Briquetera del Caroní y Briquetera del Orinoco: consolidando soberanía

La defensa de la soberanía radica también en aspectos poco visibles, conocidos o publicitados de la cadena productiva nacional; de lo que se extrae, procesa y/o manufactura en el país. Todo, en su conjunto, son riquezas de la nación.

Eso incluye todos los derivados que se extraigan de los recursos. Comenzando por las industrias básicas y -subráyese- todos sus sectores intermedios. Revisemos la Constitución, siempre.

Algunas cosas parecen "detalles" y en realidad abarcan amplias zonas de la actividad nacional que implican desde la generación de empleos -con trabajo digno de acuerdo a nuestras leyes laborales-, el manejo de recursos fundamentales para la industria nacional, en componentes para el funcionamiento de la infraestructura industrial en todas sus escalas; en el comportamiento de los precios, y en última instancia, al desarrollo económico en general.

No sólo por la vía de las grandes privatizaciones, si no por el uso y abuso de empresas privadas -nacionales y trasnacionales- en areas estratégicas de la economía menos acostumbradas a ser noticia -como las industrias intermedias, como las briqueteras-, en la que todavía perviven rasgos y compañías sumadas al despojo y al sometimiento económico regido por dictámenes neocoloniales. Las nacionalizaciones son un acto de soberanía.

El lunes 12 de agosto el Ministro del Poder Popular para Industrias, Ricardo Menéndez, anunció el reinicio del proceso de nacionalización de Venprecar y Orinoco Iron, dos grandes productoras de briquetas de hierro compactadas en caliente. Las briquetas se emplean en chimeneas y altos hornos con diversos usos. Esta nacionalización se empata con el ciclo de expropiasiones que se inicia con Sidor. 

La trama trasnacional

El anuncio forma parte de negociaciones previas que se remontan al 21 de mayo de 2009 cuando el Comandante Chávez anunciara la nacionalización de las entonces filiales de la Internacional Briquettes Holding (IBH): Venezolana de Prerreducidos Caroní “Venprecar”, C.A. (Venprecar) y Orinoco Iron, S.C.S. (Orinoco) en conjunto con el resto de las empresas privadas que forman parte del sector briquetero del país.

Los dueños privados de estas empresas, pertenecen, como se muestra en la imagen de esta nota, a la raíz de toda una corporación llamada Siderúrgica Venezolana Sivensa S.A., que, como bien explica el ministro Menéndez, armó su poder económico a partir de los recursos de todas y todos los venezolanos. 

Esta corporación nace en Caracas en 1948, inicia operaciones en 1950 y desde ese momento comenzó a crecer y expandirse el entramado de una serie de filiales venezolanas y extranjeras, entre las que conocemos: Sidetur, Fundación Metalmecánica para la capacitación Industrial (1976), Vicson-Bekaert y FIOR (en los años 80), y Venprecar (1991).

En 1997 adquirió una participación original del 20% del Consorcio Siderurgia Amazonia Ltd., el cual ganó la licitación que se llevó a cabo con motivo de la privatización de la Siderúrgica del Orinoco, Sidor, para luego cambiarla en noviembre de 2005 por una participación en Ternium C.A., empresa poseída por el grupo Techint con acciones en el New York Stock Exchange a través de ADRs. En el corazón del capitalismo de Wall Street.

La división IBH se crea en 1998 asociada con una corporación transnacional con la cual construyó la planta de briquetas Orinoco Iron, iniciando operaciones en el 2000.

Luego de una reestructuración organizativa -aprovechando la crisis internacional del acero- que involucró el reenfoque de sus actividades hacia los sectores de acero, alambre y briquetas, los negocios de esta corporación obtuvieron un repunte desde el 2003 debido -según información pública de la misma empresa- al incremento de la actividad económica en Venezuela y por supuesto, a la alta demanda de materias primas para la industria del acero en el mundo. Pero dado el esquema, quedándose con ganancias que corresponden al país y no a unos cuántos fuera de él.

En el año 2007, Sivensa vendió el 78% de su participación a Ternium, destinando esta negociación a inversiones en activos fijos, pago de la deuda financiera y a un dividendo extraordinario para sus accionistas. Casualmente en ese mismo año, la empresa vendió la participación de 50,002% en la empresa de alambres Vicson motivada a esta misma concentración en los negocios de acero y briquetas.

En contraposición a todo este lenguaje empresarial, que se traduce en dividendos por más de 60 años a la empresa privada venezolana exclusivamente, pero en particular a tres grandes del acero transnacional, Techint, Ternium y Bekaert, se encuentra la firme lucha por la nacionalización de las empresas encargadas del sector briquetero. 

Consolidando soberanía industrial

Muchos recordamos aquella frase que dijeran ejecutivos de la empresa Matesi -ahora la nacionalizada Briqueteras de Venezuela: “Que se anime Chávez y va a ver el problema político y en los tribunales internacionales que le armamos”.

Todo esto enmarcado en el conflicto por la convención colectiva de los trabajadores de Matesi en agosto de 2007, que era controlada en 50,2% por el grupo siderúrgico Techint y en 49,8% por Sidor.

En el 2008 se re-estatiza Sidor y en el 2009 continúan hasta ahora los procesos de nacionalización que, como reseñábamos al comienzo, vienen de transnacionales que en términos medios de la estructura organizativa -vista en la imagen de la presente nota- convenientemente se invisibilizan  en el negocio de la explotación minera, y obrera.

Briquetera del Caroní y Briquetera del Orinoco están destinadas a generar beneficios que serán redistribuidos al territorio venezolano, como lo designara Hugo Chávez para el abastecimiento de la Gran Misión Vivienda Venezuela y, en general, la política económica del país. De ahí que el Gobierno de la Eficiencia, inserte esta nueva nacionalización dentro del esquema emergente de la Comisión Soberana para la Comercialización de las Empresas Básicas, en uno de los sectores más sensibles y propensos a la corrupción y la intervención extranjera.

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