientos anteriores entre Uribe y Chávez, Santos y Maduro, dejaron mal parados a algunos dirigentes de izquierda de ambos países porque -parafraseando a Bolívar- el nacionalismo sin conciencia histórica es un azote.

Las elecciones presidenciales del 2018 en Colombia y el proceso  de paz, en particular la mesa de diálogo que se desarrolla con el ELN que ahora es el grupo armado más grande de Colombia, son un escenario que desde este lado de la frontera se debe valorar. Habrá una gran diferencia para lo que pueda suceder en Venezuela si este proceso termina sólo en un evento de desmovilización y desarme o si por el contrario, se constituye en un proceso politizador del debate sobre el conflicto que pueda activar al Pueblo colombiano en la defensa de sus derechos y realmente genere un acumulado político para la Revolución colombiana y en principio para la Paz con justicia social.

Por lo que es imperante, apoyar la presión para el cumplimiento de acuerdos con las FARC, continuar con el apoyo del gobierno venezolano a la mesa de diálogo Gobierno de Colombia-ELN, activar el acompañamiento real de las fuerzas chavistas y la gran comunidad colombo-venezolana para que ese proceso sea mejor que el anterior y colocarse a la vanguardia mundial de la denuncia de la violación de los derechos fundamentales contra el Pueblo colombiano cuyas protestas son vistas como parte del SAP, y por ello judicializadas y brutalmente reprimidas. Debe ser tarea de la izquierda latinoamericana, pero sobretodo del Pueblo Bolivariano de Colombia y de Venezuela, que en lo inmediato se generen las condiciones para un resultado medianamente favorable a las fuerzas progresistas en las elecciones de Colombia en el 2018.

En suma, se debe seguir construyendo la paz pero con visión geopolítica, conciencia de clase y sincero internacionalismo, sin dejar de prepararnos para la guerra, pero no contra otros Pueblos, sino contra los enemigos del proyecto histórico bolivariano.

El acumulado histórico de la gran migración colombiana que habita Venezuela debe ponerse a la orden de la defensa de este proceso y la Revolución venezolana debe proponerse hacer acopio de él. Este tiempo ganado debemos usarlo como recomendó Ho Chi Min: prolongar la lucha para acumular experiencias y desarrollar nuestras fuerzas manejando el factor tiempo de manera científica. Recordemos siempre que este héroe de la lucha antiimperialista identificaba dos tipos de guerra, la guerra justa contra la opresión, dominación y agresión, y la injusta y agresora que intenta imponer el yugo de la dominación sobre otro estado, otro pueblo.

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