Américo Martín: de la traición al ridículo

Hay un punto de inflexión en la vida de Américo Martín en el que echó el resto para rellenar las fórmulas del currículo político venezolano.

Ese punto, cuentan algunas reseñas históricas, se concentró el 1º de junio de 1967 cuando fueron detenidos en el puerto de La Guaira, a bordo del buque español "Satrústegui", Américo Martín y Félix Leonet Canales debido a una fallida operación especial guerrillera. Sin embargo, cuenta José Sant Roz, "la verdadera versión era que Américo Martín se había entregado, quien era ahora uno de los 'rajados' que pasaba a engrosar las filas de los 'suaves' o 'blandos' del MIR".

Luego de aquella detención, las mieles entre el puntofijismo y Martín se convirtieron en lunas y concesiones para ocupar curules y mesas de restaurante en tascas y oficinas donde solían encallar algunos izquierdistas conversos a la manera de Mario Vargas Llosa, anticomunistas entrampados por el ocio y la traición.

Árbol que nace adeco

A los 15 años había sido reclutado por Acción Democrática, y en poco tiempo había pasado por la cárcel y el garrote policial de Pérez Jiménez. Su carrera como líder de izquierda dentro de las facciones adecas dio pie para que, luego de instaurado el puntofijismo, hubiera decidido escindir el partido para la asunción del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) hacia los cerros de El Bachiller, estado Miranda, para cumplir con la impronta guerrillera junto a camaradas de la talla de Fernando Soto Rojas y el asesinado Chema Saher.

Aún comandando el Frente Ezequiel Zamora, Américo Martín -dice actualmente que- dudaba del camino elegido aun cuando su ex compañero de lucha Domingo Alberto Rangel lo contradijera en una entrevista, donde relata su encuentro con Ernesto Guevara en las vísperas de la toma de las armas en Venezuela como respuesta a la violencia estructural y de facto que el gobierno de Rómulo Betancourt aplicaba contra la población.

No fue sino hasta el proceso de "pacificación" con Rafael Caldera, en el año 1971, que muchos dirigentes de la izquierda radical decidieron dar sus "oportunas volteretas" y así pasar al bando contrario con la fachada revolucionaria como caja de resonancia personal. Entre los tránsfugas hay que mencionar a Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez, Pastor Heydra y Gumersindo Rodríguez, betancouristas de corazón según el propio Sant Roz. De hecho, Martín fue uno de los tácitos mencionados en el poema de Álvaro Carrera "Los dirigentes":

(…) un buen día los líderes nos abandonaron,

vieron -se supone- demasiado lejos

el día de la limousine negra, del

cargo en el gobierno,

entonces optaron por la otra fórmula,

empezaron a hablar de condiciones

objetivas,

de correlaciones de fuerzas,

de la distención mundial,

empezaron poco a poco y

poco a poco se rajaron por completo,

traicionaron por completo,

se vendieron por completo.

Un único libro suyo haría ruido en la escena política venezolana, momento en que los grandes capitales extranjeros se enquistaban en la estructura rentista del país y la política estaba relegada a las habladeras de pendejada en el Congreso y las portadas de diarios con declaraciones tremebundas de primeras damas y abogados de la patronal. Los peces gordos (aquí un capítulo) no pasó de ser una mancha "comunista" más dentro de la carrera adeca de Américo Martín.

Porque el tipo nunca dejó de ser adeco. Luego del rotundo fracaso de su candidatura presidencial para las elecciones de 1978, decidió dedicarse por completo a una vagabunda carrera como diputado al Congreso hasta 1983. La línea cronológica no miente: de su pasaje adeco quedaron los remanentes, la ética espuria y el oportunismo que relame suelas de empresario extranjero.

Américo Martín es la síntesis de todo lo que el chavismo no es. Árbol que nace adeco crece torcido hasta la última hoja.

Américo Martín es la síntesis de todo lo que el chavismo no es

Del ridículo y la traición

En adelante será un don nadie de la política venezolana, arquetipo del bufón y la charlatanería erudita como Teodoro Petkoff, un relegado de la política por la misma fuerza de la costumbre puntofijista y un vividor de la lírica anticubana con la carta vencida de que fue, durante unos días, amigo de Fidel Castro. Paradójicamente, el chavismo en el poder ejecutivo le daría la oportunidad de relanzarse como dirigente, esta vez opositor al gobierno de Hugo Chávez, cuando fungió como "representante de la sociedad civil" en la Mesa de Negociación y Acuerdos de 2002.

Se sentó en la mesa a "dialogar", con el ex presidente de la Organización de Estados Americanos (OEA), César Gaviria, como mediador, y con Nicolás Maduro para intentar consensuar, siendo él militante de la Coordinadora Democrática, una salida beneficiosa para los dueños que habían impulsado el golpe de Estado de abril y el entonces activo paro petrolero. Una negociación ficticia debido a que sus 64 años Américo Martín había firmado el Carmonazo y lo pondría en la palestra de la antipolítica venezolana.

Durante una entrevista, en el marco de aquella mesa instalada en Caracas, había puesto las cartas sobre la mesa: "El dilema es sencillo en su crueldad: elecciones o violencia". ¿Qué se podía esperar sino el fracaso de aquellos diálogos, cuando todos conocemos por experiencia que la violencia iba a tener la delantera por encima de la política?

En realidad, Martín, viene del latín traditio, que visto desde cualquier etimología posible (en lenguaje culto o "vulgar", en lengua muerta o vivaracha) significa entrega de sí mismo, de algo o de alguien al bando de los enemigos, de quienes se encuentran del otro de la línea (invisible o divisoria, simbólica o no) de la cruzada entre pobres y poderosos, entre la plebe y los aristócratas, entre una muchedumbre de quejidos y una autoridad goda y represiva, entre patriotas fieles y apátridas traidores, entre rebeldes y conservadores.

Nada se puede esperar de alguien que elogia a sus propios verdugos: el personaje político que más admira "por su acercamiento a la conformación de un proyecto nacional democrático es Rómulo Betancourt" aunque haya declarado recientemente, como si fuera a las páginas rosas de El Nacional, que "yo me hice amigo de verdad de Caldera. A partir de ahí le cogí un gran cariño".

¿Por qué la mayoría escuálida de la Asamblea Nacional (AN) escoge a este notable mercenario de bajo presupuesto? ¿Porque fue asesor de Carlos Andrés Pérez en los tiempos de privatización de las empresas básicas? ¿Qué dirán los paladines del partido "justiciero" de Julio Borges, que vienen del Opus Dei y albergan aspiraciones de protagonizar el elenco del espectáculo?

Aunque no tenga nada que aportar al espectáculo legislativo, Américo Martín debe sentir el peso de su astuto y preclaro predecesor: Nacho la Criatura. No debe ser fácil pasar de fracaso en fracaso sólo para demostrar frente a las cámaras que el lenguaje lechuguino y petimetre de Ramos Allup le lleva una adeca delantera.

Así como del ridículo y la traición, de la Cuarta no se regresa. Que alguien se lo diga al vendido de Martín, desde esta redacción lo sabremos agradecer. Tienes la palabra, Norteamérico.

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